¿Petróleo en Israel?

Antje Naujoks

En un artículo de la edición de octubre 2019, se planteó la pregunta si después de la revolución de gas, ahora también llegaría la revolución del petróleo para Israel. Recientemente esto volvió a ser tema de discusiones de una comisión de la Knéset.

«Israel dispone de más de 250 mil millones de barriles de aceite», dijo el Profesor Eugene Kendall en una audiencia en la Knéset. ¿Suena fantástico? Si se considera que esto corresponde a la cantidad de petróleo del que supuestamente dispone Arabia Saudita, esto incluso suena un tanto desacertado. Sin embargo, uno tiene que mirar muy de cerca y leer también «la letra pequeña», lo que en el título de la mayoría de los informes de los medios de comunicación israelíes está puesto entre paréntesis, para llamar la atención de los lectores. Porque allí no decía petróleo, sino aceite (de esquistos bituminosos). Y justamente esa es la famosa trampa del asunto, y aún así no le quita nada al buen contenido de esta noticia. No obstante, obtengamos primero una idea general sobre el tema, lo esencial del artículo mencionado (octubre 2019, pág. 15).

Israel es considerado como la tierra en la que, como la Biblia menciona más de una docena de veces, «fluyen leche y miel». Pero esto no se refiere a materia prima; en cuanto a esto, el Estado de Israel es mencionado como «país pobre». Si bien durante perforaciones en el Mediterráneo se descubrió yacimientos de gas natural que cambiaron este estatus del Estado de Israel, otras materias primas prometedoras de ganancias, en especial petróleo, son una historia diferente. Ya a principios de la década del 1950, se encargaron de una reglamentación legal de posibles perforaciones por petróleo, de la comercialización y el control de muchos temas relacionados. De hecho, en 1955 por primera vez se toparon con petróleo, sin embargo, este yacimiento demostró ser tan poco atractivo comercialmente como las reservas del oro negro halladas más adelante. Son cantidades tan escasas que ni siquiera habrían dado para el uso propio en aquellos tiempos. Eso tampoco cambió en las décadas posteriores a pesar de perforaciones de prueba exitosas. Y así sucedió –hasta la fecha por lo menos– también con la última iniciativa de ese tipo, que se remite a un estadounidense piadoso, motivado para su emprendimiento por Génesis 49:25: «Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo…»

Aún así Eugene Kendall, el profesor reconocido que a mediados de la última década presidía la Comisión de Asuntos Económicos de la Oficina del Primer Ministro israelí, no solo dio información sobre las cantidades estimadas, sino que también expuso lo siguiente frente a la Knéset: «¡Incluso sabemos dónde poder encontrarlo!». Frustrado concluyó: «Allí debajo de la tierra hay varios miles de millones de dólares americanos, pero nadie hace algo con ellos». A eso a su vez, el diputado de la Knéset, Avi Dichter, ex jefe del Mossad y presidente de la comisión ante la que Kendall hizo sus exposiciones, lo denominó de «declaraciones dramáticas e inmensamente significativas».

Hasta ahí, todo bien. De modo que aquí se trata de esquistos bituminosos, en definitiva, roca sedimentaria que contiene entre 20 y 30 por ciento de querógeno, que es una fase previa al petróleo. Si se calienta esta roca sedimentaria oscura y arcillosa a 340 y hasta 530 grados, es posible transformarlo en sustancias similares al petróleo crudo, es decir, en petróleo de esquisto o petróleo pesado, o también en gas. El valor que se puede sacar de la sustancia cruda depende del contenido de querógeno, pero de eso naturalmente se tiene que descontar los costos de su desmantelamiento y los procedimientos de extracción, al igual que la comercialización. (El desmantelamiento es mayormente minería a cielo abierto; otros procedimientos para capas más profundas recién están en la fase experimental). De modo que aquí se debe hacer un cálculo similar al del petróleo. Si bien Israel descubrió reservas en su propio territorio, sin embargo, los costos de desarrollo de esos yacimientos resultaron ser totalmente desproporcionados con el rendimiento. En el caso de los yacimientos de gas natural, sin embargo, eso es totalmente diferente, como muestra el desarrollo costoso en medio del mar.

En Israel, así sostienen los expertos, se debe considerar alrededor del 15 por ciento de la superficie total del país como rico en esquisto bituminoso, que por primera vez fue comercialmente desmantelado en 1837. Los yacimientos se encuentran sobre todo en el norte y el centro del país. De todas formas, también se sabe que tan solo en unos pocos lugares sería posible una extracción por medio de la minería a cielo abierto, de modo que eso justamente es uno de los problemas más grandes que señalan las ­organizaciones de protección del medio ambiente. Kendall, sin embargo, opina que hay una razón más que no es un obstáculo menor: la burocracia engorrosa de Israel y la falta de planificación a largo plazo.

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