La comunidad ultra ortodoxa de Israel y la pandemia

Antje Naujoks

Durante la primera ola del Covid, la ciudad Bnei Brak daba la esperanza que, a causa de la pandemia, se establecería una referencia favorable hasta ahora desconocida entre la sociedad ultra ortodoxa y la secular del país. Esta esperanza está desapareciendo.

Jerusalén es la ciudad más grande de Israel, de modo que no es de asombrarse que lidere la tabla regional de infecciones del Covid-19. Pero que la ciudad tenazmente se mantenga en la cima solitaria se debe a que tiene una cuota bastante alta de población ultra ortodoxa. Bnei Brak, en el área metropolitana de Tel Aviv, desde la primavera de 2020 ocupa el segundo lugar. Este es un centro urbano poblado casi exclusivamente por judíos ultra ortodoxos, con 220,000 habitantes. 

Los ortodoxos, y sobre todo el judaísmo ultra ortodoxo, llevan un estilo de vida que se diferencia fuertemente del entorno secular y religioso tradicional. Ese también es el caso de otros centros ultra ortodoxos, como por ejemplo los barrios de Nueva York, Borough Park, Williamsburg y Crown Heights. A primera vista puede que estos llamen la atención por una vestimenta relativamente uniforme en los hombres. Quien se mezcla entre esta población notará además, que hombres y mujeres mantienen distancia entre sí, a pesar de que en las calles y los negocios esté lleno de gente. En tiempos del Covid-19 el mantener distancia está en la boca de todos, pero en la ciudad ultra ortodoxa de Bnei Brak eso es sumamente difícil. Aquí viven 28,000 personas por kilómetro cuadrado; más que en Manhattan. Esta sociedad cumple la ordenanza que los hombres no deberían tocar a las mujeres, no solo en la esfera pública, sino también en la privada. A un esposo le es permitido tocar a su esposa tan solo en los «días puros» (Lv. 15:19). Además, son familias numerosas, ya que esta sociedad también honra otro mandamiento del Torá (Gn 1:28). Por eso es que en las familias ultra ortodoxas no es raro encontrar una docena de hijos. Una señora ultra ortodoxa de Jerusalén mantiene el récord del país de Israel con 19 hijos. 

Mientras que hombres y mujeres de esta comunidad evitan tocarse entre ellos, los hombres y las mujeres entre sí tienen tanto más puntos de contacto. A las mujeres se las ve con multitud de niños, de cochecitos doblemente ocupados hasta hijas adolescentes que cargan con sus hermanitas más pequeñas. Los hijos a partir de la edad escolar ya solo las acompañan de vez en cuando, ya que ellos viven en los internados de las Escuelas de Talmud-Torá. A pesar de eso se los encuentra en el entorno familiar, porque estas escuelas en realidad siempre están a la vuelta de la esquina. Muchos hombres estudian exclusivamente, o además de empleos de tiempo parcial, la mayor parte del día en centros de estudio religiosos. Allí, en grandes salas, a menudo se encuentra varios cientos de hombres codo a codo, que estudian y debaten las escrituras religiosas en grupos pequeños. Más allá de eso, ellos se reúnen tres veces por día en la sinagoga. 

Aquí entonces se vive en familias extendidas que además tienen que arreglárselas con viviendas pequeñas, ya que socioeconómicamente se hace sentir que los adultos no ejercen una actividad remunerada, o solo trabajan horas limitadas, y que aún así deben mantener a muchos hijos. Las familias extendidas por su parte acostumbran llevar una vida comunitaria intensiva, caracterizada por su religiosidad. Justamente en Bnei Brak el espacio público está densamente poblado. En la primavera, Israel se vio obligado a extender un confinamiento sobre esta ciudad ultra ortodoxa como uno de los primeros centros urbanos del país. Algo parecido sucedió durante la segunda ola, pero aún así hubo diferencias decisivas. 

En base a los datos de la Oficina Estatal de Estadísticas del Estado de Israel se puede partir de la base que, algo más del diez por ciento de la población del país pertenece a la comunidad ultra ortodoxa. Durante la primera ola, sin embargo, mucho más que la mitad de todas las infecciones de Covid en Israel recayeron en esta comunidad. El Ministro de Interior, Arye Deri, también judío ultra ortodoxo, en mayo 2020 criticó que los rabinos no habrían querido cerrar sinagogas y centros de estudio, y que varias corrientes menores incluso habían ignorado premeditadamente las prohibiciones. Él llamó a «reflexionar y a recapitular emocionalmente», ya que en conexión con la pandemia «Dios mantiene Su mano protectora sobre nosotros, pero por el otro lado Él tiene un mensaje para nosotros». Si bien se escucha, que cada vez son más los rabinos que hablan así, los números de Covid pronto volvieron a aumentar de forma inesperada en esta comunidad, y rompieron todos los récords. 

A fines de julio 2020, el número de infectados por 100,000 ciudadanos en la sociedad secular-judía se encontraba en unas 400 personas. En la sociedad ultra ortodoxa alrededor del 25 por ciento de todos los análisis fueron positivos, y por cada 100,000 ciudadanos había 1,450 infecciones de Covid. Los números siguieron aumentando, de modo que en septiembre 2020, más de la mitad de los pacientes de Covid en centros de cuidados intensivos eran ultra ortodoxos. Entre la población de Bnei Brak, la tasa de muerte era seis veces más alta de lo que se determinó en el promedio del país. 

