Las fiestas judías en otoño - Parte 2

Antje Naujoks

La primera parte estuvo dedicada al Año Nuevo judío y a los Diez Días reverentes. Estos culminan en el feriado más importante del pueblo judío: el día de reconciliación –Yom Kippur, que sin interrupción pasa al mandamiento de comenzar a levantar las enramadas.

Los días anteriores a Yom Kippur son un tiempo de reflexión; uno se esfuerza por corresponder a las demandas de Dios y a disculparse con su prójimo por los agravios cometidos, ya que mientras las personas no se hayan reconciliado entre ellas, no pueden recibir el perdón de Dios. En tiempos pasados, en ese día se presentaban sacrificios especiales en el templo, en Jerusalén. Solamente en ese día se le permitía al sumo sacerdote pasar al Lugar Santísimo, representando al pueblo, para allí pedir el perdón por los pecados. En Yom Kippur, que aún se sigue celebrando después de la destrucción del Segundo Templo, se ayuna. El ayuno estricto es precedido por la “comida que interrumpe” (Arucha Mafseket). A partir de las 14 horas, o sea pocas horas antes del comienzo de Yom Kippur, el país se detiene: no hay emisiones de radio ni televisión y el tránsito se detiene, lo que también significa que no funcionan los medios de transporte públicos, e incluso los aeropuertos y puertos marítimos están cerrados. Yom Kippur, no obstante, exige aún más preparaciones. Si bien la mayoría de la población judía lleva una vida secular, casi el 80 por ciento de la sociedad judía de Israel ayuna ese día. Es un día especial, con significado, tradición y atmósfera especiales. En el día de Yom Kippur se puede observar que dos comunidades celebran el día paralelamente, se atienen a ciertas costumbres o, por lo menos, las respetan piadosamente, aunque ignoran otras. A la comunidad secular no se le ocurre comer, tomar, fumar o usar el automóvil en público. Al mismo tiempo, los padres seculares, a diferencia de los padres judíos piadosos, no están ocupados en preparar vestimenta blanca y chancletas (los zapatos de cuero están prohibidos). Ellos más bien preparan las bicicletas y las patinetas de sus hijos, ya que para esa parte de la población es una noche y un día en que las calles pertenecen a los vehículos no motorizados. Esa parte de la población se queda en pie toda la noche y celebra así su Yom Kippur, pero a su vez a nadie se le ocurriría poner una película a todo volumen ni, incluso, hacer ruido con la loza.

En Levítico 16:29-31 dice: “Y esto tendréis por estatuto perpetuo: en el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo”. Los judíos religiosos pasan la mayor parte del tiempo de Yom Kippur en la sinagoga, ya que ese día se celebran cinco servicios religiosos. No se ingiere nada, pero también cosas como lavarse, peinarse, maquillarse, y otras por el estilo, así como también las relaciones matrimoniales, están prohibidas en ese día. No se ocupan de las cosas materiales, sino del regreso arrepentido a las raíces del alma. El punto culminante del día es alcanzado con la oración Kol Nidre. Ese es el momento en que se cierran las puertas del cielo, que están abiertas el día entero. Es una oración conmovedora, que hace que también muchos de los seculares vayan a la sinagoga, y que termina con el clamor del “Shema Israel”, “Escucha Israel… el Eterno es único” y con un tono único del Shofar y de la proclamación “El año próximo en Jerusalén”.

Los judíos creyentes recién vuelven a comer después del Hawdala (literalmente: separación, un rito que confirma el pasaje de lo sagrado a lo profano). Otros que han comido, aunque mayormente solo comidas frías, preparadas de antemano, ahora vuelven a prender la cocina y el horno. Por casi 26 horas todo está quieto, de modo que aun en las metrópolis se puede escuchar caer un alfiler. Al terminar el Yom Kippur, entonces nuevamente se escucha el ruido normal del día a día, en el cual, sin embargo, se mezcla otro ruido. Por todas partes se escuchan golpes y martilleo, ya que la próxima fiesta está a la puerta: Sukkot, la fiesta de los tabernáculos.

Es considerado como un mandamiento religioso (Mitzwa), el hecho de que inmediatamente después de Yom Kippur se comiencen a levantar las enramadas. Para terminarlas, no obstante, hay tiempo, ya que esta fiesta de siete días, con la consiguiente celebración de la Torá (Simchat Thorá), recién es celebrada el quinto día después de Yom Kippur. Realmente se necesita tiempo para terminar la enramada: no solamente porque muchos una y otra vez, desesperadamente, tratan de colocar correctamente las varillas de hierro, y tienen que juntar las hojas de palmera para poner por encima, sino que la sukka es decorada con guirnaldas, luces y símbolos religiosos de colores brillantes. La sukka debería estar bajo el cielo abierto, razón por la cual las familias religiosas la levantan en balcones sin techo, ya que según el código religioso (Halajá), a través de las hojas de palmera, se debe poder ver las estrellas. Las enramadas también pueden ser encontradas en jardines, ante las entradas de casas comunitarias y en estacionamientos. Muchas congregaciones tienen una gran sukka comunitaria, y los hoteles levantan ese tipo de sukka, ya que por lo menos las comidas deberían ser servidas en la enramada.

Sukkot es una de las tres fiestas judías de peregrinaje que han cambiado fuertemente en el correr de los siglos, lo que se refleja en la literatura bíblica y también rabínica. En Deuteronomio 16:13-14 dice: “La fiesta solemne de los tabernáculos harás por siete días, cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar. Y te alegrarás en tus fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones”. Recién después del exilio babilónico, Sukkot fue relacionada con la peregrinación del pueblo por el desierto después del éxodo de Egipto, de modo que de ahí en adelante también se acostumbró a vivir en la sukka. Pero eso en el día de hoy, en realidad, solamente es practicado por los ultra-ortodoxos, si bien para muchos niños es una gran diversión acampar en la enramada. A esto, no obstante, también se debe agregar que en Israel, donde hay mucho sol, en las horas de la noche, en ese período del año, puede hacer bastante frío.

Apoyándose en la antigua fiesta de la cosecha y en las ceremonias asociadas con la lluvia y la fertilidad, durante Sukkot se usan las Arba’a para los servicios religiosos en la sinagoga. Las Arba’a consisten en una hoja de palmera (lulav), tres ramas de mirto (hadassim), y dos ramas de sauce (arawot), juntamente con el etrog, un tipo de cidrera. Las Arba’a minim también juegan un rol en otros ritos, y también están presentes en la enramada, en la cual se canta y se habla hasta la noche.

Como en Números 29:35 dice: “El octavo día tendréis solemnidad; ninguna obra de siervos haréis”, a continuación se celebra Shmeni Azeret (“octavo (día) de reunión”), en el cual al final del servicio religioso se realiza además una celebración para recordar a los fallecidos. A eso le sigue el Simchat Thorá, la celebración de la Torá, que en la Edad Media se desarrolló como feriado independiente, cuando se impuso el ciclo anual para las lecturas de la Torá –o sea de los cinco libros de Moisés. Recordemos nuevamente que las costumbres de ese día a menudo se diferencian, según el trasfondo del origen de la congregación o comunidad, pero lo que todos tienen en común es que se lee el último versículo del libro de Deuteronomio y que, a continuación, se comienza el ciclo anual con el primer versículo del libro de Génesis.

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