Tisha b’Av: ¿un día de locas casualidades?

One for Israel

Tisha b’Av es un día de luto, en el que fueron destruidos por casualidad ambos templos judíos, y donde el pueblo judío sufrió otras catástrofes. ¿Qué significado tiene este día desde la perspectiva mesiánica?

De One for Israel:

Tisha b’Av es el noveno día del mes de Av. Ese mismo día, pero del año 586 a. C., el templo de Salomón fue destruido. De manera sorprendente, también fue el día de la destrucción del segundo templo en el 70 a. C. Por lo tanto, ¡coinciden en fecha y lugar! Algunos lo llaman el 11 de septiembre judío. Podemos imaginar la escalofriante sensación que nos abraza cuando algo ocurre dos veces, en el mismo lugar y en la misma fecha.

Empero, no solo fueron destruidos los templos en Tisha b’Av, sino que acontecieron otros desastres que han afectado al pueblo judío hasta el día de hoy.

El Talmud dice que los templos fueron destruidos como resultado del “odio infundado” o la falta de amor fraternal. Muchos de los desastres ocurridos ese mismo día, no vinculados al Templo, se debieron a la falta de amor. He aquí solo algunos ejemplos:

• Según la tradición, la rebelión de Bar Kojba fue sofocada el 9 de Av del año 132, donde 100,000 judíos perdieron la vida en manos del ejército romano.

• Al año siguiente, el 9 de Av, los romanos araron la zona del Templo y salaron la tierra para infertilizarla.

• La Primera cruzada inició de manera oficial el 9 de Av del año 4856 del calendario judío (15 de agosto de 1096, según el calendario gregoriano). Solo el primer mes, esta campaña militar provocó la muerte de 10,000 judíos y la destrucción de comunidades judías en Francia y Renania.

• El 9 de Av de 5050 (25 de julio de 1290), los judíos fueron expulsados de Inglaterra.

• El 8 y 9 de Av de 5252 (31 de julio de 1492), los judíos fueron expulsados de España.

• En la víspera de Tisha b’Av del año 5702 (23 de julio de 1942) comenzó la deportación masiva de los judíos encerrados en el gueto de Varsovia hacia el campo de exterminio de Treblinka.

En Israel, el 9 de Av, los restaurantes y lugares de ocio se mantienen cerrados por ley y se considera impropio reír, bromear o incluso saludarse con cariño. Al igual que en Yom Kipur, el Gran Día de la Expiación, se acostumbra a abstenerse de comidas y bebidas, no lavarse, no usar cosméticos y sentarse en un taburete bajo en una habitación oscura. Incluso la lectura de la Biblia (considerada una ocupación placentera) está prohibida, con la excepción de los libros de Lamentaciones y Job. Este primer libro toma un gran significado en esta fecha, puesto que fue escrito para conmemorar la primera destrucción de Jerusalén. Por supuesto, no todo el mundo en Israel sigue estas tradiciones, aunque la mayoría las respeta.

Este día de luto, mencionado en el libro de Zacarías, se remonta a miles de años. En la época de este profeta se sufría la ausencia del primer templo, por lo que se convirtió en tradición llorar por él en Tisha b’Av. Un hombre de Betel preguntó al profeta: “¿Lloraremos en el mes quinto [Av]? ¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años?” (Zac. 7:3.) 

Zacarías respondió según Dios le había hablado: “Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos? […] Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano” (Zac. 7:5-6, 9-10).

Una vez más, vemos lo importante que es el amor fraternal.

Los que conocemos a Yeshua (Jesús), creemos que somos Su templo, Sus piedras vivas y que el Espíritu de Dios habita en nosotros. Cuando Yeshua murió, la cortina del Templo se rasgó. Desde entonces, cualquiera que crea en Él tiene entrada al Lugar Santísimo–solo a través del Mesías somos capaces de entender el significado del amor: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor. No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu” (1 Jn. 4:7-13).

¡Qué importante es el amor! Oremos para que haya entre nosotros más amor divino, poderoso y sobrenatural, pues, como dijo Yeshua: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:34-35).

Tisha b’Av en la tradición judía
El 9 de Av se decretó sobre nuestros antepasados que todos morirían en el desierto y no entrarían en Eretz Israel [la Tierra Prometida]; y el templo fue destruido la primera vez, en los días de Nabucodonosor, y la segunda vez, por los romanos; y Beitar fue capturado; y la ciudad de Jerusalén fue arada, como señal de que nunca sería reconstruida. (Talmud, Taanit 26b).

