Una amistad que pertenece al pasado

ZL

Durante la visita del primer ministro Netanyahu a Holanda, se dijeron palabras y sucedieron cosas que son muy difíciles para los israelíes, y que indican que en el lugar de la antigua amistad entre ambos países ahora está la crítica. Solamente un aspecto permite una imagen con una apariencia más positiva – el acuerdo del gas.

Dos empresas israelíes (Ludan Engineering Co. Ltd y Ellomay Capital) invertirán en los Países Bajos 200 millones de euros en el sector del gas y la electricidad no contaminantes, producidos a partir del biogás, o sea, en definitiva, del estiércol. Puede que eso no tenga un buen olor, pero aun así es un aspecto positivo, si bien casi el único de las actuales relaciones entre Israel y Holanda. Esto saltó a la vista cuando el primer ministro Netanyahu visitó los Países Bajos hace algún tiempo atrás.

Ya antes de la visita reinaba un ambiente poco benévolo. Con antelación, algunos de los medios de comunicación holandeses retomaron la exigencia de Dries van Agt, quien entre 1977 y 1982 operó como primer ministro de los Países Bajos. Este pidió que se aprovechara la visita de Netanyahu para llevarlo ante el Tribunal Internacional en La Haya, por “crímenes de guerra”. Van Agt, quien ahora tiene 85 años, nunca fue visto como amigo de Israel. Al contrario, es considerado como un defensor del Hamás, y en 2012 se le atribuyeron declaraciones antisemitas, cuando dijo que habría sido mejor que los judíos hubieran tenido un estado en Alemania. El recibimiento de Netanyahu en los Países, en general, fue todo menos agradable. Muchos incidentes negativos ocurrieron casi durante la totalidad de la visita, como, por ejemplo, cuando un enviado del parlamento holandés, persona de descendencia turca, se negó a darle la mano, y en lugar de eso, señaló un parche en su chaqueta. Todos pudieron ver que se trataba de la bandera palestina. Y así continuó. En una conferencia de prensa, después de una reunión con Netanyahu, el primer ministro de Holanda, Mark Rutte, criticó la política de colonización de Israel. En el contexto de esta conferencia de prensa, exhortó a poner fin a la política de colonización y a fundar un estado palestino en las fronteras de 1967. También atacó a Israel por la destrucción de edificios en Cisjordania, y defendió la identificación de la UE en productos israelíes producidos en los asentamientos de Judea y Samaria, denominando esa identificación como importante “información para supermercados y clientes”. También dijo que las actividades del movimiento de boicot contra Israel (BDS) deben ser consideradas como legítimas, en el contexto del derecho de la libre expresión de opinión.

El único rayo de esperanza durante la visita de Netanyahu a Holanda, fue lo relacionado al tema del gas. Esto, sin embargo, no se trata del emprendimiento mencionado al principio de este artículo, sino de la confirmación holandesa de ayudar a Israel a asegurar el suministro de agua y energía en la Franja de Gaza, levantando un gasoducto en ese lugar.

El primer ministro Netanyahu trató de aprovechar la visita para proveer información. Él se esforzó en trasmitir a la comisión holandesa de política exterior, al primer ministro anfitrión, como también a los medios de comunicación de los Países Bajos, que lo que molesta a los palestinos no son los asentamientos, sino la “existencia misma del Estado de Israel”. Además señaló algunos conceptos de valores que Israel y los Países Bajos comparten, y explicó que “el Estado de Israel, en la actualidad, es el país más estable del Cercano Oriente, y que aporta considerablemente a la estabilidad de la región”, y que en el curso de su lucha contra el terrorismo también ayuda a proteger a Europa.

Casualmente, pero algo cargado de simbolismo, antes de la visita de Netanyahu a los Países Bajos se conocieron las declaraciones de un líder de la comunidad judía del país. Michel Waterman, anunciando su retiro del puesto de director del Instituto Crescas para la cultura judía, en una entrevista con el diario Het Parool, dijo que él no creía que los judíos en Holanda pudieran lograr mantener una vida comunitaria judía. Como razones habría que mencionar las pérdidas de la comunidad como consecuencia del Holocausto, al igual que la emigración de miles de familias judías al exterior. “En un tiempo, nuestra comunidad tenía escuelas, hospitales, hogares para la tercera edad y muchos tenían comercios. Actualmente, la comunidad judía es demasiado pequeña para sostener una infraestructura de ese tipo.”

Estas declaraciones produjeron descontento aun dentro de la comunidad judía en Holanda. Ronnie Naftaniel, director del Centro de ­Información y Documentación Israel (CIDI), objetó que un pesimismo de ese tipo era totalmente exagerado. Él señaló que en las pasadas dos décadas el número de miembros de la comunidad había aumentado de 40,000 a 50,000, primordialmente a causa del establecimiento de israelíes en Ámsterdam y sus alrededores. A Waterman esto no le convence de modo alguno. “¿Cómo podemos preservar nuestra cultura? ¿De dónde sacaremos maestros para la educación de nuestras generaciones venideras?”, pregunta retóricamente. Y ante el trasfondo de estas discusiones internas y sumamente dolorosas, resonaron a través de Holanda las palabras que Binyumin Jacobs, rabino supremo de los Países Bajos, expresara hace dos años atrás, y sobre las cuales también hemos informado. Él dijo que lo único que lo motiva a no abandonar los Países Bajos es su sentimiento de responsabilidad frente a la comunidad judía. Si no fuera por eso, ya lo habría hecho hace mucho, a causa de la creciente atmósfera antisemita y anti-israelí.

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