¿Replanteamiento en las filas de los parlamentarios árabes de Israel?

Antje Naujoks

Los partidos árabes llegaban y se iban, y también ahora pasan por grandes cambios. Eso se debe al electorado, pero también al replanteamiento de los diputados.

Desde la convocatoria de la Knéset en 1949, los árabes del país están representados en el Parlamento. Sus partidos no tienen tantos escaños como en realidad podrían alcanzar, debido a la amplitud del electorado árabe. Por un lado, su electorado consiste casi exclusivamente de ciudadanos árabes del país; por el otro, estos no siempre han ido unidos a las urnas electorales. Actualmente en la Knéset están los representantes de cuatro partidos árabes que se han unido para ser un bloque. En las últimas elecciones del 2 de marzo 2020, la Lista Unida, consistiendo de Chadash, Ra’am, Balad y Ta’al, obtuvo quince escaños–casi sensacionales– en la Knéset. Aun cuando con eso los parlamentarios árabes llegaron a ser el cuarto partido más fuerte del parlamento israelí, tradicionalmente ellos se encuentran del lado de la oposición. A causa de la orientación político-ideológica, el sistema judío establecido siempre rechazó por principio, permitir que partidos árabes participaran en el Gobierno, lo que se debe al temor de acceso a temas sensibles de seguridad de una quinta columna. Esto, sin embargo, no es una actitud unilateral: si bien para muchos diputados era y es de suma importancia el uso de esta plataforma democrática a favor de su comunidad, al mismo tiempo se dudaría de tomar parte en los procesos gubernamentales. De hacerlo, seguramente se tendría que tomar parte en decisiones que estarían fundamentalmente en desacuerdo con la ideología propia.

Existen muchos otros aspectos en esta malla sensible que juegan un rol y que convierten la representación de árabes en el parlamento del Estado judío en tradición, pero manteniéndolo al mismo tiempo en un marco muy claramente definido. Desde hace algún tiempo, en algunas partes ha entrado movimiento en estos límites definidos –como no podía ser de otro modo– para algunos muy aceptados, pero que para otros sencillamente era una afrenta.

Mansour Abbas, de 46 años de edad, nacido en la ciudad Maghar en el norte de Israel, después de su estudio en la Universidad Hebrea de Jerusalén, ejercita como dentista en su ciudad natal. En abril de 2019, por primera vez, fue elegido a la Knéset como representante de la Lista Unida. Desde entonces se ha puesto al frente de los esfuerzos para tratar el tema de la violencia y el crimen en las filas de sus conciudadanos árabes, y preside la comisión de la Knéset especialmente convocada para el tema. A fines del 2020 provocó fuertes controversias: después de una participación extraordinaria del Primer Ministro Netanyahu en una reunión de dicha comisión, Mansour Abbas manifestó no tener problemas en acercarse más al sistema gubernamental judío establecido. Como al mismo tiempo intentó disputarle el puesto al presidente de la Lista Unida, Ayman Odeh, se desató una tormenta de indignación. A su vez quedó claro que, hace mucho ya que el electorado árabe está interesado en una cooperación mayor.

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