Este texto fue escrito en el siglo ii de nuestra era, no mucho después de la gran catástrofe. En este puede verse ya una conexión entre los dos templos destruidos, la fallida rebelión contra los romanos y la negativa de los antiguos israelitas a entrar en la tierra de Canaán, poblada por “gigantes”. Otra fuente judía habla de la actitud de rechazo del pueblo en el umbral de la Tierra Prometida:

Y toda la congregación alzó la voz y gritó. Y el pueblo lloró aquella noche. Rabbah dijo en nombre de R. Johanan: “Esa noche era el 9 de Av. Y el Santo, bendito sea, les dijo: ‘Habéis llorado sin motivo, por lo que designaré [este día] un día de llanto para las generaciones venideras’” (Eichah Rabbah Petichta 33).

El Talmud crea a veces conexiones temáticas de los sucesos sin dar importancia al orden cronológico, pero es interesante que la negativa a entrar en la Tierra Prometida se considere el comienzo de todo este ciclo de duelo.

Esta es la manera en que debemos observar el día 9 de Av, según el Talmud:

No solo se ayuna el 9 de Av, sino que desde que comienza el mes de Av, se disminuyen los actos de regocijo. Durante la semana en que ocurre el Noveno de Av, está prohibido cortarse el cabello y lavar la ropa, pero si el Noveno de Av ocurre un viernes, el jueves se permiten estas acciones en deferencia al Shabat. En la víspera del Noveno de Av, una persona no puede comer dos platos cocinados en una comida. Además, no se puede comer carne ni beber vino. Rabban Shimon ben Gamliel dice: Uno debe ajustar y disminuir la cantidad que come.

¿Qué significa esto para los cristianos?
La Biblia nos dice que la destrucción de los dos templos de Jerusalén tuvo que ver con un castigo divino. El primer templo fue destruido por los babilonios a causa de la idolatría del pueblo judío, el cual no había mostrado misericordia con los pobres ni guardado el año sabático. Como consecuencia, ocurrió lo profetizado por Jeremías: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque” (Jer. 26:18).

El segundo templo fue destruido por los romanos, a causa de que Israel había rechazado al Mesías. En Lucas 19:43-44, Jesús dijo: “Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”.

Como cristianos no requerimos de ningún templo, sino que disfrutamos de una relación directa y personal con Dios, por lo que es posible que nos cueste entender la conmoción que sufrió el pueblo judío ante esta destrucción. La Iglesia cristiana ha mostrado una actitud insensible hacia la destrucción de Jerusalén, incluso echando por momentos sal en esa herida, al igual que los romanos salaron la tierra (véase la lista anterior). Después del siglo i, la relación entre cristianos y judíos se deterioró visiblemente, volviéndose hostiles unos con otros. Se dice que la destrucción de los templos se debió a la falta de amor fraternal y al odio infundado. Ninguno de nosotros ama a la perfección a su prójimo, sin embargo, la falta de amor puede llevarnos a sufrir graves consecuencias. Romanos 12:14-16 dice: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión”.

El “hijo primogénito”, Israel, sufrió un severo castigo por parte de nuestro Padre celestial. Su hermano menor, la Iglesia, durante siglos (sobre todo en la Edad Media) agregó dolor y sufrimiento a esta condición; es así que se burlaba de los judíos por las palizas recibidas. Como sabemos, Yeshua lloró ante la tumba de Lázaro, compartiendo el dolor que sentían las personas a su alrededor–Él sabía muy bien que resucitaría a Lázaro y que, de cualquier manera, su amigo tenía un lugar en la gloria eterna. Sin embargo, Jesús lloró. Este es uno de los versículos más sorprendentes de la Biblia. A veces, lo más amoroso que podemos hacer por una persona que sufre es simplemente estar con ella en su dolor y consolarla con amor fraternal.

Anhelando la redención
El alma judía siente un profundo anhelo de redención y restauración, la necesidad de que Dios venga y haga que todo esté bien. Tiene una voluntad firme para afrontar el dolor a la espera de las promesas de Dios para el futuro. ¿Es esta también nuestra realidad? Sabemos que toda la creación gime y espera, pero ¿estamos realmente llenos de anhelo por lo que vendrá?

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (Ro. 8:18-25).

Sí, estamos sufriendo; sí, suspiramos día tras día; sin embargo, tenemos la esperanza de que llegará el futuro que todos esperamos: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21:1-5).

Publicado con amable autorización. Resumen de los dos artículos: Tisha B’Av, the Jewish Day of Mourning y Tisha B’Av: A Day of Crazy Coincidences?

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