Motivo de preocupación

Zwi Lidar

Rusia limita las actividades aéreas israelíes en el cielo sirio y en muchas áreas de las relaciones bilaterales reacciona bastante molesto contra Israel. La razón de Putin es sencilla y nada nueva: intereses propios. Pero en el fondo también actúa otro factor: antisemitismo.

Después de tres años en los que parecía que el presidente de Rusia, Putin, y el primer ministro de Israel, Netanyahu, mantuvieran un diálogo amistoso, el oso ruso ahora ha cambiado de tono. Como pretexto para eso sirvió el derribo de un avión militar ruso. La máquina fue alcanzada por un misil sirio que fue lanzado durante un ataque aéreo israelí. El resultado son tres sistemas antiaéreos S-300 avanzados que Rusia entregó a Siria juntamente con 300 misiles. El estacionamiento de estos sistemas rusos en suelo sirio y bajo la dirección del dictador Assad en un mensaje claro dirigido a Israel. Con esto, Rusia limita masivamente el campo de acción israelí en el cielo sirio. Al mismo tiempo, Rusia hizo saber a Israel que, para que estos sistemas antiaéreos no entren en acción, debería recibirse con antelación informaciones sobre acciones aéreas israelíes planificadas. Si bien Israel rechazó esta exigencia rusa, los medios de comunicación, desde el derribo de la máquina rusa, de hecho, ya no informan sobre acciones de las fuerzas aéreas israelíes dentro del espacio sirio. Al cierre de redacción, ya hacía dos meses que reinaba el silencio en este frente, mientras que en los tres años anteriores se realizaron cientos de ataques de ese tipo.

Entre los expertos israelíes, y también europeos, reina desacuerdo sobre el significado del proceder ruso. Algunos dicen que esto sería un intento de Moscú de aprovechar este suceso para fines políticos. No sería otra cosa sino la manifestación de que, con el final de la guerra civil siria, ahora Rusia sería el verdadero señor en la casa siria. Otros consideran el estacionamiento de estos sistemas antiaéreos como un acto hostil. “Rusia mismo se ha declarado como enemigo”, constató Yigal Carmon, presidente y co-fundador del Middle East Research Institute (MEMRI).

La verdad parece ser una combinación de estos dos planteamientos. Rusia con seguridad no es un enemigo, pero tampoco un amigo. Se sabe que Putin es pragmático, actuando exclusivamente de acuerdo a aquellos intereses que redundan en beneficio de su país. Las buenas relaciones que estableció con el primer ministro de Israel Benjamín Netanyah, estaban destinadas sola y exclusivamente al objetivo de servirse de Netanyahu y sacar provecho de sus buenas relaciones con el presidente de EE.UU. Trump. Justamente en eso es que Rusia tiene mucho interés, ya que nada le sería más oportuno que una abolición de las sanciones que los EE.UU. le impusieron a su país. Este deseo, sin embargo, no se cumplió: más bien, en la actualidad, ambos mega poderes se dirigen nuevamente hacia una guerra fría. No obstante, a Putin le era importante el diálogo con Netanyahu también por otro aspecto: él quería tener la mano en la lucha israelí contra la presencia iraní en Siria. Si Putin no hubiera mantenido un cierto control, se habría alterado el establecimiento ruso en el estado de Assad. Este interés de Putin todavía existe. Moscú necesita tranquilidad para poder sacar un beneficio lo más grande posible tanto económica como políticamente del proceso de rehabilitación de Siria. De este modo, surgió un cierto enfriamiento de la relación, pero los contactos entre ambos aun así seguirán existiendo.

Este asunto a su vez mostró que el oso ruso se ha despertado de su hibernación, ya que el antiguo-nuevo antisemitismo celebra un regreso. Los matices de características antisemíticas repentinamente también podían ser percibidos en conexión con el derribo de la aeronave rusa. A pesar de la aclaración de las conexiones y de las pruebas de que un misil sirio fue el que bajó la máquina del cielo, Rusia no solamente seguía diciendo que Israel era responsable de la muerte de las quince personas a bordo de dicho avión, sino que escogía formulaciones que despertaban asociaciones graves. A los pilotos israelíes se les atribuía, “que por razones sadistas ellos se habrían encargado de que el aeroplano rusa apareciera en el radar de los sirios.” Esta aseveración se corresponde con el discurso trasmitido desde hace mucho tiempo de los nacionalistas rusos con respecto a un “típico engaño judío”. Más allá de eso, una portavoz del ministerio exterior ruso frente a un diario italiano denominó las acciones israelíes de “no profesionales” y “cobardes”, lo que se corresponde con el lenguaje de los días de la Segunda Guerra Mundial, cuando se decía que los judíos eran cobardes que masivamente evitarían ir al frente de guerra y que de ese modo atacarían al pueblo ruso por la retaguardia.

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