Israel y Gran Bretaña coordinan medidas anti terrorismo

Antje Naujoks

La lista de ciudades europeas que se ven afectadas por el terrorismo islámico se hace cada vez más larga. Especialmente, Gran Bretaña ha tenido que soportar golpes duros y por eso está muy agradecida por la ayuda israelí.

La revelación de datos del servicio de inteligencia que realizó el presidente estadounidense Trump, despertó en los británicos una profunda indignación. Tras el atentado de Manchester, nuevamente quedó claro que los círculos estadounidenses no toman en serio el trato prudente de información, y por esto los británicos comunicaron públicamente que no compartirán más datos con sus colegas estadounidenses. Una medida radical, que cuenta con la aprobación del gobierno israelí, que entiende que la revelación de información sujeta al más alto nivel de discreción por parte de EE.UU, muestra la insensibilidad de su gobierno por tales asuntos. En relación con el atentado en Manchester, los británicos afirmaban que la postura de EE.UU. no solo dificulta las investigaciones y delata informantes y formas de proceder, sino que pone en peligro las vidas de incontables personas.

Mientras que el mundo del servicio secreto mira en dirección a los EE.UU. con poca confianza, la cooperación entre Israel y Gran Bretaña parece experimentar un auge nunca antes visto. Fue justamente el atentado de Manchester que generó este nuevo lazo emocional. En todas partes, se resaltaba que este había sido un atentado sin precedentes en Europa, ya que nunca antes los niños habían sido blanco de terroristas suicidas. Sin embargo, lo ocurrido en Manchester recuerda mucho al atentado contra la discoteca “Delfinario” en Tel Aviv, el 1º de junio de 2001: aquel ataque de un terrorista suicida de Hamás realizado a la entrada de una discoteca popular, causó la muerte de 21 jóvenes israelíes, de los cuales 16 aún eran menores de edad. De estas víctimas, 20 tenían un trasfondo de inmigración de los Estados de la antigua Unión Soviética. En la ceremonia de conmemoración anual que tuvo lugar poco después del atentado en Manchester, fue inevitable la asociación con el reciente suceso. En dicho evento, la ministra para la integración, Sofa Landver (inmigrante rusa) señaló: “Hace 16 años atrás tuvimos que vérnoslas solos con esta tragedia; el mundo guardó silencio. Sin embargo, el terrorismo es un tema universal. Cuando dialogué con los padres antes de la ceremonia, todos decían poder comprender cómo se sienten los padres en Inglaterra”.

El atentado de Manchester, y los atentados subsiguientes en Londres, hicieron que nuevamente tomara la palabra el coronel retirado Richard Kemp, ex comandante de las fuerzas británicas en Afganistán. Kemp enfatizó la importancia de una buena cooperación del servicio de inteligencia de Gran Bretaña nada menos que con Israel. Este ex militar, quien en lo sucesivo ocupara posiciones importantes como consejero político-militar y experto en la lucha contra el terrorismo, denominó el trabajo de inteligencia israelí como “sumamente efectivo”. Además, señaló que su país podría obtener un gran beneficio de los conocimientos actuales del servicio de inteligencia israelí, y de las experiencias y los métodos probados en la lucha contra el terrorismo. Kemp, quien está familiarizado con la política de seguridad israelí, no tiene duda alguna de “que los servicios de inteligencia israelíes le darán prioridad a la ayuda para mi país”. También dejó entrever que una cooperación estrecha entre Israel y Gran Bretaña en asuntos de política de seguridad no sería nueva: “Los israelíes ya nos han ayudado en muchas oportunidades”, dijo en una entrevista para el canal noticiero israelí i24News. La importancia de la discreción que obviamente se practica en este caso, se refleja en la postura de los servicios de inteligencia occidentales para actuar en el futuro con suma precaución en la transmisión de información a EE.UU. De esta forma, Israel demuestra la importancia de los conocimientos del servicio de inteligencia, no solo para el esclarecimiento de actos terroristas, sino sobre todo para la frustración oportuna de los mismos. Solo se puede jugar las cartas propias si uno, insospechado por el adversario, está, por lo menos, un paso por delante.

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