“Quien fomenta el terrorismo no puede alegar inmunidad”

Antje Naujoks

Salen a la luz parlamentarios israelíes y colaboradores de organizaciones benéficas que utilizaban su estatus para fomentar el terrorismo. La mira también está puesta en un programa benéfico de la ONU para refugiados palestinos.

Cuando se encontró al diputado árabe del Knéset, Basel Ghantas, tratando de pasarles teléfonos móviles a presos palestinos con trasfondo terrorista en cárceles israelíes, se canceló su inmunidad parlamentaria. Ghantas tendrá que defenderse, acusado de ayuda a terroristas, abuso de confianza y abuso de funciones. En el verano de 2016, las autoridades israelíes arrestaron a un colaborador palestino del Programa de Desarrollo de la ONU (UNDP), Wahid Burash, por sospecha de abuso de su posición en la Franja de Gaza para fomentar objetivos militares de Hamás. Esta institución benéfica de la ONU actúa desde 1970 en dicha región y pone su atención en la reconstrucción de edificios y comercios destruidos. A principios de 2017, Burash fue condenado a siete meses de prisión por redirigir materiales, que destinó para la construcción de un puerto naval para una unidad de la marina de Hamás. En el correr del proceso, el UNDP manifestó “mostrar cero tolerancia en casos de comportamientos indebidos”, pero insistió en que el colaborador habría ayudado a Hamás involuntariamente. Otro proceso con un trasfondo similar aun está por tener lugar; se trata de la denuncia de Mohammad Halibi, quien habría desviado sumas millonarias de la organización de beneficencia internacional World Vision, al brazo militar de Hamás.

Frente a este tipo de casos de personas que hacen mal uso de sus cargos y posiciones, muchos en Israel están de acuerdo la afirmación: “quien apoya el terrorismo no puede alegar inmunidad”. Con motivo de la revisión del destino de estos fondos, en el caso de World Vision, algunos gobiernos cesaron sus donativos temporalmente (Gran Bretaña, Alemania y Austria). Aun así, todo ha quedado en silencio con respecto a la pregunta del rol que juegan las organizaciones de beneficencia en el desvío de los fondos. El caso de World Vision no es el mismo que el de las obras benéficas de la ONU, que continúan activas en las regiones palestinas. Además del Programa de Desarrollo mencionado más arriba, también la Agencia de Ayuda y Trabajo de la ONU (UNRWA) trabaja en la Franja de Gaza desde 1950, con la ayuda de colaboradores extranjeros y locales, en la educación, salud, asistencia y servicios sociales.

La relación entre Israel y la UNRWA es tensa. En un artículo titulado “terrorismo y UNRWA”, el Centro Israelí para la Investigación de la Política del Cercano Oriente alegó los siguientes reproches: la UNRWA no verificaría la conexión de los colaboradores palestinos contratados con organizaciones terroristas; instituciones de UNRWA serían mal usadas para entrenamiento militar, depósito de armas y base de operaciones terroristas; colaboradores locales de UNRWA habrían transferido materiales que fueron usados para la construcción de bombas y 41 perpetradores de atentados suicidas cometidos en las últimas décadas habrían asistido a escuelas de la UNRWA.

Incluso así, la relación es ambivalente, pues el gobierno israelí no protesta realmente contra la UNRWA, obra sin la cual Israel tendría que estar velando por las necesidades de los palestinos. Pero en 2012, Israel, bajo el mandato de Danny Ayalon, Ministro del Exterior interino, se atrevió a presentar al público algunos aspectos absurdos del programa. Entre otros, se establecía que la UNRWA tendría interés en perpetuar el problema de los refugiados y las necesidades de la población palestina, ya que de otro modo perdería la legitimación de su existencia. El gran cambio no se dio con esta campaña de Ayalon, pero luego se pudieron ver algunas consecuencias: la organización UN-Watch demostró que colaboradores de UNRWA, sobre todo maestros y directores de escuelas, propagaban videos y caricaturas antisemíticos en las redes sociales, y que incluso llamaban abiertamente a la violencia contra judíos. A raíz de esto, en otoño 2015 por primera vez la ONU despidió a algunos colaboradores palestinos de UNRWA.

Entretanto, esto llevó a que otro tema más haya llegado a la mesa del debate internacional, en este caso, para el agrado de Israel que hace mucho ya había tocado alarma al respecto: el adoctrinamiento de menores en las escuelas, a través de libros escolares con puntos de vista unilaterales. Este hecho en sí ya es alarmante, pero se vuelve verdaderamente escandaloso tomando en cuenta que la UNRWA es financiada por fondos públicos; por ejemplo, en 2016 Alemania era uno de los contribuyentes más importantes, con 76 millones de euros. Hasta ahora no se han aplicado medidas en relación con el financiamiento ni con la orientación de la educación y los maestros involucrados en el programa de la ONU. Aun así, Israel tiene la esperanza de vientos de cambio desde EE.UU., y la administración de Trump dejó entrever que quiere ocuparse en profundidad de la investigación de los contactos terroristas de la UNRWA.

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