Las pérdidas de las congregaciones judías en el mundo entero

Antje Naujoks

Mientras el mundo se dedica a teorías de conspiración en conexión con el coronavirus, y en su curso atribuyendo a Israel, así como a los judíos todo tipo de intenciones malignas, muchas comunidades judías en el mundo entero luchan con pérdidas desproporcionadas.

En días de angustia en los que en Israel estaba a la espera de si el temido rebrote de infecciones del coronavirus ya estaba ocurriendo, Israel mira también al mundo judío. Y esta vez todo es diferente. En general es Israel quien envía pedidos de auxilio. Esta vez, la humanidad entera se encuentra en la misma situación y se ve confrontada con los mismos desafíos, de modo que por todas partes resuenan los llamados de auxilio. Cada vez llegan más pedidos de ayuda a Israel de judíos de otras partes. Comunidades israelíes en todo el mundo se ven especialmente afectadas, muchas de ellas en países como Francia, Gran Bretaña y Marruecos, pero también en el área metropolitana de Nueva York y otros estados de EE. UU., registran casos de fallecimientos exponencialmente superiores de lo que corresponde a su porcentaje de la población. Esta vez Israel, que hasta la fecha combatió la pandemia con relativo éxito, va a la ayuda de las comunidades judías en todo el mundo. El presidente de la Jewish Agency, Isaac Herzog, y la ministra para asuntos de la diáspora, Tzipi Hotovely, a fines de mayo, convocaron a una videoconferencia con líderes de las comunidades judías del mundo entero, para juntos explorar los desafíos inminentes. Algunas congregaciones judías, en Italia y Marruecos por ejemplo, han perdido personas claves de su liderazgo, de modo que las infraestructuras en las congregaciones deben ser establecidas otra vez. Pero de ahí en más, en el marco de estos encuentros virtuales cada dos semanas, se quiere discutir también cuáles son las necesidades más urgentes, qué medidas de ayuda serán las que mejor aliviarán necesidades y cómo prepararse juntos para el tiempo venidero. Juntamente con el Keren Hayesod y la Federación Judía de América del Norte, la Jewish Agency dispuso de diez millones de dólares estadounidenses para préstamos. Y casi inmediatamente llegaron solicitudes de comunidades judías de 15 países, de modo que en la Jewish Agency ya hace tiempo están ocupados en aumentar la suma para la ayuda por medio de donaciones.

Israel cuenta con 6.7 millones de ciudadanos judíos, de modo que la mayoría del pueblo judío vive en la diáspora, alrededor de ocho millones. Después de tres meses en que el virus hacía estragos fuera de China, emerge una imagen triste. Los judíos en algunos países sufrieron pérdidas mucho más altas de lo que corresponde a su parte de la población general. Eso se aplica, por ejemplo, a Francia. A fines de mayo de 2020, el país registró unas 28 000 muertes por COVID-19. Como en Francia –al igual que en otros países– las estadísticas oficiales no contienen la pertenencia religiosa de los fallecidos, por lo que se tiene que utilizar los datos de las comunidades. Francia cuenta con medio millón de judíos, la comunidad judía en la diáspora más grande después de los EE. UU. La mayor parte de esta comunidad judía se concentra en París y en Estrasburgo, donde se registraron tasas de infección más altas que en otras regiones de Francia. En las dos ciudades, según se escuchaba de las congregaciones, falta espacio en los cementerios judíos. Sin ser por el coronavirus, recién en algunos años tendría que haberse considerado una ampliación de los sitios de sepelio. Por el momento, el número de las víctimas judías de la pandemia en Francia es estimado en aproximadamente 2000 personas. El país cuenta con alrededor de 67 millones de habitantes, de modo que la comunidad judía ni siquiera corresponde al uno por ciento de la población, no obstante, corresponde a un siete por ciento del total de las víctimas determinadas.

Esta relación es aún más alarmante en Marruecos: en este país del norte de África, que en un tiempo contenía una comunidad judía floreciente, quedan alrededor de 2000 judíos. Ellos no representan siquiera el 0,01 por ciento de la población total, sin embargo, la congregación registra el diez por ciento de las víctimas fatales del COVID-19 de Marruecos. Entre los mismos hay líderes de renombre, como también familiares de israelíes prestigiosos, siendo uno de ellos el político Amir Peretz. No es muy diferente en Gran Bretaña. Aquí, la comunidad judía cuenta varios centenares de muertes. Los judíos de Gran Bretaña, cuya mayor concentración se encuentra en Londres, ascienden al 0.3 por ciento de la población total. La tasa de fallecimientos entre judíos de ese país es seis veces más alta que entre la población en general, ya que el 1.7 por ciento de todas las defunciones son de judíos. Pasando el océano, en dirección a los EE. UU., uno prefiere cerrar los ojos en perspectiva de estas estadísticas. También aquí, sobre todo en el área metropolitana de Nueva York, y también en los estados Pensilvania, Illinois, California, Michigan y Florida, los judíos están afectados de manera desproporcionada, del mismo modo que en Italia, en los Países Bajos, en Argentina y en Brasil (aquí el 0.05 % de la población total, pero alrededor del 1 % de los fallecidos).

De forma sorprendente, es distinto en un país como Bélgica, que con respecto al tamaño de su población, registra una tasa de fallecimientos tres veces superior a la registrada en EE. UU. (aunque Bélgica es uno de los pocos países que también incluye fallecimientos que sucedieron en casa, y al mismo tiempo, por principio, apuesta al cuidado a domicilio de los adultos mayores). Aquí se concentra la comunidad judía con un total de 40 000 miembros, que se distribuyen en partes iguales entre Bruselas y Amberes. Estas ciudades se vieron afectadas muy fuertemente, no obstante, a mediados de mayo entre los cerca de 8000 fallecimientos había tan solo algunas pocas decenas de judíos. Una imagen similar se desprende para México, donde habitan 50 000 judíos. En ambos países, así indicaron los líderes de las congregaciones, las instituciones judías se cerraron con especial anticipación, y los liderazgos de las congregaciones emitieron códigos de comportamiento extremadamente severos junto a campañas de explicación extensivas.

Naturalmente, en todos los países hay factores diferentes que juegan un papel, entre los que están, no solo la estructura por edades, sino también la densidad demográfica y el estatus socioeconómico. Pero se desprende cada vez más con mayor claridad, que justamente las congregaciones que llevan una vida familiar y comunitaria intensiva, se ven afectadas desproporcionadamente con base en su modo de vida. Esto no solo se aplica para las comunidades ultra ortodoxas en los EE. UU., como los barrios de Nueva York como Borough Park, Williamsburg y Crown Hights, sino también para Israel. Aryeh Deri, ministro de asuntos de interior de Israel, quien es del partido ultraortodoxo sefardí Shas, ya a principios de mayo 2020 se expresó en público sobre el hecho que el 70 por ciento de los casos infectados en Israel son ultra ortodoxos, a pesar de que ellos representen apenas el diez por ciento de la población. Él dijo muy claramente que esto tiene que ver con la vida comunitaria, pero que también se debe a que muchos líderes de renombre se jacten de mantener sinagogas y centros de estudio judíos abiertos en cualquier circunstancia. Él llamó a las congregaciones a “reflexionar y reconsiderar mentalmente”, porque “por un lado, Dios mantiene Su mano protectora sobre nosotros, pero por el otro lado, tiene un mensaje para nosotros”.

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