En la primavera de 2020 se podía observar algo especial precisamente en Bnei Brak: la comunidad ultra ortodoxa, que rechaza el estado secular israelí, no solo aceptó con gratitud la asistencia del ejército durante el toque de queda–se perfilaba un acercamiento desconocido, incluyendo diálogos. Esto en muchos ciudadanos del Israel secular hizo nacer la esperanza, que en el futuro las cuestiones controvertidas pudieran ser solucionadas con mayor accesibilidad. Sin embargo, entre las dos olas de Covid, las Escuelas Talmud-Torá hicieron titulares periodísticos no solo con normas de higiene no cumplidas, sino también con bodas que iban contra todas las medidas de precaución. Luego se supo que algunos rabinos ultra ortodoxos habían dicho a sus comunidades que de ninguna manera se dejaran analizar por Covid, porque después de todo, como «positivo uno no puede ser excluido del estudio de la Torá». Eso causó gran indignación en la sociedad secular de Israel, e incluso ira en muchos casos, cuando aumentaron los ataques de ultra ortodoxos contra la policía y el ejército, que debían imponer el cumplimiento de los reglamentos gubernamentales. El destello de esperanza por una referencia benévola iba disminuyendo. La pandemia no parece crear solidaridad, sino que endurece los frentes. 

Pero incluso así uno debería observar mejor, porque aun cuando la sociedad ultra ortodoxa da una impresión extremadamente homogénea, precisamente eso no existe de modo alguno. Existen muchas corrientes diversas, que tomaron posturas bastante diferentes con respecto a la pandemia. Además de eso, este grupo de la sociedad de Israel, supuestamente cerrado y uniforme, está pasando por cambios dramáticos, porque los periódicos de pared tradicionales en los barrios ya solamente son portavoz para la generación mayor. Si bien la televisión sigue siendo mal vista, mucha gente joven ha reconocido el potencial del Internet en general y de las redes sociales en especial, y utilizan los mismos adaptados al «estilo kosher». 

Entre la primera a la segunda ola tuvieron lugar procesos marcadamente diferentes, y a pesar de eso, se puede ver las siguientes tendencias: la mayoría de las corrientes ultra ortodoxas rechazan el estado judío creado por mano humana. Aquí se cumple la Escritura, y se confía en las instrucciones de los rabinos que están al frente de las diversas corrientes. Eso también lo saben las autoridades estatales, razón por la cual una incriminación unilateral en cuanto a la enorme cantidad de contagios de Covid-19 en la primavera entre los ultra ortodoxos está fuera de lugar. Las autoridades publicaron comunicados que no responden al estilo de vida de esta comunidad–en cuanto a texto como también en cuanto a la selección del canal de publicación. Pero sobre todo fue, que ellos no tuvieron en cuenta las estructuras de autoridad rabínicas. Esto al principio agregó varias razones que, por el estilo de vida mencionado, hicieron que fuera fácil para el virus propagarse con especial rapidez en esta comunidad. 

Antes y durante la segunda ola, unos cuantos, si bien no todos, rabinos de renombre de esta comunidad hicieron un cambio de enfoque, diciendo: «Tenemos que admitir que nuestras propias manos derramaron la sangre de estas personas.» Ellos comenzaron a insistir en el cumplimiento de las directivas de las autoridades. No obstante, el público al que ellos presiden también atravesó un cambio. En la primavera de 2020, la inmensa mayoría confiaba en sus líderes, pero desconfiaba del liderazgo político del país. Entretanto, los políticos en general han perdido su favor, de modo que les manifiestan aún más desconfianza al Israel oficial. No obstante, de la mano de eso también disminuyó la confianza en los rabinos. Se hace sentir un tipo de «rebelión desde abajo»: muchos no confían en instrucciones y reglamentos, no importando si fueron emitidos oficialmente o expresados por rabinos, sino en la promesa de Dios: «…ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; ¡porque yo soy Jehová tu sanador!» (Éx. 15:26). También con respecto a esto se debe decir claramente que esta es una tendencia que se hace sentir, pero hay excepciones también. Grandes diferencias pueden ser vistas entre los judíos sefardíes, o sea orientales, y los asquenazíes, que son contados entre las corrientes de Europa Oriental. 

La pregunta acerca de cuáles son los procesos que llevaron a que este grupo de la población esté afectado excesivamente por las repercusiones de la pandemia, seguramente en el futuro será objeto de toda una serie de estudios científicos. Para los israelíes no es un consuelo que también las sociedades ultra ortodoxas de otros países estén igualmente afectadas. En Israel, un aspecto integralmente importante e indiscutible del judaísmo siempre ha sido que parte de la población se dedique exclusivamente a los estudios religiosos y sean mantenidos por los demás. Por eso, aún para los israelíes que en las últimas semanas han quedado indignados, no es tema a discutir que tiene que haber un grupo cuyo «pan es la Torá». Pero igualmente existe una situación crítica aquí, que se debe a que esta minoría crece de manera más que proporcional. Como casi no aporta a la productividad material, el Israel secular se queja cada vez más por la carga. Y el sistema de salud temporalmente llegó a sus límites por el número excesivo de pacientes ultra ortodoxos.

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