Un diminuto sello...

Zwi Lidar

En la semana en que el mundo musulmán proclamó que Jerusalén es su ciudad, que siempre lo fue y que lo seguirá siendo, Israel presentó al mundo un minúsculo sello que documenta el carácter judío de Jerusalén hace 2,700 años.

El mundo musulmán rabiaba ante la declaración estadounidense de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel. De Bangladesh hasta Washington D.C. los musulmanes salían a las calles manifestándose contra la declaración de Trump, que puso en la agenda pública una disputa histórica, religiosa y política de gran actualidad y poder, que representa la verdadera pieza central del conflicto israelí-palestino y que puede ser resumida en las siguientes palabras: ¿a quién le pertenece en realidad Jerusalén? La situación fue atizada apenas una semana después a través de otra declaración proclamada por un oficial de alto rango de la Casa Blanca: “Para nosotros, es una situación inimaginable que el Muro de los Lamentos no pertenezca a un Estado israelí soberano”.

Es claro que esto fue un ataque a la confesión palestina que afirmaba que “Jerusalén es la capital del pueblo palestino”, palabras que el presidente de la Autoridad Palestina (AP) Mahmud Abás opuso a Trump, y a la cual agregó para reafirmar: “Eso siempre fue así y seguirá siendo así”. En este tenor también reaccionaron otros, como el primer ministro de Malasia, Najib Razak, quien sostuvo en una manifestación masiva en Kuala Lumpur: “Jerusalén es nuestra. En el mundo hay 1.6 mil millones de musulmanes, pero solo 13 millones de judíos. Sencillamente no es lógico que 1.6 mil millones pierdan frente a los judíos”.

No obstante, aunque todas esas manifestaciones fueran realizadas por miles de millones de personas, no podrían poner en discusión el pasado que se presenta con pruebas físicas. Y justamente una prueba física de ese tipo apareció en medio de las emociones agudizadas y de las manifestaciones en masa: se descubrió en Jerusalén un diminuto sello que documenta claramente la conexión judía con Jerusalén, con una antigüedad de por lo menos 2,700 años, es decir, cerca de 1,550 años antes del supuesto año de nacimiento del Profeta Mahoma.

El hallazgo que mide apenas 13 por 15 milímetros y que corresponde al tamaño de la uña de un pulgar, fue realizado en las inmediaciones del Muro de los Lamentos. En la parte superior se pueden detectar dos figuras humanas debajo de las cuales se encuentran en hebreo antiguo las palabras “Le-Sar Ha’ír”, que significan “perteneciente al gobernador de la ciudad”. En los años pasados, los arqueólogos encontraron docenas de sellos con trazos hebreos, en la misma zona de este hallazgo. Algunos de esos sellos encontrados previamente llevan los nombres de personas mencionadas en el Antiguo Testamento. Aún así, este hallazgo reciente es único, ya que es el primero descubierto en una excavación oficial y que claramente puede ser datado en el tiempo del Primer Templo. De esta forma, este sello prueba que hace 2,700 años Jerusalén se encontraba bajo gobierno judío. En el Antiguo Testamento, la posición de gobernador de la ciudad de Jerusalén es mencionada dos veces: en referencia a Josué (2 Reyes 23:8) y a Maasías (2 Crónicas 24:8), ambos bajo el reinado de Josías.

El alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, a quien le fue entregado este hallazgo para que pueda ser expuesto en el vestíbulo de la administración municipal, aprovechó la oportunidad para conectar el pasado con la situación política actual: “Es sumamente conmovedor recibir un saludo de la época del Primer Templo. Jerusalén es una de las capitales más antiguas del mundo. Los judíos, desde hace 3,000 años, viven sin interrupción en esta ciudad. Estamos agradecidos por poder vivir en una ciudad que tiene un pasado tan magnífico, y prometemos conservar su valor también para las generaciones venideras”.

Ni Israel ni el pueblo judío necesitan este tipo de sellos como prueba de su conexión histórica y religiosa con la ciudad de Jerusalén. De hecho, apenas pasa alguna semana sin que se encuentre una pieza que pruebe la conexión de miles de años de judaísmo con Jerusalén. Pero en el contexto de los recientes sucesos y la agitación del mundo musulmán, un descubrimiento de este tipo naturalmente tiene un valor extraordinario. Parece más que ironía que un hallazgo tan minúsculo le quite toda validez a las exigencias proferidas a voz en cuello por 1.6 mil millones de musulmanes, en cuyas sagradas escrituras (el Corán) Jerusalén no es mencionada ni siquiera una sola vez.

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