Manejo palestino de fondos fiscales europeos

Antje Naujoks

El balance anual de 2018 es alarmante: terroristas palestinos y sus familias recibieron salarios mucho más altos que familias palestinas necesitadas. Estos pagos también son posibles por promoción extranjera.

En muchos países europeos, hay programas de televisión que tratan con el despilfarro innecesario de fondos fiscales, ya que, después de todo, se trata de medios financieros que cada ciudadano individual aporta a través de sus impuestos. También en las redes sociales se alteran sobre todo los contribuyentes europeos por sumas derrochadas mucho más pequeñas que aquellas que fueron malgastadas para puentes, carreteras y carriles para bicicletas mal planificados. Pero si se trata de sus fondos fiscales que sus países o incluso la Unión Europea gastan en el extranjero, muchos de ellos ni siquiera tienen una idea vaga de a dónde van esos fondos y para qué son usados.

En Cisjordania, viven apenas tres millones de palestinos. Datos sobre el producto interior bruto per cápita (PIB) existen hasta 2017. Era de 2,735 euros, y con eso se ha duplicado en el término de una década (en comparación: en Israel, el PIB per cápita actualmente está en alrededor de 37,000 euros). La cuota de desempleados en Cisjordania está alrededor del 20 por ciento. Según datos de la Oficina para Estadísticas de la Autoridad Palestina (AP), un ingreso mensual promedio está en 570 euros. Quien trabaja en empresas israelíes, ya con un salario mínimo llega a más del doble de esa suma. Pero estos palestinos además disfrutan de los servicios sociales israelíes. En la AP, resultan ser muy escasos los subsidios familiares, por desempleo y por enfermedad al igual que los servicios sociales, si es que siquiera existen. Para el 2017, además se indica, que alrededor del 17 por ciento de la población palestina vive por debajo de la línea de pobreza definida para las regiones de la AP. Una familia menesterosa recibe una suma máxima de 142 euros mensuales del Ministerio para Desarrollo Social palestino.

La situación económica de la población en las regiones de la AP no es nada buena. En otra hoja dice que el presupuesto a disposición de la AP no está equilibrado. A pesar de esta situación financiera crítica, la AP en 2014 desembolsó alrededor de 69 millones de euros para terroristas encarcelados o ya otra vez libres; en 2018, la AP pagó una suma de 119 millones a ese grupo de personas. Esta suma en el correr de cuatro años casi se ha duplicado no solamente por servicios de pagos más altos, sino también porque más individuos reciben pagos. Más allá de eso, la AP pagó otra suma de casi 163 millones de euros a parientes de terroristas que perdieron sus vidas durante acciones.

Existen tablas exactas que muestran a quién le corresponde que tipo de subsidio, desde pagos mensuales hasta gastos únicos al ser liberados de la cárcel, cuyo monto depende en cada caso del tiempo de encarcelamiento. Quien está entre 15 y 25 años en la cárcel –esto a saber solo en caso de terrorismo, ya que a otros delincuentes no se les entrega ese tipo de subsidios de la AP– recibe mensualmente 2,440 euros, es decir cuatro veces más de lo que es el nivel salarial promedio en las regiones de la AP. Quien por actividades terroristas está más de 25 años encarcelado, recibe un pago mensual de 3,485 euros, lo que se corresponde con el sueldo de un general de división o ministro interino de la AP y es más de seis veces el salario promedio de un palestino que vive en Cisjordania. Al ser liberados, esos presos además reciben pagos únicos que, según el tiempo de encarcelamiento, están entre 1,310 y 21,780 euros. Por supuesto que también después del encarcelamiento se puede contar con un subsidio de la AP, y más aún si uno se queda sin trabajo y no hace uso, como previsto, del privilegio que concede un empleo en el sector público a los excarcelados.

De este modo, la AP en 2018 llegó a una suma total de 282 millones de euros. Entre eso, cuentan los subsidios financieros que fueron dados a 5,000 presos, premios de excarcelación para 1,200 personas, subsidio de excarcelados desempleados, becas de estudio, “subsidios para cantina y vestimenta” para terroristas encarcelados en Israel, y el subsidio pensado para familiares de terroristas fallecidos. Esta suma llega a un seis por ciento del presupuesto de la AP. Como rara vez existen datos confiables provenientes del círculo de la AP, esta suma conectada a maquinaciones terroristas por otras fuentes incluso es evaluada con un diez por ciento más.

La AP no puede financiar su presupuesto anual por fuerza propia, sino que depende de la ayuda extranjera. Una cuarta hasta una tercera parte de su presupuesto es suplementado por fondos de ayuda extranjeros. Eso significa que las donaciones extranjeras, que en buena parte provienen de la UE y además de pagos adicionales de Estados miembros de la UE, también desembocan en los pagos a terroristas. Alemania, por ejemplo, en 2017 adjudicó a los palestinos una ayuda de 133,5 millones de euros.

El punto hasta el que el extranjero otorga fondos de ayuda a los palestinos también es mostrado por un informe de Global Humanitarian Assistance (Asistencia Humanitaria Global), según el cual los palestinos en 2013 recibieron un total de 732 millones de euros de ayuda extranjera que, calculado per cápita son 163 euros. En ese año en Siria, donde ya hacía tiempo rugía la guerra civil, se dispuso una ayuda per cápita de 98 euros. Países como Somalia, Etiopía, Afganistán y el Congo no llegan siquiera a una fracción de estas sumas de subvención.

Absurdo es también, que la AP juntamente con la ONU, en febrero de 2019, en el extranjero, pidió 309 millones de euros adicionales en fondos de ayuda para propósitos humanitarios, casi la misma suma que les paga a terroristas y los familiares de terroristas fallecidos. Eso debería dar qué pensar.

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