¿Un Estado? ¿Dos Estados? ¿Acuerdo regional? ¿Violencia y terrorismo?

Zwi Lidar

Mientras Europa insiste en una “solución de dos Estados”, y Trump se muestra indiferente prefiriendo un acuerdo regional, cualquier otra opción es posible para la derecha israelí en su intención de impedir la fundación de un Estado palestino. De no concretarse esta, Israel podría esperar también violentas represalias palestinas.

La derecha israelí ya comparó al presidente estadounidense Donald Trump con el rey persa Ciro II, quien en el año 538 a.C. permitió el regreso del exilio babilónico y la reconstrucción del templo. Partidistas de la derecha israelí daban gritos de júbilo porque estaban seguros de que el nuevo presidente estadounidense de inmediato cumpliría sus promesas electorales, y que con eso, daría el permiso para la ampliación de los asentamientos, al igual que para el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén. Seguros de esta perspectiva, los diputados y ministros del Knéset del gobierno de derecha conservadora iniciaron una verdadera competencia para ganar votos, presentándose a sí mismos como “lo más nacionales posible”. Entre las exigencias planteadas en este contexto se encontraba el llamado a retirar el consentimiento de Israel para la fundación de un Estado palestino en el contexto de la “solución de dos Estados”. Ciudades tales como Ma’ale Adumim deberían ser anexionadas israelí; los asentamientos deberían ser ampliados y nuevos deberían ser fundados, y además se debería poder construir sin restricciones en Jerusalén Este. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se dejó involucrar en esta pugna, y estableció que los palestinos recibirían un “Estado Minus” sin exponer lo que eso significaría. Además, anuló todas las restricciones gubernamentales para proyectos de construcción en Jerusalén Este y otorgó la edificación de 6000 unidades residenciales en Judea y Samaria. En el punto álgido de esta competición en dirección de derecha radical, el Knéset debía decidir rápidamente sobre una ley que permitiera confiscar propiedades palestinas privadas. Netanyahu apoyó la aprobación de esta ley que luego fue ratificada por el Knéset, sin contar con la aprobación del asesor jurídico del gobierno y otros expertos, quienes advertían que la nueva ley iba en contra de la jurisprudencia internacional y podría llevar a Israel al Tribunal Internacional en La Haya.

Las iniciativas de ley de los conservadores de derecha, especialmente la ley mencionada que posibilita la incautación de tierras privadas, han dado lugar a fuertes reacciones en el mundo. Sobre todo Europa reacciona duramente a esto, y probablemente iniciará estrategias ofensivas contra Israel. Alemania expresó su “desilusión” y el ministro de exteriores, Sigmar Gabriel, dijo que “los asentamientos podrían llevar a una guerra en el Cercano Oriente”. La canciller Angela Merkel incluso canceló las ya planificadas consultas gubernamentales germano-israelíes. Francia y Gran Bretaña, al igual que otros Estados europeos, dieron expresión a su indignación. La Unión Europea fue directa en su condena hacia Israel: la alta representante para asuntos exteriores de la UE, Federica Mogherini, señaló que esta ley israelí estaba “traspasando un límite peligroso”, y la denominó como ilícita en cuanto al Derecho Internacional vigente. Además de eso, se cancelaron reuniones de la UE con Israel, que hubieran tenido lugar en primavera.

Entretanto se ha comprobado que “el moderno Ciro” realmente no satisface a las expectativas. En el primer encuentro de Netanyahu con Trump, el nuevo presidente estadounidense le dijo que una pausa en las construcciones de los asentamientos podría ser provechosa y que él estaría planificando un “gran trato regional” que comprometería a Israel a una solución intermedia. Con respecto a la “solución de dos Estados” demostró una sorprendente indiferencia: “Un Estado o dos, eso es mejor que lo decidan ustedes, ustedes y los palestinos”, dijo despreocupadamente, y pasó la pelota a Israel con respecto a un decisión significativa: ¿el Estado judío realmente quiere convertirse en un Estado binacional con una mayoría árabe entre el Jordán y el Mar Mediterráneo? Hasta ahora se trata de una pregunta totalmente hipotética.

El “gran trato” anunciado por Trump está pensado para ser un acuerdo regional que involucrará a Arabia Saudita, Egipto, Jordania, los Estados del Golfo, y naturalmente también a los palestinos. Estos y otros Estados árabes ya han dejado claro en el pasado que una paz de ese tipo solamente puede ser esperada con previo hallazgo de una solución para el “asunto palestino”, lo que en otras palabras, significa la fundación de un Estado palestino. Por eso no fue una sorpresa que un día después de la esta proclama de Trump, la embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas afirmara que la Casa Blanca apoya la “solución de dos Estados”.

A esta situación completamente caótica, los palestinos le añaden más problemas. Gracias a este viento a favor de los Estados islámicos y Europa (y con eso de la mayoría de los estados miembros de la ONU), el liderazgo palestino no está dispuesto a renunciar a sus aspiraciones con respecto a un Estado soberano. Quieren trabajar en ese sentido con las Naciones Unidas y en especial con el Consejo de Seguridad de la ONU; también consideran la opción de realizar una solicitud ante el Tribunal Internacional en La Haya. Desde luego que EE.UU. está consciente de la razón por la cual el director de la CIA, Mike Pompeo, viajó a Ramala antes de la reunión de Netanyahu y Trump, pidiendo al presidente de la Autonomía Palestina (AP), Mahmoud Abás, de abstenerse de una solicitud ante La Haya. Para complicar aún más la situación, los expertos dejaron entrever la posibilidad de que en el caso de que su sueño de un Estado soberano quede en la nada, los palestinos podrían nuevamente utilizar la violencia, tal como fue el caso en la Segunda Intifada que estalló unos pocos meses después del fracaso de las negociaciones de Camp David en el año 2000. Las Fuerzas Armadas Israelíes (IDF) ya están preparadas para eso.

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