Viento frío desde Moscú

Zwi Lidar

Por unos meses, tomaban caminos distintos. Pero recientemente, el Primer Ministro de Israel Netanyahu se reunió en Moscú con Putin, el presidente de Rusia. Parece haber sido una entrevista hipotérmica con un solo resultado: Convocación de un equipo que investiga la expulsión de poderes extranjeros de Siria.

Ya hacía medio año que Rusia había ignorado a Israel a causa de un avión ruso de reconocimiento derribado sobre zona de soberanía siria. Pero a fines de febrero 2019, el Presidente Valdimir Putin recibió al primer ministro israelí en Moscú para una entrevista. Desde septiembre de 2015, estos dos hombres se reunieron un total de once veces. Cinco veces lo hicieron en suelo ruso, es decir que Netanyahu viajó hacia allí. Tanto la frecuencia como también la atmósfera amigable de estas visitas fueron valoradas como prueba de una relación especial entre estos dos hombres. Dicha relación, así se decía, le permitía a Israel ser activo con relativa libertad contra la presencia militar iraní en suelo sirio. En este contexto, se debe enfatizar, que después de casi todas las reuniones en Rusia, los medios internacionales informaban de golpes militares israelíes contra objetivos en Siria que tienen que ver con el Irán y los Hezbolá.

Después de la reunión en febrero 2019, que parecía más bien glacial, todo fue diferente. Como era esperado, Netanyahu anunció que el ejército israelí no dudaría ni un momento en proceder contra fuerzas iraníes en Siria, ya que para Israel, es de suma importancia poner fin a la presencia iraní en este país vecino. Putin, por su parte, no mencionó ni a Irán ni a Siria, y se contentó con una generalidad: “Es importante hablar sobre la situación al igual de los aspectos de política de seguridad en la región.” Después de este encuentro, tampoco había informes de los medios de comunicación internacionales tan comunes, según los cuales se había dado una acción militar israelí en región de soberanía siria.

Lo que estos dos hombres decidieron detrás de puertas cerradas del Kremlin, no se sabe. Algunos días después de la reunión, Netanyahu dijo en una sesión del gabinete de seguridad israelí, que él y Putin están de acuerdo entre sí con respecto a un objetivo en común: los poderes extranjeros que se han establecido en Siria después del comienzo de la guerra civil, deben retirarse. “Nos hemos puesto de acuerdo en crear un equipo en común que se dedique a este objetivo y a otros aspectos”, expuso el primer ministro de Israel. Poco tiempo después, el Kremlin anunció que a este equipo también se unirían representantes del régimen de Assad y “otros factores”. Pero desde entonces no ha sucedido nada. Después de todo, aún no está claro lo que realmente debería suceder. Irán y Rusia ya no se retiran voluntariamente de Siria. Ambos Estados consideran su presencia en este país como altamente relevante en el sentido estratégico, político y también económico. Teherán además persigue finalidades religiosas, ya que quiere que Siria se convierta en un brazo de características chiitas de Irán en el Oriente Medio. Si bien esto va lento, procede de manera segura e inflexible.

Ante este trasfondo, la mayoría de los expertos estratégicos de Israel llegan a la conclusión que la presencia iraní en Siria no puede ser resuelta tan solo con medidas militares, sino que también se debe activar en canales políticos. El interlocutor central para esto naturalmente es Rusia, pero también el régimen del dictador Bashar al-Assad. A ambos habría que convencerlos que una presencia continua de Irán en Siria al igual que un establecerse de las fuerzas iraníes y de sus cómplices sería malo para el régimen de Assad y no permitirían que Siria pueda estabilizarse, ni hablar de una restauración de este país. Para mostrar justamente esto, la comunidad de inteligencia israelí, recientemente, publicó informaciones que los Hezbolá están levantando infraestructuras de terrorismo en los Altos del Golán. Los Hezbolá realizan esto, por un lado, sin el conocimiento del régimen de Assad, y por el otro, contrario a una promesa dada al Kremlin, de alejar a las fuerzas iraníes al igual que sus cómplices de la frontera con Israel.

Con la publicación de tales informaciones, ¿logrará Israel su verdadero objetivo? De eso, uno no puede estar seguro. Por el momento, mencionar el tema Altos del Golán podría fácilmente mostrarse como búmeran y llevar a que tanto Moscú como también Damasco presenten una contra-propuesta: devolución del Golán como contrapartida a una retirada iraní. Ese tipo de consideraciones ya fueron planteadas en el pasado, pero siempre quedaron en el veremos. Hasta ahora no está claro si eso también será el caso esta vez. Recientemente, Netanyahu viajó al Golán junto al senador republicano estadounidense Lindsey Graham, quien dijo: “El Golán siempre quedará en mano israelí”. Además, prometió esforzarse en los EE.UU. para que finalmente sea reconocida la soberanía israelí sobre los Altos del Golán. Podría ser que estas manifestaciones en el momento actual estén pensadas para los oídos de Moscú y que en realidad signifiquen: en cuanto al Golán no hay nada que negociar.

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