¿Qué significaría un traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén?

Zwi Lidar

Estados árabes y musulmanes amenazan con consecuencias de gravedad en el caso de que EE.UU. traslade su embajada a Jerusalén. Israelitas y estadounidenses buscan alternativas creativas para realizarlo sin que los intereses de EE.UU. queden en peligro.

Aunque se demoraron, las reacciones del mundo árabe y musulmán llegaron poco antes de que Donald Trump se instalara en la Casa Blanca: el anuncio del traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén dio lugar a una ola de amenazas, frente a la posibilidad que implicaría el reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado de Israel.

Las amenazas deberían ser tomadas en serio: Jordania y Egipto anunciaron que una medida de este tipo tendría “consecuencias catastróficas”. De la Autonomía Palestina (AP) se escuchó que en un caso así “se abrirían las puertas del infierno”, y Saeb Erekat, político clave de Fatah en la AP, lo señaló de la siguiente manera: “Eso acarrearía el final del proceso de paz”. Erekat también explicó otras implicaciones, ya que “a causa de una medida de este tipo, y con base en la presión de la opinión pública de la población musulmana, EE.UU. tendrían que cerrar sus embajadas en todos los Estados árabes”. Por su parte, el ministro de exterior francés advirtió de “consecuencias de gravedad”, y el ex secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, se unió a las voces de advertencia señalando una “explosión, que no solamente involucraría a Cisjordania sino probablemente a todo Israel, y se haría sentir en la totalidad de la región.” Kerry también opina que “en ese caso, Jordania y Egipto se encontrarían con dificultades inmensas para mantener las relaciones con Israel como venían hasta el momento”.

Ya todos han tenido que aprender que Donald Trump es un presidente particular. Parece ser imprevisible y no tiene problemas para romper con las convenciones. Además no se ajusta a los acuerdos, debido de su entorno de trabajo: nunca antes un presidente estadounidense se ha rodeado de un ejército tan grande de consejeros, entre los cuales esta vez se encuentran miembros de su familia y algunos judíos, que políticamente presentan una alineación claramente de derecha conservadora. ¿Será que en estas circunstancias y a pesar de las amenazas, pronto se cumplirá la promesa electoral de Trump, y veremos flamear la bandera de “estrellas y rayas” a la entrada de la embajada estadounidense, en la capital israelí?

Al cierre de la redacción solo está claro que aún no hay respuesta a esta pregunta. En lugar de eso, tanto representantes del nuevo gobierno estadounidense como también diversos analistas políticos, propusieron toda una serie de ideas alternativas y soluciones creativas para cumplir con esta promesa electoral, en lo posible evitando dificultades. No obstante también queda la posibilidad de que el presidente estadounidense reaccione “al estilo Trump”, es decir que no se inquiete por las amenazas y haga poner un cartel con la inscripción “Embajada de los Estados Unidos de América” en el nuevo edificio que EE.UU. construyó como consulado en el barrio Talpiot, al oeste de Jerusalén. Para suavizar un paso de ese tipo, algunos propusieron que en un caso así, EE.UU. debería publicar una declaración que quitara el viento de las velas a las amenazas árabes y musulmanas: el edificio se encuentra al oeste de Jerusalén, en una región que hasta 1967 se encontraba bajo control israelí, de modo que los EE.UU. no estarían haciendo ninguna afirmación con respecto a la pertenencia del este de Jerusalén al Estado de Israel.

Otra posible alternativa que fue presentada plantea realizar el anuncio de que se estaría buscando un edificio nuevo y adecuado para la embajada; luego, en consideración de la burocracia israelí, un proceso de este tipo fácilmente podría llevar varios años desde su planificación hasta la autorización y la verdadera construcción del edificio. En otras palabras, podría llevar más tiempo que los cuatro años de la presidencia de Trump, o incluso más tiempo que el que implicaría una re elección. Otra opción que intenta evitar los escollos y que fue propuesta poco antes de la juramentación de Trump, propone que el futuro embajador, el judío David Friedman, juntamente con un muy pequeño equipo de colaboradores trabajara desde Jerusalén, mientras que el verdadero edificio de la embajada estadounidense se mantuviera en Tel Aviv.

Las propuestas creativas no quedan allí. Una opción más es vincular el tema con el “acuerdo más difícil de alcanzar” para Trump, otro que el presidente también está dispuesto a enfrentar: el “acuerdo” que debe llevar a la conciliación del conflicto israelí-palestino. La instalación de una embajada estadounidense en Jerusalén podría ser tanto un acto preliminar como también concluyente, que al mismo tiempo podría disfrutar del respaldo o incluso del apoyo de Putin, el nuevo amigo de Trump. Con de la participación de Putin, Israel también podría verse obligado a hacer concesiones, tanto con respecto a los asentamientos israelíes como en cuanto al estatus de capital de la ciudad de Jerusalén. ¿Qué sucederá finalmente? Con Trump nunca se puede saber con exactitud.

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