Lo absurdo de los disturbios

Antje Naujoks

Hubo muchas vidas humanas y aún más heridos que lamentar. Sin lugar a dudas, el bienestar de los humanos siempre debería estar en el centro. Tener que lamentar víctimas es terrible. Mientras el espanto del mundo aumentaba con cada víctima nueva, a Hamás no solamente le da lo mismo que incluso niños pequeños sean afectados, incluso todo lo contrario, ya que estos dan lugar a los titulares deseados. Y con matiz cínico se puede agregar: cuanto más pequeños, tanto más deseables desde el punto de vista de Hamás, ya que entonces puede estar tanto más seguro de la empatía del mundo. Eso lo ilustra la muerte de un bebé palestino. Los palestinos –no solamente Hamás, sino también la Autoridad Palestina– tomaron como motivo la muerte de una niña de ocho meses, para una vez más retratar a Israel en palabra y caricatura como “infanticida”. Entretanto, los EE.UU. fueron la única voz del mundo que denunció públicamente, que Hamás nuevamente abusó de las personas como escudos vivos, y que no solamente enviaban niños a la frontera, sino que hacían esto sabiendo “que ellos podrían perder la vida”.

El mundo estuvo espantado por la muerte de una niña tan pequeña “a causa del uso de gas lacrimógeno israelí”. Prácticamente, no se percibió que fueron médicos palestinos que dudaron de la información de la familia, y más bien, responsabilizaron de la muerte a una enfermedad previamente contraída. Temporalmente, Hamás puso a la niña en la lista de víctimas, de las cuales Israel identificó a por lo menos diez como “combatientes de Hamás con intenciones terroristas”, es decir, en absoluto de civiles que hacían uso de su derecho democrático a la protesta. Irónicamente, fue los Hamás quien en lo sucesivo admitió, que en el caso de la gran mayoría de las víctimas fatales, se trataba de “combatientes de las filas propias”. Con eso, revelaron lo absurdo de la declaración, de que estas serían “protestas pacíficas que se identificarían con Gandhi, Luther King y Mandela”. A causa de estos lemas propagandísticos por todas partes, quizás se haya olvidado la más importante de todas las preguntas: ¿qué tienen que ver siquiera los niños y jóvenes en medio de acciones de ese tipo? Al menos un periodista, el francés Pierre Rehov quien informa para Le Figaro resumió este abuso brutal de menores en un video digno de ver, titulado Behind the Smoke Screen (Detrás de la Cortina de Humo).

Le espantó también al mundo, que los palestinos registraran mucho más que 2,000 heridos. También en cuanto a esto, a nadie se le ocurrió, que en este número también se tomó en cuenta personas que quedaron dañadas por acciones propias. Hamás, desde hace años, registra en las estadísticas usadas contra Israel a muertos y heridos, incluso cuando estos son dañados por “fuego propio”, cuando una vez más un misil lanzado contra Israel erra el objetivo, baja precozmente y causa daño a ciudadanos de Gaza. Así también, se encuentra entre las estadísticas de heridos que son imputadas a Israel, a personas que fueron dañadas al encender dragones de fuego o por proyectiles que fueron transportados a las filas propias por las catapultas de fabricación propia.

Del mismo modo, se puede denominar de absurdidad la formulación “derecho democrático a la protesta”. No pocos manifestantes se presentaron porque les esperaba una remuneración. Otros se encontraban bajo la presión de tener que mostrarse leales. En vista de la gran pobreza en la Franja de Gaza, los 3,000 dólares prometidos por Hamas a familias con víctimas fatales son una bendición financiera que desprecia la dignidad humana. Viajes de ómnibus gratuitos organizados por Hamás recogieron a muchos no tan voluntarios, y choferes que se negaban a realizar este trabajo, eran enviados a la cárcel.

Y si bien al comienzo de este artículo se hablaba de que la vida humana debería estar por encima de todo, todavía se puede plantear con asombro la pregunta: ¿dónde estaban realmente las voces que en otras oportunidades denuncian públicamente cada infracción ecológica por más pequeña que sea? Enormes cantidades de neumáticos incendiados, y áreas de cultivo agrario y bosques incendiados intencionadamente, son justificadas propagandísticamente con habilidad, y después de todo, parece que no es ecoterrorismo.

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