Problemas de actualidad de Israel

Antje Naujoks

Muchas de las dificultades grandes de la vida diaria israelí no proceden, por ejemplo, de Irán, sino que son caseras. Se trata allí de temas de política de interior que representan enormes desafíos para el Estado de Israel y la sociedad israelí.

Israel es un país muy hermoso. No solamente en cuanto a su paisaje es impresionante y polifacético: también en términos históricos, religiosos y étnicos nunca llega a ser aburrido, y la gente que vive en este país representa su mayor particularidad. Su buena hospitalidad y solicitud cordial, su accesibilidad y calidez humana que, en tiempos de crisis, se convierten en una solidaridad difícil de expresar en palabras, fascinan y cautivan. Eso indemniza por muchos aspectos no tan positivos de la vida cotidiana israelí: amenazas recurrentes, tensiones entre los diversos grupos de la población, nepotismo, costes de vida altos, horarios de trabajo largos con poca licencia, y la vida en un tipo de “isla”, que para un cambio de escenario hace necesaria la compra de un pasaje de avión.

Israel como país y sociedad ha pasado por un camino único, y ha superado muchos desafíos. Casi de la nada, se logró establecer un país floreciente, caracterizado por la alta tecnología. Judíos, a menudo más o menos indigentes, del mundo entero fueron recibidos y en su mayoría integrados exitosamente a pesar de la lucha política de seguridad por la sobrevivencia. Pero aun cuando Israel puede jactarse de muchos logros diferentes, hay varias áreas que se han convertido en problemas sociales serios. Entre ellos, están armas que llegaron ilegalmente al país, un marcado potencial de agresión y violencia doméstica y pública, venganza de sangre y los llamados “asesinatos de honor”.

A eso se agrega la situación catastrófica en las calles de Israel, en lo que se refiere a la manera de manejar. Los carteles de las carreteras en el mejor de los casos son considerados como recomendaciones amables. Adelantan del lado derecho. La distancia de seguridad es interpretada como “traba sin sentido”. Quien maneja en la pista izquierda y ya ha pasado por mucho la velocidad máxima, aun así es asediado con una señal luminosa y va pegada a su parachoques. Durante el viaje, se habla por el teléfono móvil gesticulando salvajemente. La regla también válida aquí de derecha ante izquierda parece que nadie la conoce, y la bocina además del acelerador es mucho más importante que el freno. La policía mayormente puede ser vista solo en las esquinas en que se puede lograr mucho dinero con multas, especialmente en intersecciones con la señalización de Alto. En las calles de Israel hay conductores que no tienen licencia de conducir o incluso tienen varios cientos de multas, sin que sean sacados del tránsito. La falta de sanciones por parte de la policía e incluso de los tribunales juega un rol importante en eso. En el año 2019, los problemas que Israel tiene en esa área se han incrementado en otro diez por ciento. Frente al 2018, el número de muertes de tránsito aumentó de 315 a 350. En la comparación mundial, en relación al número de habitantes, Israel ni siquiera queda tan mal parado. Pero si se toma en cuenta que en el transcurso de seis años (2014 al 2019) se contó con 361 soldados caídos y víctimas de terrorismo, es evidenciada la dimensión de este desafío.

Otro problema israelí que espera el actuar de los dirigentes afecta a la sociedad entera: en Israel crece el abismo entre pobre y rico. El informe más reciente muestra, que 530 000 familias (20.9 % de todas las familias del país) viven en pobreza. De estos 2 306 000 afectados, un poco más de un millón son menores de edad. El gobierno contrarresta esto con diversos programas, pero rara vez se corta el círculo vicioso de la pobreza. La ayuda puntual no alcanza allí: cada año aumenta el porcentaje de los israelíes que viven por debajo del límite de pobreza. Claro que también la pobreza es algo relativo. La pobreza en África y pobreza en Israel no son comparables. Después de todo, Israel es uno de los miembros del ilustre club OCDE y en los rankings del mismo a menudo recibe las notas más altas. Sin embargo, con respecto a la pobreza, Israel está entre los últimos del OCDE. Muchos critican que, para un país como Israel –especialmente para el pueblo judío que mantiene en alto el principio de que los judíos son responsables los unos por los otros– no puede ser aceptable que no se disponga de más recursos para abrir la posibilidad a que las personas puedan salir del círculo de la pobreza. En vista de los números, esto es un problema con el cual uno se encuentra en todas partes del país con solo ver –o querer ver.

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