¿Se encontrarán los palestinos entre sí?

Antje Naujoks

El Oriente Medio está en movimiento. Por la normalización de las relaciones que realizaron los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin con Israel, flota un toque de paz en el aire, y esto no les gusta nada a los palestinos. ¿Será que la lucha contra eso los unificará?

Las consecuencias de los avances rápidos del acercamiento realizado por algunas monarquías y jeques del Golfo Pérsico con Israel que están llevando a cabo desde agosto 2020, pueden ser resumidas muy sencillamente: los palestinos echan espumarajos de ira. Que estados como Arabia Saudita sigan insistiendo en que anterior a un reconocimiento de Israel debe solucionarse el conflicto israelí-palestino, no mejora el humor nacional de los palestinos. Arabia Saudita estableció esta exigencia por primera vez en su Iniciativa de Paz Árabe planteada en 2002. Otros miembros de la Liga Árabe se unieron. Como los Emiratos fueron los primeros en salir de esta línea, los palestinos se sienten exhibidos, traicionados e incluso vendidos. 

Tampoco ayudó que los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, todavía después de la firma del acuerdo con Israel, enfatizan que seguirán apoyando a los palestinos y el «asunto palestino» –la fundación de una estado soberano Palestino. Como la cooperación con Israel floreció rápidamente, desde investigación y ciencias pasando por medicina, comercio, mercado de inversiones y bienes inmuebles, e incluso cultura y arte, queda claro que cada pequeño paso de ese tipo hace que los palestinos queden aún más atrás. Para los palestinos es un hecho que las palabras grandiosas de sus hermanos árabes no son sino «servicio de labios». 

La consecuencia de esto fue un despotricar sin fin de los palestinos contra cualquiera tratado de paz, no importando la orientación política, y esto a primera vista parecía demostrar unidad entre ellos. La Autoridad Palestina (AP) manifestó que se trata de una «traición contra Jerusalén, la Mezquita al-Aksa y el asunto palestino». Y seguía diciendo que los amigos árabes de Israel, con eso, estarían «legitimando los crímenes repugnantes de la ocupación israelí contra nuestro pueblo palestino». También hubo otras corrientes políticas palestinas que ventilaron su disgusto con declaraciones similares. Ese también es el caso de Hamas, que sin embargo, muy fieles a su propia tradición, hicieron «hablar a las armas» en el día de la firma del acuerdo en Washington. Desde la Franja de Gaza lanzaron misiles hacia Israel, hiriendo a dos personas en la región de Ascalón, y haciendo que muchos sufrieran un shock, pero por lo demás, solo hubo daños materiales. 

La AP, como también Hamas, una y otra vez hacen recordar que son ellos mismos los que convierten en obsoleta una muy promocionada solución de dos estados. El hecho es que ya hace mucho tiempo que existen más de dos entidades. Después de todo, no están solamente Israel y Cisjordania, sino también la Franja de Gaza, donde Hamas procedió contra Fatah con la coerción de las armas en el verano de 2007, haciéndose así del poder. Desde entonces Hamas ha trabajado con mucho rigor en crear una realidad diferente a la de Cisjordania en el territorio bajo su control. La AP no lo hizo así en su territorio. 

De igual manera, se vio un escenario de unión y desunión entre todas las partes que entraron en diálogos agitados con respecto a los desarrollos. Bajo un secretismo absoluto, el jefe de la rama política de Hamas Ismail Hanijeh se reunió en el Líbano con jeque Hassan Nasrallah, líder de los Hezbolá apoyados por Irán. Este fue el primer encuentro de este tipo desde hacía 30 años. En el curso de su visita al Líbano, Hanijeh también se reunió con el movimiento de oposición de Bahréin, que está en contra de los nuevos desarrollos. Juntos se pusieron de acuerdo en sostener el «eje de la resistencia contra Israel». También el secretario general de Fatah se daba prisa en la capital libanesa. El mantuvo entrevistas con el jefe del Yihad Islámico Ziyad al-Nakhalah. Eso tuvo un carácter simbólico enorme, porque el Yihad Islámico se separó de Fatah en 1994. La importancia de esta reunión fue incrementada porque el Yihad Islámico y Hamas no simpatizan entre ellos. Ahí tampoco ayudó mucho un contacto tímido entre el Presidente de la AP, Mahmoud Abbas, como partidario de Fatah y Hanijeh de Hamas. 

Mientras que los palestinos una y otra vez le reprochan crímenes de guerra a Israel y lo acusan de estar asesinando a su pueblo, ellos hace muchos años demuestran que para derramar sangre no necesariamente se necesita un enemigo de afuera. En los últimos años, más palestinos perdieron la vida por asesinatos de sus propios compatriotas, de lo que se le puede imputar a Israel. Hamas no solo asesina en la Franja de Gaza, y la AP en las regiones autónomas de Cisjordania, sino que les gusta también atacarse unos a otros de manera «transfronteriza». El presidente de la AP, Mahmoud Abbas, prácticamente no se anima a entrar a la Franja de Gaza. Sus compañeros de Fatah que residen allí, también viven en constante peligro, al igual que los partidarios de Hamas en Cisjordania. Ellos nunca pueden estar seguros de su vida, porque están peleados a muerte. 

Hubo muchos intentos de arreglar la rotura probablemente más grande en la historia de los palestinos, que comenzó con la fundación de Hamas (islamistas radicales) en 1987, y que fue definitiva con las últimas elecciones realizadas de la AP en 2006. Esta desunión incluso superó a varias guerras de trincheras en Jordania en la década de 1970, y en el Líbano, en la de 1980. En la transición de los años 1917 y 1918 fue la última vez, que por medio de titulares enormes, deambulaba por el mundo la noticia que los grupos palestinos peleados se habrían reconciliado. Ya en Diciembre de 2011, y también en 2014, se habló de eso. En la última ronda de las negociaciones de reconciliación, Israel se precipitó con la declaración de que todo sería mera falacia y que nunca sería hecho realidad. Aquella vez Israel recibió mucha crítica, que habría juzgado apresuradamente y no daría una oportunidad para un nuevo comienzo palestino. El hecho es que Israel le había «dado en el clavo»: no hay rastro de reconciliación de los dos grupos palestinos reñidos; todo lo contrario. Nunca fueron terminadas las negociaciones. Los asesinatos entre ellos continuaron como hasta entonces. 

Ante el trasfondo de la normalización, que realizaron algunos estados árabes frente a Israel, los medios de comunicación nuevamente se dedicaron a la pregunta de si todavía podría llegarse a una reconciliación. En realidad, sería una dinámica sumamente natural, conocida de casi todas las ramas de la vida. Dos partidos enemistados repentinamente se solidarizan en cuanto entra un tercero en el juego. Los diálogos agitados de los palestinos, no obstante, señalan en otra dirección: se es fiel a sí mismo en la línea de seguir diciendo un «no» categórico a todo; también a la reconciliación entre hermanos.

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