Las fiestas judías en otoño - Parte 1

Antje Naujoks

El otoño trae consigo una serie de feriados judíos que animan a la reflexión. En Israel, las familias seculares también los festejan. Queremos informar primeramente sobre la fiesta de Año Nuevo y los días consecutivos.

En Israel, el año escolar comienza el primero de septiembre, pero apenas inician las clases, ya empiezan los feriados. Normalmente, el Año Nuevo judío (Rosh HaShaná), el Día de la Reconciliación (Yom Kippur) y la Fiesta de los Tabernáculos (Sukkot), caen en el paso de setiembre a octubre. En este otoño, sin excepción, se festejan en octubre, ya que en el calendario lunar del año judío (cada tres años) un mes bisiesto cambia el ciclo de feriados, del año 5777 que está a la puerta.

Como el calendario judío cuenta el día de tarde a tarde (“y fue la noche y la mañana, un día”, Gn. 1:5), el Rosh HaShaná (“Cabeza del Año”), en la noche del primer día del mes judío Tishre, se extiende a través de dos días, y marca el aniversario de la creación de la humanidad a través de la creación de Adán y Eva. En la noche, son mayormente los hombres los que se encuentran orando en la sinagoga, mientras que en las cocinas hogareñas se hacen los últimos preparativos para el banquete. Quien es muy religioso, tiene todo preparado a tiempo, antes del comienzo de la fiesta. Si bien la población judía de Israel en gran parte es secular, y otra parte, no pequeña, es de características tradicionales, todas las familias celebran esta fiesta, si bien con variaciones. En todas las mesas de banquete, sin embargo, se encuentran muchos platos con contenido simbólico, si bien la forma de preparación varía según el trasfondo de la descendencia de la familia: por ejemplo, el consumo de cabezas de pescado u ovejas; las rodajas de manzana mojadas en miel, para que el nuevo año llegue a ser “dulce”; y un pan blanco redondo trenzado (Chalá), que simboliza el entrelazado del pasado con el futuro, recuerda el ciclo del año, y cuyas rebanadas también son mojadas en miel. Tampoco faltan las semillas de granada, durante cuyo consumo muchos dicen: “que pueda ser tu voluntad que nuestros derechos se multipliquen como la granada”. Los hijos de las familias seculares, a menudo disfrutan de hacer una competencia: quién puede meter la mayor cantidad de semillas en la boca con palitos chinos en un minuto.

La siguiente mañana se caracteriza por el culto divino, que depende de la congregación dura de dos a siete horas. Las sinagogas están festivamente decoradas, predominando el color blanco, como símbolo de pureza. Es el día del testimonio, en que Dios es adorado y en que, en Su honor, en la oración matutina –a no ser que sea un día sábado– tiene lugar el sonar del Shofar, el cuerno de carnero. Es una Mitzwa, un mandamiento religioso, en que la realización de una secuencia de tres tonos diferentes es acompañada por dos bendiciones. Ya en la temprana literatura rabínica se establecen varias razones para el sonar del Shofar, como por ejemplo el recordar la revelación en el Monte del Sinaí (Éx. 19:19), el mensaje de los profetas (Ez. 33:4-5), y el pensar en el día del gran juicio (Yom HaDin HaGadol, Sof. 2:14-16) y en la “recolección de los dispersados” (Is. 27:13). No obstante, los tonos también están pensados para hacer que la gente, al mismo tiempo, tiemble de reverencia (Amós 3:6). Finalmente, es un llamado al arrepentimiento, acerca de lo cual el erudito y médico judío, Moshe Ben Maimon, llamado también Maimonides, en el paso del siglo XI al siglo XII, escribió en su obra Hilchot Tshuwa (cap. 3:4): “Despertad, vosotros los durmientes, de vuestro sueño… Examinad vuestras obras, regresad y recordad a vuestro Creador. Vosotros, que habéis olvidado la verdad a través de la vanidad del tiempo, vosotros, que… habéis fallado, mirad las profundidades de vuestra alma, mejorad vuestros caminos y vuestras acciones”. Como se intenta comenzar el año con una reputación intachable, muchos judíos creyentes, a su vez, van a un lago o un río y oran el Tashlij: “Sí, echarás en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (Mi. 7:19), simbolizando a través del tirar piedritas o migas de pan, el tirar sus pecados.

Rosh HaShaná es una fiesta con una atmósfera reverente y silenciosamente piadosa, que en el tiempo anterior a la misma, en el moderno Israel naturalmente, también está conectada con bastante comercio. Como las familias a menudo se reúnen varias veces con un amplio grupo de huéspedes, en las semanas y días anteriores reina el ajetreo correspondiente, entre otros, en los supermercados. Los días después, hasta Yom Kippur, no son un tiempo alegre, ya que los Diez Días Reverentes (Jamim Norai’im), iniciados con la fiesta de Año Nuevo, hacen recordar el rol de Dios como Juez del universo. Son días en que términos como moral, examen de conciencia y espiritualidad se encuentran en primer plano, y los pecadores tienen la oportunidad de comenzar el año nuevo con una “página en blanco en el libro”. Según la tradición judía, se abren tres libros: uno para los malos, uno para los justos y uno para los mediocres. Los justos inmediatamente son inscritos en el Libro de la Vida y reciben el “sello de la vida”, mientras que los malos son inscritos para la muerte y con eso reciben el “sello de la muerte”. Los mediocres son “dejados en espera” hasta Yom Kippur, y si entonces se lo merecen, son inscritos para la vida, de otro modo para la muerte. Esos libros son abiertos, la inscripción es realizada, pero la misma no es sellada, ya que Dios, según la tradición judía, no toma decisiones precipitadas.

En ese tiempo, que también es denominado como Días de Conversión, muchísimos más judíos oran las oraciones diarias y cumplen con los ritos. Entre estos, también está el Ayuno Guedaliá que sigue a la fiesta de Año Nuevo. Guedaliá fue un gobernador judío, a quien los babilonios instituyeron después de la destrucción del Primer Templo. El pueblo lo culpó a él de su destino desgraciado y lo mató. Si bien no está claro si Guedaliá verdaderamente fue asesinado el día después de Año Nuevo, el mensaje de los días de ayuno está claro: si nos va mal, no debemos buscar la culpa en otros, sino en no-sotros mismos.

El tiempo transcurrido entre Rosh HaShaná y Yom Kippur, en Israel, son días con una atmósfera y costumbres muy especiales. Las comunidades askenazis y sefardíes, o sea el judaísmo de características europeas y el de características orientales, cumplen ritos diferentes, pero todos se esfuerzan por poner en práctica sus buenos propósitos, se muestran caritativos y, aún antes del amanecer, oran los Selijot (peticiones de perdón), de los cuales existen diversas categorías que se orientan en los 13 atributos de la misericordia divina (Éx. 34:6-7). En Jerusalén, para esos días se ofrecen visitas turísticas guiadas, desde la tarde hasta pasada la medianoche, para experimentar en las calles de las comunidades religiosas estrictas los llamados a la oración, así como los cantos que resuenan en las sinagogas. En ese tiempo, también se lleva a cabo una tradición más, la cual en el Estado de Israel también ha alcanzado excesos modernos: como en Yom Kippur son perdonados los pecados contra Dios, pero no los que son cometidos contra otras personas, familiares, amigos y conocidos, piden perdón, también, antes de este feriado importante. En el moderno Estado de Israel, esto significa recibir incontables de texto o mensajes de Whatsapp.

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