Los fariseos y el judaísmo rabínico

Fredi Winkler

El judaísmo actual está dominado por la rama ortodoxa y rabínica, sobre todo en Israel, donde, podríamos decir, tiene el monopolio religioso, aunque existen también otras corrientes. A diferencia de Israel, Estados Unidos cuenta con una minoría de ortodoxos, siendo en su mayoría judíos conservadores y reformistas. Este asunto provoca cada vez más tensiones entre los judíos de ambas naciones.

Algo similar ocurría en la época de Jesús, donde había al menos tres corrientes: los fariseos y saduceos, de los que habla el Nuevo Testamento, y los esenios, los cuales curiosamente no son mencionados en este.

Los saduceos
Supuestamente, el término saduceo proviene del sumo sacerdote de los tiempos del rey David, Sadoc. Su descendencia tenía el privilegio de ejercer como sumo sacerdotes. Sin embargo, los saduceos del primer siglo se preocupaban tan solo en defender sus privilegios, desechando el oficio sacerdotal y de enseñanza que Dios les había dado (véase Hechos 23:8). A causa de este descuido, surgen los fariseos: hombres que sin tener descendencia sacerdotal asumieron el ministerio de la enseñanza, surgiendo a partir de allí el cargo de rabino. A pesar de esto, después de la destrucción del Templo de Jerusalén, los sacerdotes perdieron relevancia.
Por lo tanto, el judaísmo rabínico actual no se basa en un cargo heredado por las familias sacerdotales. Por otra parte, las familias sacerdotales son las únicas en el pueblo de Israel que todavía guardan registro de su linaje, pues son los únicos con la autoridad de pronunciar la bendición aaronita en las sinagogas.

Los esenios
Es bastante peculiar que los esenios no sean mencionados en el Nuevo Testamento. Hoy sabemos que se trataba de un movimiento influyente en el judaísmo del siglo i, que no solo estaban en Qumrán. El nombre esenio es la forma griega de la palabra hebrea chassidim: ‘fiel’ o ‘piadoso’. Sin embargo, ellos se autodenominaban “hijos de la luz”.

Algunos comentaristas afirman que en Lucas 16:1-13, en la parábola del mayordomo injusto, Jesús se refirió a los esenios: “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz” (v. 8).

¿A quiénes tenía en mente Jesús cuando dijo “hijos de la luz”? Es probable que no se haya referido de esa manera a sus discípulos–es obvio que pensaba en otras personas, reconocibles por los demás. Los esenios eran conocidos por aislarse y apartarse todo lo posible de la “la riqueza mundana”. Por lo tanto, parece lógico que estuviese refiriéndose a ellos. El dinero puede ser la raíz del mal, pero también una fuente de bendición; esto es lo que Jesús quiso enseñar con la parábola.

Diferentes agrupaciones esenias
Se solía pensar que los esenios se encontraban tan solo en Qumrán, pero ahora sabemos que tenían representación en todo el pueblo. Podemos suponer además que los primeros seguidores de Jesús procedieron de estos círculos. Las Escrituras dicen del sacerdote Zacarías, el padre de Juan el Bautista, y de su esposa Elisabet: “Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lc. 1:6). No dice que pertenecieran a los saduceos, aunque Zacarías era sacerdote, ni que vivieran según los estatutos de los fariseos, sino tan solo que caminaban según los estatutos del Señor, algo muy aplicable a los esenios, los “fieles”.

En Hechos 6:7 leemos: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”. Este versículo, que generalmente recibe poca atención, es de gran importancia. En Jerusalén, entre los sacerdotes considerados saduceos, había muchos que no se conformaban con el sistema y simpatizaban en secreto con Jesús. Al parecer, muchos de ellos fueron más tarde sus seguidores.

¿Por qué solo sobrevivió el fariseísmo?
La secta de los fariseos ya dominaba el judaísmo de la época. Como ya se ha dicho, con la destrucción del Templo, el sacerdocio perdió definitivamente su importancia y los fariseos asumieron el liderazgo religioso. Un gran número de antiguos sacerdotes, quienes probablemente simpatizaban con los esenios, aceptaron posteriormente la fe en Jesús, como suponemos por el pasaje de Hechos 6:7. Sin embargo, ¿qué pasó con los esenios no creyentes?, ¿ha sobrevivido algo del judaísmo esenio? Hasta 1986, la respuesta era no. Sin embargo, ese año, el Dr. Solomon Schechter, de la Universidad de Cambridge, hizo un sensacional hallazgo en la sinagoga Ben Ezra de El Cairo.

Los judíos acostumbran a no desechar ningún manuscrito, por más gastado que se encuentre, que tenga escrito el nombre sagrado de Dios (Yahvé), por lo que los guardan en un lugar acondicionado llamado genizá. El equipo del Dr. Schechter encontró en la genizá de El Cairo unos 193,000 manuscritos y documentos, que curiosamente se encontrarían más tarde, en 1946, en Qumrán, cerca del mar Muerto.

Los caraítas
La sinagoga Ben Ezra de El Cairo no es una sinagoga común y corriente, sino que pertenece a los caraítas, un grupo singular dentro del judaísmo. El nombre caraíta (o karaíta) proviene de la palabra hebrea kore: ‘lectura de la palabra escrita’.

¿Qué tienen de especial los caraítas? Ellos reconocen la autoridad divina tan solo en los escritos del Antiguo Testamento, a los cuales subordinan todas las obras posteriores. Podríamos considerarlos como los “protestantes del judaísmo”, en un paralelismo con los reformadores, quienes solo consideraban las Sagradas Escrituras como inspiradas por Dios y suficientes en sí mismas. En la actualidad, hay unos 40,000 caraítas en Israel; sin embargo, no se les reconoce oficialmente como judíos de pleno derecho: los judíos ortodoxos determinan quién es judío y quién no. Para ellos, solo aquellos que reconocen el Talmud como única autoridad divina, son realmente judío.

Cuando se trata de un matrimonio mixto entre caraítas y otras ramas del judaísmo, los caraítas deben “convertirse” primero al judaísmo si quieren que sus hijos sean reconocidos como judíos de pleno derecho. Por cierto, esto también se aplica a los judíos etíopes y de otros países de origen que no conocían el Talmud en absoluto.

El material escrito encontrado en El Cairo, hace suponer que los caraítas son un remanente de los esenios. Además de Egipto, los caraítas vivían en la península de Crimea y otras regiones de Rusia. En la época del Segundo Templo, había una colonia griega en Crimea, que incluso entonces tenía una población judía. Es de suponer que entre ellos se encontraban los esenios, los cuales conservaron en parte sus tradiciones hasta nuestros días. Así que podríamos decir que algo del judaísmo esenio ha permanecido.

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