Una generación se reduce

Antje Naujoks

En Israel, a causa de la pandemia, la generación de los sobrevivientes de la shoá desaparece de la vida de manera desproporcionada. Los sobrevivientes ya solo representan el 1.2 por ciento de la población, pero por lo menos el diez por ciento de los casos de fallecimientos.

La generación de adultos mayores en el mundo entero está especialmente en peligro a causa de su edad juntamente con enfermedades crónicas en el caso de una infección del COVID-19. Una y otra vez se escucha hablar de las instituciones para mayores de edad. Allí a menudo son personas más jóvenes, que con corazón y amor se ocupan de la gente mayor que depende de la ayuda de otros. Sin embargo en tiempos de distanciamiento social, sacar de mañana a las personas de la cama, tener que ayudarles a lavar y vestirse porque ya no pueden hacerlo solos, entretanto en muchos lugares ha llevado a historias tristes. En todos los países, las instituciones para adultos mayores se han convertido en centros de brotes masivos de COVID-19. Un estudio del London School of Economics de mediados de abril 2020 demuestra, que en el 42 al 57 por ciento de los casos de fallecimientos en Italia, España, Francia, Irlanda y Bélgica se trataba de residentes de instituciones de adultos mayores. Números similares provienen de los EE. UU. 

Aun cuando ya ha quedado claro que también las personas más jóvenes pueden perder la lucha contra el virus, y eso sin enfermedades de trasfondo, siguen siendo los adultos mayores quienes están más amenazados, sobre todo los mayores de 80 años, cuya proporción también en Israel va en constante aumento, porque las expectativas de vida siguen incrementándose. También en Israel las instituciones para adultos mayores se ven afectadas de manera desproporcional. No obstante, también se debe notar que Israel es un país con una población relativamente joven. Italia y Alemania llegan a más del 23 por ciento de adultos mayores. En Israel se llega a un porcentaje del 11.3 de personas de 65 años y más. Las diferencias existen además para la población judía y la árabe, ya que la proporción de adultos mayores en la sociedad judía se encuentra en alrededor del 13 por ciento, y en la sociedad árabe del país en un ocho por ciento. Si se mira la edad promedio de la población, puede que la diferencia quede aún más clara: en Italia y en Alemania, la edad promedio es de 46 años, en Israel de 30.5 años. 

Puede que a muchos todavía les suenan las palabras de la canciller federal Ángela Merkel en su reciente declaración de gobierno: “No olvidemos nunca a esta gente y el aislamiento temporal en que deben vivir. Estas personas de 80, 90 años de edad fueron los que levantaron nuestro país. La prosperidad en que vivimos ahora la fundaron ellos”. El virus afecta especialmente a la generación que vivió la Segunda Guerra Mundial. En Israel es la generación de los sobrevivientes de la Shoá y aquellos que ayudaron a levantar el Estado judío. Y de hecho, la primera víctima fatal que se tuvo que registrar en Israel a causa del COVID-19, fue un residente de 88 años de un hogar de ancianos de Jerusalén. Él había sobrevivido la Shoá en Hungría, emigrando a Israel en 1949; solo, porque ya no tenía a nadie. Solo también murió, ya que a causa del peligro de infección ni un familiar pudo estar con él. También en su entierro solo pudieron participar algunos de sus 18 nietos. Él fue el primero que sucumbió al virus, de los cerca de 180 000 sobrevivientes de la Shoá aún vivos. Lastimosamente no fue el último. 

Cada año mueren en Israel alrededor 15 000 sobrevivientes del asesinato masivo que el régimen nacionalsocialista cometió contra el pueblo judío. Es una generación menguante de personas con traumas profundos causados por una persecución cruel en su juventud. Y las circunstancias en que mueren en la actualidad nuevamente son angustiosas. 

Entre ellos, hay sobrevivientes de África del Norte que superaron otros calvarios que aquellos que pudieron seguir vivos gracias a la ayuda de cristianos en un escondite en Ámsterdam, o que fueron liberados en Mauthausen como en otros campos, o aquellos que sabían hablar del “otro planeta” Auschwitz. Se trata de personas que, a causa del asesinato en masas que los nazis cometieron contra el pueblo judío, estuvieron gravemente marcados, pero que, a pesar de eso, no solo se forjaron una vida nueva, sino que también colaboraron en levantar el Estado judío. En el día conmemorativo del Shoá de este año, que Israel celebró en medio de confinamientos estrictos, muchos de los sobrevivientes del Holocausto en los hogares de ancianos se encontraban en peligro, eran atendidos en hospitales o estaban doblemente aislados y solitarios en sus propias cuatro paredes. Por esta razón, en todas las ciudades y aldeas, al igual que en los kibbuzim del país, miembros de la policía, el ejército y los servicios de rescate, al igual que personas privadas, se trasladaban hacia el frente de las casas de los sobrevivientes de la Shoá, cuando en Israel a las diez de la mañana en punto, con un tono de sirenas, el país entero se paralizó por dos minutos en memoria de las víctimas de la Shoá. Ellos saludaban y les dejaban claro a los ancianos: “ustedes son los héroes del pueblo judío”.

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