Nivel de agua en descenso

ML

Los responsables por las mediciones del nivel del agua en el Mar de Galilea pronostican dificultades. El cambio climático y la sequía, que ya están reinando desde hace algunos años consecutivos, amenazan con convertir el norte de Israel en una tierra desierta. De la mano de esto, tampoco está bien la situación de la reserva natural de agua más grande del país.

Los ríos y el verdor, que son característicos tanto de Galilea como también de los Altos del Golán, pronto podrían pertenecer al pasado. En los últimos tres inviernos, en esas regiones hubo escasez extrema de precipitaciones. Como el cambio climático no provee perspectivas mejores para el invierno próximo, los expertos advierten a las autoridades israelíes del agua que el entorno en esa región podría cambiar grandemente.

En principio, en Israel no existe falta de agua, y eso se puede constatar. Cuatro grandes plantas de desalinización en la costa del país cubren alrededor del 60 por ciento de los requerimientos del agua de las casas privadas y alrededor del 50 por ciento de la cantidad total del agua requerida. Aun así, los agricultores tuvieron que talar varias hectáreas de plantaciones que en un tiempo les daban manzanas, cerezas, nectarinas y uvas. La razón: los costos para establecer una infraestructura de riego y el funcionamiento de la misma son demasiado altos. Si se comparan los registros de las cantidades de precipitaciones, se muestra una tendencia preocupante. Cada año cae menos lluvia en esa región, como consecuencia, los ríos cada vez tienen menos agua y desciende, también, el nivel del agua subterránea. Según declaraciones del Dr. Amir Givati, responsable de la observación de precipitaciones del servicio hidrológico del país, quien a su vez es el presidente de la comisión inter-ministerial de cambios climáticos, “en el correr del tiempo una y otra vez se han tenido meses de invierno con precipitaciones muy pobres, y del mismo modo, se han registrado inviernos que trajeron mucha lluvia. Entretanto, se perfila una tendencia que, por un lado, señala una reducción continua y, por otro, una reducción drástica de las cantidades de precipitaciones. Cuando antes se partía de la base de un promedio de 880 milímetros de lluvia en una temporada, la cantidad ahora parece estar estabilizándose en apenas 100 milímetros por invierno.”

Esto, entretanto, también se ve a simple vista, y sin ser experto, en el Mar de Galilea. Algunos brazos del Jordán que desembocan en la reserva natural de agua más grande de Israel, están casi secos. El nivel del agua disminuye, de modo que en varios lugares se ven hasta 25 metros más de tierra en las orillas. En el verano de 2016, el nivel del agua, con 32 centímetros sobre el límite rojo, alcanzó su punto más bajo desde hace seis años, y las bombas tuvieron que ser reducidas. Esto deja claro que otra temporada de lluvia con muy poca precipitación empeorará dramáticamente la situación para estas aguas interiores. Algunos ya ven en el horizonte que se podría llegar a la línea negra ­(-214,87 m). De llegar a eso, ya no se podrá sacar más agua del Mar de Galilea para el aprovisionamiento nacional. Algunos creen que la pesadilla rápidamente se hará realidad. Aun si eso no llegara a suceder, está claro que la agricultura en la región solamente puede ser salvada si el gobierno interviene y se encarga de crear una infraestructura para el aprovisionamiento de agua. Pero incluso si la agricultura en esa región puede ser salvada, con gran esfuerzo, la naturaleza en Galilea y sobre los Altos del Golán seguirá cambiando y la flora se hará más escasa.

Algo de justicia compensadora, no obstante, hay a nivel nacional. Tanto en el centro como también en el sur del país, una región que en algunas partes es muy árida, desde hace algunos años se están registrando una cantidad de precipitaciones por encima del promedio. Los expertos en asuntos climáticos creen que de eso es responsable el calentamiento de la atmósfera terrestre. El Dr. Givati lo explicó así: “Somos testigos de un cambio en la dirección del viento y del movimiento del aire frío y cálido. Hasta 1980, el invierno israelí se vio influenciado por regiones de bajas presiones, que llegaban a la costa del país desde Chipre con gran regularidad. Primero llovía en el norte del país, y luego las precipitaciones se extendían hacia el sur. Ahora, la dirección del viento ha cambiado. Estamos, cada vez más bajo la influencia de los vientos que vienen desde el sur, y por eso también ha cambiado el patrón de las precipitaciones”.

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