La crisis humanitaria en la Franja de Gaza

Zwi Lidar

Los habitantes de la Franja de Gaza se encuentran en gran miseria, pero Hamás continúa invirtiendo millones en túneles de terrorismo y medios bélicos, rechazando toda responsabilidad por la población. Un mundo ignorante los apoya.

El rascacielos Burj Khalifa en Dubai es el edificio más alto del mundo, con 828 metros de altura y 163 pisos. En su construcción, se utilizó medio millón de toneladas de hormigón. Un oficial de las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF) expuso frente al diario israelí Yediot Acharonot, que “desde fines de la última operación militar (septiembre 2014) hemos suministrado a la Franja de Gaza más hormigón del que fue necesario para la construcción del Burj Khalifa. Con el hormigón que hemos entregado desde hace años no se ha construido ni un solo edificio alto en la Franja de Gaza. Para decirlo con exactitud, ni siquiera se construyeron edificios de un piso. Por eso es que uno debería preguntarse qué es lo que se hace entonces con todo ese hormigón”.

Naturalmente, este oficial del ejército israelí sabe muy bien para qué se utiliza el hormigón enviado por Israel a la Franja de Gaza. También lo sabría el mundo entero, en caso de que quisiera saberlo. Una parte del hormigón fue utilizado para la restauración de 90,000 de un total de 170,000 edificios dañados durante la última guerra. La mayor cantidad de este hormigón, no obstante, fue invertido en redes de túneles que Hamás hace construir en preparación para el próximo combate contra Israel. Cientos de millones de dólares estadounidenses, los impuestos de los habitantes de la Franja de Gaza y grandes donaciones provenientes de Irán fueron canalizados en la construcción de estas redes de túneles y para el equipamiento militar. Mientras que hacen desaparecer bajo tierra la riqueza que reciben, la Gaza sobre la tierra se encuentra “al borde de una crisis humanitaria”, expresándolo en las palabras del jefe de Estado Mayor israelí, Gadi Eizenkot.

Los habitantes de la Franja de Gaza viven con racionamiento de electricidad, el 95% del agua no puede ser consumida como agua potable, cientos de miles de metros cúbicos de aguas servidas sin filtrar fluyen diariamente al Mar Mediterráneo. Las reservas de medicamentos están casi agotadas, los hospitales cierran sus puertas, y aquellos que todavía ofrecen sus servicios, realizan tan solo cirugías de emergencia. A esto se agrega una tasa de desocupación del 50%. El comercio ha colapsado casi en su totalidad ya que la gente no tiene más dinero. La Autoridad Palestina (AP) que sigue en malos términos con Hamás, despidió a miles de empleados del gobierno, y los funcionarios que siguen trabajando reciben tan solo la mitad de su salario. En vista de una situación en la que faltan consumidores que puedan adquirir bienes, son cada vez menos las mercaderías que son importadas a la Franja de Gaza. Mientras que antes el número de camiones que pasaban la frontera hacia la Franja de Gaza era de entre 800 y 1200 por día, actualmente el número ha descendido a 300 por día.

Esta es una realidad cruda. Para cambiarla, se debe invertir una suma enorme de dinero, algo que nadie hace. Algunas semanas atrás, se llamó a una reunión de emergencia en Bruselas para representantes de todos los Estados que le hacen llegar donaciones a la AP. En dicha reunión, Israel presentó su plan de rehabilitación humanitaria para la Franja de Gaza, que también prevé la instalación de infraestructuras en el área de la desalinización de aguas de mar, el abastecimiento de electricidad y gas, al igual que la ampliación de industrias cercanas a la frontera con Israel. La realización de la propuesta israelí costaría alrededor de mil millones de dólares estadounidenses. Hasta ahora, no se ha hallado a nadie que voluntariamente ponga dinero para este plan. Ni siquiera Hamás está interesado en él: “Hamás no está dispuesto a desviar ni un solo dólar de su presupuesto militar para objetivos civiles”, señaló al respecto el ministro de defensa israelí Avigdor Liberman. Y de hecho, como reacción al plan israelí, el
líder de Hamás en la Franja de Gaza, Yahia Sinwar, anunció que todos los asuntos que tengan que ver con la población civil de la Franja de Gaza caerían bajo el área de responsabilidad de la AP. Esta, sin embargo, se niega a hacerse cargo, ya que Hamás no está dispuesto a adjudicarle la competencia para asuntos de seguridad en la Franja de Gaza. Hay un hecho indiscutible: los palestinos están peleados entre sí. Los ricos Estados Árabes del Golfo miran inactivos. Europa solo hace declaraciones de la boca hacia afuera. Pero todos tienen un culpable: Israel. Esto lo dejó claro, sobre todo, el enviado especial de la ONU, Nickolaj Mladenow, en un discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU.

Israel, que no es responsable de esta situación, se encuentra ante un dilema. “Si la casa de tu vecino está en llamas, no negocias sobre el precio del agua que sale de tu manguera”, dijo, en su tiempo, el presidente estadounidense Roosevelt. Si en la Franja de Gaza las aguas servidas siguen fluyendo libremente y las primeras pestes se cobran números récord de víctimas, con toda seguridad, en un momento próximo, ocurrirá un levantamiento de las masas. La gente de la Franja de Gaza realmente ya no tiene nada más qué perder. Israel, por el contrario, tiene mucho que perder, de modo que (siguiendo con la metáfora) prefiere tomar la manguera y abrir el grifo del agua. Por razones morales, Israel ya no puede seguir viviendo con esta crisis humanitaria ante sus propias puertas. Sencillamente, hay que ayudar a la población Franja de Gaza a salir de la miseria, y darle una perspectiva positiva para que los levantamientos que podrían afectar a Israel ni siquiera sean considerados.

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