La larga vida de sobrevivientes del Holocausto

Antje Naujoks

En la actualidad, en Israel, viven alrededor de 180,000 sobrevivientes de los asesinatos en masa del pueblo judío realizados por los nacional-socialistas. Se trata de personas de edad avanzada con problemas de salud múltiples. Aun así, ellos llegan a ser mucho mayores que muchos otros israelíes.

Desde el fin de la guerra en 1945, han pasado casi 74 años. La generación de personas judías que sobrevivieron las persecuciones de los nacional-socialista son de edad avanzada a muy avanzada. Hace mucho tiempo ya que se está públicamente consciente de que muchos de ellos, desde entonces, luchan con problemas psíquicos. La lista de síntomas es larga. Pesadillas, flashbacks (escenas retrospectivas) y fobias llevan, en muchos casos, a problemas para conciliar el sueño y a insomnio. Los sobrevivientes se las tienen que arreglar con inquietudes y tensiones, pero también con miedos, presiones y otras limitaciones.

Pero eso no es todo: todos los que a una edad temprana pasaron por el Shoá, quedaron no solamente con heridas a causa de maltratos, sino que también están marcados por las enfermedades comunes de aquel tiempo como fiebre tifoidea, disentería y amebiasis, al igual que por la desnutrición persistente. Estas personas, cuyas almas hasta el día de hoy sufren por los horrores de ese tiempo, luchan con una gran variedad de problemas de salud.

A los sobrevivientes del Shoá, les corresponden pensiones especiales para facilitarles la vida diaria. Lastimosamente, no solo en Israel existe el fenómeno de sobrevivientes del Shoá empobrecidos. La condición de salud de cuerpo y alma de esta gente está exactamente documentada a través de muchos años. Los científicos del Instituto Maccabi Kahn para Investigación e Innovación estudiaron a 38,500 sobrevivientes del Shoá nacidos en Europa entre 1911 y 1945, y en un grupo comparativo a 35,000 personas que durante ese período habían nacido en el Israel pre-estatal. Los datos de los estudios fueron reunidos a través de dos décadas (1998-2017) entre personas aseguradas con el seguro de enfermedad israelí Maccabi. Para la selección se tuvo en cuenta género, edad, estatus económico e IMC (índice de masa corporal).

Al analizar los datos, quedó claro que justamente estas personas, a pesar de una multitud de dolencias, llegan a ser especialmente longevas. En Israel, el índice de mortalidad de ellos es 25.3 por ciento menor que en el grupo de la población general (41.1%). Como resultado, los sobrevivientes del Shoá llegan a una edad promedio de 84.8 años, lo que está a unos siete años por encima del promedio de edad general de 77.7 años.

En principio, los investigadores parten de la base que la experiencia de un genocidio al cual una persona está expuesta por más de cinco años, es dañina para “el bienestar psíquico y físico del afectado” y conlleva trastornos postraumáticos. ¿Cómo se explica entonces, que justamente esas personas a menudo llegan a una edad superior a otros? Las tesis que los científicos publicaron recientemente causaron discusiones entre expertos.

Los científicos de Maccabi sostienen que los sobrevivientes del Shoá demuestran una competencia de salud alta, ya que a ellos les eran especialmente importantes los exámenes médicos de rutina, al igual que medidas de prevención, para mantenerse con la mejor salud posible. Además de eso, los científicos de Maccabi consideran que la resistencia que les ayudó a sobrevivir el Shoá, también contribuyó a que ellos en lo subsiguiente reaccionaran con menos estrés a las consecuencias de efectos secundarios relacionados con enfermedades, que ellos “presentaban optimismo, flexibilidad cognitiva, mantenían redes sociales de apoyo y se preocupaban por su bienestar físico personal”.

Muchos afirmaron que ciertos aspectos de estas conclusiones realmente surten efecto, pero que muchas personas que sobrevivieron el Shoá muestran síntomas psíquicos que fueron todo menos positivos para las redes sociales, como tener dificultades y hasta incapacidad de sentir emociones o incluso amor y alegría y poder demostrarlos, ataques de ira y una desconfianza obsesiva. Esto, a menudo, tenía repercusiones negativas en el lugar de trabajo, tenía consecuencias para la estructura familiar y a muchos no les permitía establecer relaciones amistosas. Muchos sobrevivientes del Shoá, además, hace décadas que luchan con pensamientos de suicidio, lo totalmente contrario a optimismo, y además llevan una vida marcada por actos compulsivos. Un psiquiatra especializado en esta área desde hace años opinó que el control constante de si puertas y ventanas verdaderamente están trancadas, reacciones de sobresalto cuando suena el timbre, poder dormir solo con la luz encendida, temores de persecución en la calle y pánicos de lo más fuertes cuando Israel está en estado de guerra, dejarían poco lugar para “flexibilidad cognitiva”. Si además se tiene en cuenta que muchos sobrevivientes no solo están solitarios, sino que también viven en dificultades económicas, de modo que deben decidir si compran medicamentos o comestibles, uno no debería ocuparse de intentos de explicar la razón por qué estas personas llegan a ser mayores que otros, sino preguntarse rápidamente, qué se puede y debe hacer para dar a estas personas una vejez tan digna como sea posible a pesar de su condición emocional y física.

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