Maniobras militares de práctica en el norte

Mori Lidar

Las Fuerzas de Defensa israelíes realizaron en el norte del país el ejercicio militar más grande desde hace décadas. El objetivo declarado es vencer a Hezbolá en el curso de la próxima guerra.

En los primeros días de septiembre de 2017, el norte del Estado de Israel se tiñó de color verde oliva militar. Las carreteras del norte estaban llenas de vehículos del ejército, en el cielo se veían aviones y helicópteros. En las estaciones de servicio, uno se encontraba con soldados y reservistas adicionalmente convocados, que polvorientos sucios y agotados, hacían una pequeña pausa para rápidamente conseguir un refresco o un café. En campos y colinas, se veían las tiendas del ejército que hospedaban a esas multitudes de personas. Esta maniobra fue el ejercicio militar más grande desde 1998, y se pensó para reconstruir escenarios de combate con un enemigo que en general es considerado como el adversario más grande del Estado de Israel: Hezbolá, que actúa en el Líbano con el apoyo de Irán.

En la maniobra participaron varias decenas de miles de soldados activos y reservistas del ejército, de las Fuerzas Aéreas, la Marina y las unidades del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel. Todos practicaron el proceder militar necesario para cuando la amenaza de Hezbolá se agudice. En ese caso, el ejército tiene que poder reaccionar rápidamente a las indicaciones del liderazgo político. No cabe duda que, entonces, las tropas israelíes tendrán que atravesar la frontera con Líbano, y del otro lado de la frontera, no necesariamente se toparán con el ejército libanés sino sobre todo con Hezbolá, que sigue sirviéndose de tácticas guerrilleras. Esta no sería la primera confrontación con esa organización radical islámica. El liderazgo israelí, no obstante, se ha propuesto que este tiene que ser el último combate contra Hezbolá, porque la victoria del Estado judío sobre este enemigo es la meta declarada para el próximo enfrentamiento. La amplitud de esta maniobra y el objetivo publicado ilustran un cambio de paradigma en las IDF [por sus siglas en inglés].

Parte de ese cambio es la clasificación del enemigo: antes Siria era considerado como el enemigo más acérrimo a quien Israel tendría que enfrentar de manera militar. Pero seis años de guerra civil sangrienta han dejado huellas en el ejército del soberano sirio Bashar al-Assad, y el resultado es que en la actualidad, Assad y su ejército ya no representan la misma amenaza que antes para el Estado de Israel. Esta guerra civil que ha debilitado el ejército sirio, proporcionó a Hezbolá experiencia bélica práctica, y con la participación de Rusia e Irán, se convierte definitivamente en la amenaza más seria del Estado de Israel. Si bien Hezbolá ha pagado un precio sangriento por su involucramiento en esa guerra civil al lado de Assad, la participación en combates y el trato con todo tipo de medios bélicos son de ventaja para los combatientes de Hezbolá. Por esta razón, en Israel se parte de la base de que una guerra probable entre el Estado judío y esta organización radical islámica se convertirá en uno de los escenarios de guerra más difíciles en la historia del Estado de Israel.

No hay duda de que en el caso de una guerra de ese tipo, el frente civil de Israel diariamente se verá confrontado con cientos o incluso miles de misiles. También está claro que ­Hezbolá bombardeará masivamente la infraestructura estratégica en Israel. El adversario incluso podría intentar alcanzar con misiles el reactor nuclear cerca de Dimona en el sur del país. Además, es probable que las tropas guerrilleras de Hezbolá crucen la frontera para introducirse en territorio israelí por tierra y por agua. Ellos le pondrán emboscadas al ejército, tratarán de impedir la llegada de refuerzo de tropas y provisiones, y además, sin lugar a dudas, fijarán su atención en aldeas y asentamientos con civiles, para, dentro lo posible, realizar las acciones bélicas en territorio israelí y causar allí confusión y temor. Para las IDF, está claro que esta vez se las tendrán que ver con combatientes de Hezbolá que han sobrevivido a la lucha contra miembros del Estado Islámico y que han reunido múltiples y buenas experiencias de combate. Ante este trasfondo queda claro por qué el ejército de Israel y sus políticos consideran a Hezbolá como el enemigo más grande, y por lo tanto, clasifican la próxima guerra con el Líbano como el escenario bélico más complicado del Estado de Israel.

No obstante, con esta maniobra la IDF demostró también otro cambio de parecer. Ya no se trata de hacer retroceder o tener en jaque a Hezbolá: el objetivo es vencer a este enemigo en el campo de batalla de manera definitiva. Tanto en el correr de la última acción bélica frente a Hamás en la Franja de Gaza en 2014, como también frente a Hezbolá en la Segunda Guerra del Líbano en 2006, quedó claro que Israel sin falta debe conservar su potencial de intimidación y amenaza, y que otro combate a la postre debe traer un período de tranquilidad lo más largo posible. Por eso, con respecto a la situación en el norte, no se planifica una ronda de combate para llegar a un período de tranquilidad, sino un combate con el objetivo declarado de eliminar al enemigo y así, a través de una victoria aplastante, lograr la paz para el país. Por esta razón en filas de la IDF ya no se escuchan palabras tales como “hacer retroceder” o “debilitar”; más bien se pone en primera plana el esfuerzo por una victoria rápida y absoluta.

Naturalmente, este tipo de declaraciones deben ser tomadas con cuidado. Una maniobra, por amplia que pueda ser, solo es una maniobra; es un ejercicio de acciones bélicas en un entorno estéril, ya que solo hay acción sin reacción. De llegarse a un enfrentamiento real con Hezbolá, tendrán un papel importante no solamente aspectos militares, sino también innumerables aspectos políticos, los cuales, en definitiva, podrían determinar que Israel ni siquiera pueda perseguir el objetivo declarado. Del mismo modo, Israel debe tener en cuenta que los rusos tendrán algo que decir acerca del posible escenario de guerra ya que, a través de su presencia en Siria, otra vez han llegado a ser jugadores relevantes en el Cercano Oriente. Se debe partir de la base que Rusia no tiene el menor interés en ver a Hezbolá derrotado, ya que esta organización fue de gran ayuda en Siria para salvar el régimen de Assad. Fue hace algunos meses que Rusia amenazó con poner veto ante el Consejo de Seguridad de la ONU contra una resolución propiciada por EE.UU., que denunciaba las actividades de Hezbolá a lo largo de la frontera con Israel. Como consecuencia de la presión rusa se le quitó fuerza al texto de la resolución, y Hezbolá ni siquiera es mencionado con nombre en la misma. En una posible confrontación entre Israel y Hezbolá, no obstante, también se tiene que tener en cuenta a Irán que en definitiva se encuentra detrás de esta organización libanesa chiita. Si bien solo se puede especular al respecto, no es del todo desacertado pensar que Irán podría atacar a Israel para evitar que su peón en la región sufra una derrota.

Más allá de todo esto, Israel ha comunicado muy claramente su criterio en el correr de esta maniobra. Hezbolá, que seguía con mucha atención cada movimiento de las tropas israelíes, ha captado el mensaje. Entretanto, la maniobra ha terminado hace tiempo, de modo que en el norte otra vez domina un verde diferente al verde oliva militar. Eso, sin embargo, durará solo hasta la próxima escalada del conflicto.

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