Solución de dos Estados y desalojo de asentamientos israelíes

Antje Naujoks

Netanyahu es considerado un “incitador” de asuntos como los asentamientos israelíes. ¿Qué ha sucedido en los últimos años y cómo repercute eso en la Solución de dos Estados, un tema que sigue estando en boca de todos?

El desalojo de asentamientos, como el de la Franja de Gaza en 2005, es un trauma nacional en Israel. La sociedad israelí estuvo y está dividida, de manera insondable, a favor y en contra de estos actos. En vista de las situaciones que fueron desarrollándose en la región fronteriza con la Franja de Gaza, el presidente de Estado, Shimon Peres, quien falleciera en 2016, llegó a declarar que había estado a favor de desalojar los asentamientos, pero que ahora dudaba si habría sido la decisión correcta. Como razones, mencionó la toma de poder de Hamás y el dominio con mano de hierro que estos ejercieron sobre la población palestina, al igual que el esfuerzo de esta organización en “impulsar” la destrucción de la “estructura sionista por medio de la resistencia armada”. No obstante, señaló sobre todo la insoportable situación de los civiles israelíes expuestos a los bombardeos. Lo que este hombre diría sobre la situación actual en las regiones bíblicas de Judea y Samaria, es cuestionable.

El sistema de colonización israelí es considerado como afición de la derecha conservadora y de partidos y organizaciones sociales israelíes de extrema derecha. Sin embargo, fue el mismo Peres, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, quien en su posición como ministro de defensa, entre 1974 y 1977, fomentó la construcción de muchos asentamientos en Cisjordania. En Israel no solo juegan un rol el partidismo político, sino también aspectos como la seguridad, la herencia histórico religiosa y la percepción de sí mismos. Quien dirige los destinos del país desde hace casi una década es el primer ministro Benjamín Netanyahu, de la derecha conservadora, quien es considerado ideólogo y partidario del movimiento de colonización. ¿Cómo se han desarrollado desde entonces las políticas con respecto a los asentamientos israelíes? El partido de Gobierno, la derecha conservadora, enfatiza siempre en su discurso que los asentamientos, establecidos hace años, crean las circunstancias necesarias para frenar la fundación de un Estado palestino capaz de sobrevivir, haciendo que la “solución de dos Estados” no sea practicable. La comunidad internacional repite, una y otra vez, que estos asentamientos son el verdadero obstáculo en el camino hacia la paz entre israelíes y palestinos.

El Gobierno de Netanyahu invirtió más fondos en los planes de colonización que los antiguos Gobiernos de Israel, como por ejemplo en la ampliación de la infraestructura vial. Esto es de ayuda para los llamados puestos de colonización, establecidos en zonas aisladas, los que resultan ahora más fáciles de alcanzar. Son justo estos puestos de avanzada los considerados radicales, por lo tanto, estos proyectos han sido un factor de grandes disturbios. Como puede leerse en un análisis hecho por el diario israelí Haaretz, un periódico no gubernamental, estos puestos de colonización, bajo el Gobierno de Netanyahu, han tenido un crecimiento de apenas 400 familias. Al observar las demás regiones, como en el caso del triángulo de ciudades en el norte de Cisjordania –la región bíblica de Samaria–, formado por Yenín, Nablus y Tulkarem, se aprecia cómo esta región, bajo el mismo mandato, ha agregado tan solo unas 140 familias. En esta zona y en los territorios palestinos autónomos con la ciudad de Ramala, donde hay tres asentamientos, se agregaron unas 350 familias de colonos. Dada esta situación, el diario Haaretz recordaba algunos actos terroristas de mucha crueldad realizados allí, que llevaron a Netanyahu y a algunos ministros de la fracción de extrema derecha a decir que el terrorismo de los colonos sería contraatacado con medidas antiterroristas. Sin embargo, el poco aumento de las familias no refleja en modo alguno la puesta en práctica de esa “amenaza”. Una situación similar ocurre en Judea, en la zona sur de Cisjordania, donde se registra un incremento de tan solo 80 familias.

De todas formas, está claro que Netanyahu fomenta los asentamientos y la migración. No obstante, el análisis de Haaretz indica que se trata sobre todo de las áreas residenciales en la zona oriental de Jerusalén y los asentamientos que se encuentran a lo largo de la llamada Línea Verde (en el área metropolitana de Jerusalén y al norte y este de Tel Aviv), entre los que se localizan, por ejemplo, algunos ultraortodoxos como Beitar Illit y Modi’in Illit. Hace unos diez años, vivían 73,000 israelíes entre estos dos asentamientos, ahora su población es de 130,000.

Haaretz hace notar también que para la fundación de un territorio palestino de relativa continuidad, tal como lo estipulan los Acuerdos de Oslo, se deberían desalojar, en definitiva, tan solo 33 asentamientos relativamente aislados. Según datos de la Oficina Central de Estadísticas de Israel, eso significaría evacuar de sus hogares a unos 46,000 israelíes, es decir unas 9,800 familias. La declaración de la comunidad internacional con respecto al obstáculo para la paz que representan los asentamientos es, por lo tanto, incierta. Si se tiene en cuenta que en 2005 se desalojó en la Franja de Gaza unos 21 asentamientos con 8,500 personas, está claro que se trataría de una medida muy compleja, no obstante, Haaretz objeta que esta magnitud de 46,000 personas –que en el mejor de los casos representa un diez por ciento de todos los colonos– ni siquiera se asemeja a la población de cualquier barrio al norte de Jerusalén. “Pequeñeces”, dirían algunos. Pero al mismo tiempo este periódico enfrenta a Netanyahu a causa de las promesas de ampliar aún más los asentamientos y por su declaración acerca de lo difícil que sería poner en práctica la “solución de dos Estados”. Haaretz asevera: “Los mapas y los números no dejan lugar a dudas: si se trata de la ampliación de los asentamientos, Netanyahu es como un refrigerador antiguo, congela casi todo y hace mucho ruido”.

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