La crónica de los altercados

Mori Lidar

La pelea por un edificio insignificante sobre el Monte del Templo amenaza con llevar a una nueva ola de violencias al igual que a tensiones con el mundo musulmán.

“El Monte del Templo está en nuestras manos”, esas fueron las palabras que trasmitió el profundamente conmovido Motta Gur, comandante de la unidad de paracaidistas de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI), el 7 de junio de 1967. Estas palabras se han grabado profundamente en la memoria colectiva de Israel; fue como si se anunciara el tiempo del fin. Pero entre este radiograma por un lado, y su significado y la realidad por el otro, existe un abismo enorme. Al mando en el lugar no está Israel, sino el Waqf, que se encuentra bajo supervisión jordana o de la Autoridad Palestina (AP). En realidad, el verdadero soberano sobre el Monte del Templo siempre es aquel, que con el ego más grande opina que “el monte estuviera en su mano”.

Hace algún tiempo atrás, un grupo de activistas del Waqf lograron obtener acceso a un edificio cerrado en el Monte del Templo. Desde entonces lo tienen ocupado. Quién tomó la decisión en definitiva para este acto aún no estaba claro al cerrar la redacción, tampoco la razón por la cual la ocupación sucedió justamente en ese momento. Aun así, los comentadores y expertos israelíes están de acuerdo entre sí, que el incidente se relaciona con un desarrollo importante: el Waqf, aquella autoridad musulmana-religiosa que tiene la supervisión sobre esa área, cada vez pierde más el control sobre lo que sucede allí.

El lugar del Monte del Templo, del cual se trata aquí, en árabe se llama Bãb ar-Rahma, “Puerta de la Compasión”. Esta puerta que se encuentra en la parte este del muro de la ciudad, es la única puerta que lleva directamente al Monte del Templo. Los judíos creen, que a través de esta puerta haya subido la presencia de Dios al Monte del Templo, y que el Mesías entrará por ella a la Ciudad Santa. Para los cruceros era la puerta a través de la cual dos veces al año entraban las procesiones festivas, la Puerta de Oro a través de la cual Jesucristo entró a la ciudad. Que el gobernador otomano Suleiman el Magnífico la hiciera tapiar, se puede ver desde el Monte de los Olivos. Lo que sin embargo no se ve, es que esta puerta ahora es un edificio con espacio interior. Justamente este es el edificio que recientemente fue ocupado.

En 2005, la policía israelí lo hizo cerrar por haberse convertido en centro de actividades de una asociación conectada con Hamás y el Movimiento Islámico. En los últimos años, los miembros del Waqf repetidamente intentaron lograr una supresión del decreto policial para así nuevamente tener acceso al edificio.

En casi todas partes del mundo, una negación de suprimir las indicaciones policiales llevaría a los siguientes escenarios: entrega de una solicitud ante autoridades jurídicas superiores, manifestaciones pacíficas de ciudadanos comprometidos, al igual que una campaña en los medios de comunicación –o sencillamente aceptar la situación dada. Pero todo eso no viene al caso con el Waqf, porque aquí se trata del Monte del Templo, de todo o de nada. Aquí las leyes que valen son otras. Quien cede, así sea por un milímetro nada más, es considerado como el más débil y ha perdido el juego. En el Oriente Medio se entiende debilidad como una señal del fin inminente.  De acuerdo a eso es que el Waqf no administra ese lugar altamente sensible con diplomacia y tacto, ya que tanto frente a los israelíes como también del mundo musulmán se debe demostrar quién tiene todas las cartas en la mano, cueste lo que cueste.

Es por eso que accedieron con violencia al edificio y no solo hicieron oraciones allí, sino también realizaron visitas guiadas, y para estas, además de representantes de la prensa, también se invitó a diversas asociaciones políticas y religiosas que en 2017 habían sido responsables de los últimos alborotos fuertes en el Monte del Templo. Israel, que quería demostrar que el lugar en definitiva está sujeto a la soberanía israelí, convocó a los organizadores a una comparecencia, y cerró el acceso al edificio nuevamente con rejas metálicas. Esta reacción llevó a una reacción a la reacción: los palestinos no dudaron en organizar una manifestación masiva. Los manifestantes quitaron las rejas metálicas colocadas por Israel, entrando de a cientos al edificio para hacer oraciones. Además, lo organizaron de tal manera, que en todo momento hubiera algunas personas presentes. Ahora, la pelota otra vez estaba del lado israelí. Israel dudó en alejar a las personas del edificio a causa de los posibles informes negativos en los medios de comunicación. Por eso, se impuso una prohibición de visitantes para el Monte del Templo y se realizaron arrestos. Eso aun así llevó a confrontaciones, en cuyo curso, entre otros, fue incendiada la estación de policía que está en el Monte. Al cierre de redacción, las confrontaciones habían disminuido. Que Israel volviera a cerrar el edificio solo duró unos pocos días, ya que los palestinos rápidamente lograron el acceso otra vez. Ese es el estatus actual que con demasiada facilidad puede empeorar de nuevo.

Durante todo ese tiempo se podía percibir incitaciones constantes de parte de la AP. También las fotografías mostradas en las emisoras de televisión árabes eran unilaterales: en esta área de importancia religiosa, se veía exclusivamente soldados y policías israelíes con las armas en mano. Naturalmente, enseguida también circuló el clamor, de que se tendría que salvar la Mezquita Al-Aqsa del “agarre del diablo sionista”. En esto, enseguida se añadió el presidente turco Erdogan con sus diatribas bastante conocidas. Si se sacan conclusiones de los acontecimientos pasados, este lavado de cerebro propagandístico en definitiva podría llevar a alborotos graves. Una ola de ese tipo podría tomar no solamente a Jerusalén, sino expandirse también a Cisjordania. En ese caso podría ser que de ambos lados habría muertos –solo por un edificio insignificante sobre el Monte del Templo. Solo se puede tener la esperanza, de que alguien logre parar a tiempo una escalada de ese tipo.

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