La paradoja de Amona

ZL

Los acontecimientos relacionados con el desalojo del pequeño asentamiento ilegal, fortalecen el estatus de los asentamientos en Judea y Samaria y, al mismo tiempo, representan un peligro.

Amona se llama la localidad que se compone tan solamente de 40 casas sobre una pequeña colina, no muy lejos del asentamiento Ofra. Esta pequeña comunidad podría convertirse en un mojón en la historia de los asentamientos israelíes en Judea y Samaria, al igual que con respecto al conflicto israelí-palestino. Cuando estas líneas sean publicadas, ya no existirá el asentamiento original Amona, fundado hace 20 años atrás. Dicho asentamiento fue desalojado después de largas luchas jurídicas y un fallo del Tribunal Supremo, el cual como instancia superior determinó que se trata de un asentamiento ilegal en tierras palestinas privadas. En 2006, el Tribunal Supremo había dictado un fallo similar, tratándose en ese caso de nueve casas de este asentamiento. Los habitantes se opusieron al desalojo, llegándose a confrontaciones violentas entre policía, ejército y colonos, apoyados estos por miles de personas. En ese entonces, hubo que atender a 216 heridos en los hospitales. Las casas correspondientes fueron derribadas.

Las implicaciones ideológicas, políticas, y relacionadas a la imagen, contenidas en la repetición de un escenario de ese tipo, convirtieron a Amona en un símbolo y determinaron la manera en que la coalición conservadora de derecha del primer ministro Netanyahu debía manejar este asunto. Dos de los partidos de la coalición, el Likud y HaBeit HaYehudi, que ambos luchan por el numéricamente relevante electorado de los colonos de Judea y Samaria, intentaron aventajarse mutuamente con la presentación de soluciones bastante radicales, ya que tenían claro que el desalojo del asentamiento tendría consecuencias negativas para ellos en las próximas elecciones. Los colonos de Amona rápidamente reconocieron este punto débil de la política, e intentaron aprovechar la situación para poder quedarse en el lugar. Este es el trasfondo de la nueva y aprobada a toda prisa “ley de regulación” que, en definitiva, dice que los colonos en Judea y Samaria, que colonizan tierras palestinas privadas, pueden vivir en las mismas si indemnizan a los dueños legítimos. En esta ley, se introdujo una cláusula que dice que estas disposiciones también son válidas en forma retroactiva, es decir, también para Amona, que de este modo podría evitar el desalojo. Pero la justicia israelí protestó contra eso. El asesor jurídico del gobierno anunció que él no podía luchar a favor de una ley de este tipo, porque la legitimación retroactiva de Amona representaría una dura infracción contra la jurisprudencia vigente y contradeciría el fallo del Tribunal Supremo. Siguió diciendo que la ley infringe contra la ley del Derecho Internacional, ya que declara como admisibles a docenas de asentamientos que fueron fundados sobre tierras privadas de palestinos, y que en el mundo son considerados como ilegales. Más allá de eso, el asesor jurídico del gobierno señaló que una aprobación definitiva de esa ley podría significar para algunos de los responsables–entre ellos el primer ministro Netanyahu, algunos ministros del gobierno, funcionarios tales como oficiales de las Fuerzas Armadas Israelíes–que se inicie contra ellos un proceso en el Tribunal Supremo Internacional en La Haya.

Los líderes de los partidos Likud y HaBeit HaYehudi, Netanyahu y Naftali Bennet, rivales políticos acérrimos, se encontraron ante decisiones complicadas: el sostenimiento de los asentamientos en la Gran Israel, sobre la base de las promesas bíblicas que consideran a Cisjordania como territorio ocupado, el apoyo a los colonos por medio del gobierno y la amenaza de un proceso en La Haya.

Se debe tomar una decisión. La que se negoció anteriormente apoyaba ideológicamente la política de colonización. Se decidió seguir luchando a favor de la aprobación definitiva de la ley de regulación. No obstante, a causa de la negativa del partido de coalición Kulanu, dirigido por Moshe Kachlon, al mismo tiempo se decidió cambiar el proyecto de ley para que Amona no estuviera incluida; de modo que el asentamiento será desalojado. Pero los habitantes, por el momento, serán alojados en la misma colina. En otras palabras, el asentamiento es solamente transferido a otras tierras. En contrapartida, los colonos reciben para ellas una legitimación jurídica de alrededor de 5,000 casas, que por docenas fueron edificadas por otros asentamientos en tierras palestinas privadas. Los habitantes de Amona, a cuyas expensas esto es disputado, están enfadados. Ellos han rechazado la regulación y con eso también el desalojo, declarando no irse voluntariamente, de modo que todos saben: el desalojo nuevamente producirá confrontaciones violentas. Aun así, la mayoría de los conservadores de derecha declararon que se atendrán a la ley vigente, si bien en todo sentido se aprovechará el Estado de derecho para evitar la fundación de un estado palestino en las regiones. Al mismo tiempo, tampoco callan aquellas voces, también de los conservadores de derecha, que advierten contra los peligros y las complicaciones que conllevará el dominio sobre millones de palestinos en un estado bi-nacional.

El mundo reaccionó, como era esperado, con un fuerte rechazo. El ministro del exterior estadounidense John Kerry, quien ya no estará en el cargo al publicarse estas líneas, la ONU, la UE y algunos otros países, se han expresado altamente preocupados, en tonos bastante fuertes, sobre la aprobación de una ley de ese tipo, señalando nuevamente que los asentamientos israelíes en Cisjordania son un “obstáculo para la paz”, y que infringen contra el derecho de  la “fundación de un estado palestino”. Algunos diplomáticos israelíes consideran que esta reacción, en el futuro, encontrará su expresión en resoluciones anti-israelíes, y que podría llegarse a que el Consejo de Seguridad de la ONU imponga sanciones contra Israel. Además, temen que todos los proyectos de colonización seguirán sufriendo campañas de deslegitimación. Ante este trasfondo, fácilmente podría ser que, al momento de publicarse estas líneas, la aprobación definitiva de la ley de regulación siga estando pendiente. En Israel se ha comprendido que el único factor que puede corregir la imagen internacional torcida, es el recién elegido presidente estadounidense Donald Trump, y que por eso podría ser conveniente dejar en paz todos los procesos alrededor de esta ley, hasta que su línea política esté más clara.

ContáctenosQuienes somosPrivacidad y seguridad