¿Por qué tanta agitación en cuanto a Jerusalén?

Antje Naujoks

Jerusalén, la ciudad eterna. Jerusalén, la ciudad santa. Milenios de historia, punto clave de las grandes religiones mundiales monoteístas. Jerusalén, un factor de discordia que produce grandes diferencias de opinión.

En su libro Jerusalén, vista del interior de una ciudad espejo, el periodista Amos Alon expresa: “Cuatro mil años de historia, incontables guerras y fuertes terremotos que destruyeron gran parte de las casas y los muros, han dejado sus huellas en la topografía de la ciudad. Jerusalén fue sitiada 20 veces con consecuencias catastróficas, dos veces totalmente destruida, 18 veces reconstruida, y por lo menos once veces experimentó un cambio de una religión a otra”.

A pesar de que Jerusalén parece ser un punto clave en la historia mundial, por muchos siglos fue más bien un pueblito de provincia adormecido. Eso fue sobre todo en el tiempo en que Jerusalén pertenecía al Imperio otomano, es decir desde 1517 hasta la Primera Guerra Mundial. A fines del siglo XVIII, los turcos establecieron en Jerusalén el cargo de gran muftí y mejoraron el estatus de la ciudad en el mundo musulmán. Siempre hubo judíos viviendo allí pero recién en la Era Moderna, a partir de 1887, llegaron a ser mayoría entre sus habitantes. En el siglo XIX, las grandes potencias europeas ampliaron su influencia en Jerusalén, y aún en la actualidad la silueta de la ciudad se caracteriza por los campanarios alemanes originados en la política del Rey Guillermo con el lema “Lugar en el Sol”. Tras la Primera Guerra Mundial Jerusalén quedó bajo el mandato británico, y de ese tiempo también procede el estatus jurídico actual que la comunidad internacional concedió a Jerusalén.

Las grandes potencias aliadas reconocían el carácter singular espiritual y religioso de la ciudad, y los intereses de las tres grandes religiones monoteístas del mundo que se originan en dicho carácter: judaísmo, cristianismo e islam. Como “fideicomiso santo de la civilización”, los reclamos hechos sobre este trasfondo debían estar regulados por un lado, a través de garantías internacionales, y por el otro, garantías confirmadas por escrito. Eso también fue expresado en el plan de la ONU de 1947 con el objetivo de dividir Palestina. En la resolución Nº 181 de la ONU, que dispuso la división de Palestina en un estado judío y uno árabe, Jerusalén fue declarado como corpus separatum, y se le concedió a la ciudad un estatus jurídico y político especial bajo supervisión internacional.

Con la declaración del Estado de Israel en mayo 1948, estallaron acciones bélicas entre el joven Estado judío y los vecinos árabes, las cuales llevaron a fuertes combates en Jerusalén y finalmente a la división de la ciudad. Según la comunidad internacional, el acuerdo de cese de fuego no tocaba el estatus jurídico internacional de la ciudad. Mientras que Israel declaraba a Jerusalén como un componente indivisible del Estado y como su eterna capital, los jordanos, en 1950, anexaron la parte este de la ciudad. Ambos actos fueron rechazados por la comunidad de Estados internacionales con excepción de Gran Bretaña y Pakistán. Cuando Israel, en la Guerra de Seis Días de 1967, consiguió el control sobre la totalidad de la ciudad, extendiendo la jurisdicción israelí al Jerusalén unificado, este paso fue condenado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Similares fueron las reacciones, cuando en 1980, Israel promulgó una ley que declaraba “la Jerusalén unificada y total como capital del Estado de Israel”. En aquel entonces, muchas embajadas de Estados extranjeros fueron trasladas a Tel Aviv.

Desde hace años no se habla ya del corpus separatum, sino de Jerusalén como capital de dos Estados en el marco de la llamada “solución de dos Estados” para el conflicto israelí-palestino. Tanto en los acuerdos de Oslo como en otros planes de paz (como el Road Map) se acordó posponer la regulación del estatus de la ciudad de Jerusalén para la etapa final de las negociaciones de paz que los dos estados deben llevar adelante directamente entre ellos. Ante este trasfondo una declaración rusa del 6 de abril 2017 causó sensación internacional, ya que reconocía la parte oeste de la ciudad como capital de Israel. Al mismo tiempo los rusos declararon la parte este de la ciudad como capital del futuro Estado de Palestina, a ser fundado. Las intenciones que Rusia tenía con su declaración fueron evaluadas de diversas maneras por los especialistas.

Así como se dividieron las opiniones frente al reconocimiento ruso, también se dividieron frente a la decisión de Trump, de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén en diciembre de 2017. Con esto puso fin a una política estadounidense de varios años, que había sido anunciada en 1995 con el Jerusalem Embassy Act del Congreso Estadounidense (acto que declara a Jerusalén como capital de Israel). La implementación de dicho acto, no obstante, fue aplazada con regularidad desde entonces por los presidentes estadounidenses en oficio a través de sus facultades especiales, hasta la declaración de Trump del 6 de diciembre 2017. También esto sigue dividiendo las opiniones entre israelíes y palestinos, entre Israel y el mundo musulmán, entre Israel y los EE.UU. por un lado y prácticamente el resto del mundo por el otro. Mientras que el gobierno israelí se deshacía en entusiasmo por la declaración, aun de entre el pueblo se escucharon voces dudosas. Ese también fue el caso en EE.UU.: el ministro de exterior estadounidense Rex Tillerson expresó que la declaración del presidente no contiene “ninguna indicación con respecto al estatus definitivo de Jerusalén, ya que la decisión sobre eso, incluyendo la definición de fronteras, sigue incumbiendo a las negociaciones y decisiones de ambos lados”. Pero como los lados no negocian, EE.UU. se encuentra en un curso de ida y vuelta, las alianzas en el Cercano Oriente persiguen intereses diferentes, y los rusos exclusivamente intereses propios. Una cosa es segura y sigue como siempre a pesar de todas las declaraciones: Jerusalén continúa siendo la pieza central de todos los reclamos expresados y a causa de los frentes endurecidos, con toda seguridad continuará siendo el objeto de discordia.

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