Jerusalén no es importante para los musulmanes

Zwi Lidar

Un estudio sugiere que el interés musulmán por la Ciudad Santa recién se despertó cuando Jerusalén cayó bajo el dominio islámico.

Tanto la primera Carta Nacional Palestina, aprobada en 1964, como su correspondiente revisión de 1968, no mencionan en ningún momento a Jerusalén. Pasarían otros veintinueve años para que la Autoridad Palestina (AP) incluyera un artículo en su constitución provisional de 1997, afirmando que Jerusalén era la capital de Palestina. Aunque pueda parecer extraño a primera vista, no es de modo alguno una coincidencia. Al menos, no según la opinión de un científico musulmán que redactó un artículo para el instituto de investigación estadounidense Gatestone. A través de un análisis detallado sobre las referencias que el islam hace acerca de Jerusalén, este redactor, de nombre A. Z. Mohamed, llegó a la conclusión de que esa ciudad llegó a tener relevancia para el islam, al igual que para el mundo árabe, en generaciones posteriores. Argumentó que los musulmanes, a principios de la historia de su credo, no atribuían ninguna relevancia particular a Jerusalén, cambiando luego solo en algunas partes. Este autor dijo: “Es digno de mención que, en los casi 1200 años de dominio musulmán, Jerusalén ‘jamás ha[ya] sido la capital de un Estado musulmán soberano, ni un centro académico o cultural de referencia’”.

El autor cita al geógrafo histórico de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el profesor Yehoshúa ben Arie, quien llegó a la conclusión de que desde los días del primer y segundo templo, Jerusalén nunca fue elevada al estatus de capital, cambiando esta situación cuando los británicos, en diciembre de 1917, pusieron fin al dominio del Imperio otomano que gobernaba en la región. “Fue para los británicos para quienes Jerusalén fue tan importante; ellos fueron los únicos que la declararon capital”, sostiene el prof. Ben Arie. En diciembre de 1949, el Gobierno israelí decidió declarar a Jerusalén como la capital del Estado de Israel. En 1980, la Knéset aprobó la Ley Básica, una ley especialmente protegida que puede ser denominada como constitución, que declara que Jerusalén, completa y unida, es la capital “eterna e indivisible” de Israel.

El Corán no menciona a Jerusalén. Más allá de esto, Jerusalén es, sin lugar a dudas, un componente de la historia y del espíritu del islam. En sus primeros años, la dirección de la oración de los musulmanes estaba dirigida hacia Jerusalén. En aquellos días, los musulmanes cumplían con el sabbat y ayunaban en Yom Kipur. Todo esto con el propósito de que los judíos se acercaran al nuevo credo, convirtiéndose en definitiva en seguidores del profeta Mahoma. Pero al no tener éxito, en el año 622, Mahoma cambió la dirección de la oración, la cual es, desde entonces, La Meca. Jerusalén perdió importancia, si bien los musulmanes seguían viéndola como una ciudad santa, ya que después de todo fue allí, en “la mezquita lejana” (en árabe masyid al-aqsa) donde ascendió al cielo el profeta Mahoma, montando a Buraq de manera milagrosa. No obstante, en ningún lado está escrito que esta mezquita haya estado realmente en Jerusalén. De hecho, una mezquita de ese tipo recién fue construida en Jerusalén tres generaciones después de la muerte del profeta Mahoma, en el año 705, la cual no pudo de ninguna manera ser parte del relato del Corán.

A pesar de este trasfondo, según sostiene el autor del artículo de Gatestone, habría existido una tendencia del islam de reclamar Jerusalén como islámica. Esto no obstante ocurre recién al establecerse un Gobierno musulmán en ese lugar. Es decir, en el año 638, cuando el califa Ómar conquista Jerusalén y establece una presencia musulmana en el Monte del Templo, desde el cual puede verse el Santo Sepulcro. Mohamed sigue diciendo en este artículo: “Para los musulmanes, la relevancia de Jerusalén depende de rivalidades políticas y religiosas; su importancia parece evidente cuando no musulmanes (como los cruzados, los británicos y los judíos) capturan o controlan la ciudad. Solo en esos momentos de la historia los líderes nacionales musulmanes proclaman Jerusalén como la ciudad más sagrada tras La Meca y Medina”. Ese también fue el caso, a fines del siglo xix, con la aparición del sionismo y su regreso a Eretz Israel y a Jerusalén. En los períodos intermedios, enfatiza el autor, la ciudad habría sido descuidada; en verdad no les interesaba a los musulmanes.

Este argumento científico es muy interesante, no obstante, tiene una trampa: lo distante que está del presente. Si bien los lugares santos están bajo el control del habiz, parece ser determinante la “ley extranjera” a su alrededor. Los judíos son los que están a cargo de estos lugares; quizá sea esta la explicación de por qué millones de musulmanes en todo el mundo se alistan para la yihad con el fin de expulsar a estos “extranjeros” (los judíos).

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