Más señales de acercamiento entre Israel y Arabia Saudita

Zwi Lidar

Le entrevista que el jefe de Estado Mayor israelí brindó a un diario saudita y comentarios positivos de parte de autoridades religiosas de ese país, son algunas de las señales crecientes de que Israel y Arabia Saudita se acercan entre sí a causa de su enemigo común, Iran.

Unos días antes de que el presidente estadounidense Trump hiciera el anuncio en cuanto al reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado de Israel, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Mahmud Abás estuvo de visita por Arabia Saudita. Allí se le presentó el siguiente ofrecimiento: ayuda financiera sustancial para la ANP si Abu Dis, un poblado situado en las afueras de Jerusalén es declarado como capital del futuro estado de Palestina. En ese momento (aún antes de la declaración de Trump) fuentes extranjeras dijeron que Israel había bombardeado una instalación militar de Irán en Siria, cerca de la capital Damasco. Esta acción fue pensada como advertencia: Israel está dispuesto a poner sus armas en funcionamiento para evitar que los iraníes continúen estableciéndose en Siria.

Nadie lo afirmaría abiertamente, pero es absolutamente realista pensar que los tres sucesos arriba mencionados sean parte de un acuerdo entre Washington, Riad y Jerusalén, en que confluyen diversos intereses, con un objetivo común: el intento de frenar a los iraníes. Todas las partes involucradas en este presunto proceder han ganado: Israel recibió de los EE.UU. un obsequio que nunca habría sido concedido sin el consentimiento saudita. Con eso, Trump puso en práctica una de sus promesas electorales que fue de especial importancia sobre todo para el electorado evangélico, y al mismo tiempo, aportó a la economía estadounidense la gran suma de 400 mil millones de dólares, a través de un acuerdo de armamentos con Arabia Saudita. Además, Israel recibió de los EE.UU., sistemas de armamentos que en el mundo entero son considerados como los más avanzados. De Israel, los saudíes recibieron la retirada de los EE.UU. del lobby judío, que de otro modo, se habría opuesto fuertemente a un negocio de armas de este tipo. Pero según fuentes extranjeras, los saudíes parecen haber recibido algo más también: datos del servicio de información y cooperación militar para frenar el crecimiento de la hegemonía iraní en la región.

¿Suena extraño todo esto? ¿Contrario a la imagen de “enemigo” que se tenía? De hecho, públicamente se pueden apreciar detalles sobre varios aspectos de este acuerdo. A veces, solo como entre líneas, pero aun así la información en principio no se oculta. Eso también lo demostró una entrevista que el jefe de Estado Mayor israelí, Teniente General Gadi Eizenkot, dio en noviembre de 2017 para el portal noticiero saudita ELAPH, que opera desde Londres. “Jerusalén y Riad están de acuerdo entre sí de que el Irán es el enemigo más grande de la región. Nosotros no permitiremos presencia iraní en Siria”, expresó el militar israelí de más alto rango, y añadió: “Estoy muy dispuesto a compartir percepciones de servicio de inteligencia sobre Irán… Es preciso tener un plan regional para frenar a los iraníes.” Además, Eizenkot señaló repetidamente que “existen muchos intereses en común”.

Hasta hace poco, nadie habría siquiera soñado con algún tipo de conexión entre la Arabia Saudita fanáticamente musulmana y el Estado de Israel o el pueblo judío. La entrevista que Eizenkot concedió a este portal noticiero saudita es uno de varios indicios de una realidad que está cambiando. A esto le precedió además, una Fatwa (sentencia arbitral) muy extraordinaria del gran muftí de Arabia Saudita, Jeque Abdulaziz Al al-Sheikh, quien sostuvo públicamente en el marco de su posición como líder religioso: “Violencia contra judíos está prohibida según legislación islámica”. Casi simultáneamente agregó: “Hamás es una organización terrorista”. Existen, además, otras señales sin precedentes, como la visita a la Gran Sinagoga en París del embajador saudita en Francia acompañado por el ex ministro de justicia de Arabia Saudita (ambos muy cercanos a la casa real). Durante dicha visita, estos saudíes de alto rango se reunieron con rabinos y escucharon explicaciones sobre la Torá y los ritos judíos. Después de décadas de hostilidad y antisemitismo del liderazgo de Arabia Saudita, este hecho representó un avance significativo.

La Declaración sobre Jerusalén del presidente estadounidense Trump detuvo dichos avances, al menos por un tiempo. Pero ya anteriormente se habían escuchado voces (entre ellas, la del exembajador estadounidense en Israel, Dan Shapiro) que advertían que Arabia Saudita estaba empujando a Israel hacia una guerra contra los Hezbolá y contra Irán. Otros, entre ellos el exdirector del Servicio de Inteligencia Militar del Estado de Israel Amos Yadlin, aconsejan a Israel no confiar demasiado en un régimen que no es verdaderamente estable, por intentos fracasados de hacer retroceder la influencia iraní en Siria, Iraq, Yemen, y Líbano, y que ha impuesto un boicot contra Catar.

Algún día, podremos saber con seguridad si este eje al que pertenecen Arabia Saudita, Israel y algunos Estados árabes moderados, goza del apoyo de los Estados Unidos y asegura un futuro exitoso, o si se trata tan solo de confianza puesta en una “caña astillada” (2 Reyes 18:21 NVI).

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