Israel se prepara para luchas por la sucesión de Abbas

ZL

En Israel, están seguros que los días de Mahmoud Abbas, como presidente de la Autonomía Palestina (AP), están contados, de modo que la misma podría encontrarse ante un colapso.

Fácilmente podría ser que, al publicarse estas líneas, la presidencia de Mahmoud Abbas ya estuviera fuera historia. Los escenarios que podrían llevar a eso son bastante variados. Podría ser, por ejemplo, que él dimita o que se le quite su puesto en el marco de un proceso democrático. Pero, del mismo modo, es posible que le pongan fin a su cargo por la fuerza. Abbas preside la AP desde el 15 de enero de 2005, lo que molesta a muchos. Y aún cuando no se presente ninguno de los escenarios mencionados, todos los palestinos tienen claro que el fin de su cargo está a la vista. Esta opinión también se comparte en Israel, tratándose de un asunto tan serio que las Fuerzas Armadas (IDF), ya hace algún tiempo atrás, convocaron a un equipo de trabajo que trata con el final del cargo de Abbas y de un posible caos próximo.

Ya desde hace algún tiempo, Abbas tiene que luchar con una oposición creciente, incluso en las propias filas del Fatah. Los rivales de su propio partido político se organizaron en tres campos de refugiados, y convocaron a mega manifestaciones que desembocaron en extralimitados hechos violentos. Pero también, fuera de su propio movimiento, Abbas tiene adversarios, como por ejemplo, el liderazgo del Hamás, que mantiene un gobierno independiente en la Franja de Gaza y que cuenta con no pocos defensores en Cisjordania. Abbas, quien teme que el Hamás pudiera conseguir una victoria electoral, postergó las elecciones comunales pendientes. Y eso no es todo. Abbas tampoco se enfrenta a la benevolencia de algunas partes del mundo árabe–como por ejemplo, los gobiernos de Arabia Saudita, Jordania, Egipto, y los Emiratos Árabes Unidos. Uno de los canales de televisión israelíes informó, hace algún tiempo, que el presidente de este cuarteto árabe habría decidido apoyar a un sobrino de Arafat, Nasser al-Kidwa, como candidato sucesor de Abbas. Al-Kidwa ocupó antes el cargo de embajador palestino ante las Naciones Unidas. El ministro de defensa israelí Liberman también ha contribuido a que el estatus de Abbas se tambalee, al denominarlo de débil y corrupto en una entrevista con el principal diario palestino Al-Quds. Además, se debe tomar en cuenta la victoria electoral de Donald Trump en EE.UU., quien posiblemente le haya puesto fin a las últimas esperanzas de Abbas de que los estadounidenses pudieran abogar ante las Naciones Unidas por el reconocimiento de un estado palestino. Un éxito de ese tipo nuevamente habría levantado su estatus, porque entonces Abbas se habría encontrado en el frente de un proceso que, sin violencia, hubiera fomentado la proclamación de un estado palestino soberano.

Abbas es un hombre envejecido, entrado en años y no con la mejor salud, aun así trata de sobrevivir. Él envió a las fuerzas de seguridad de la AP a sofocar, con violencia, las manifestaciones convertidas en revueltas en los campos de refugiados palestinos. Se reunió con Khaled Ma’ashal, uno de sus peores enemigos políticos y líder del Hamás en el exterior, para hablar con él de una reconciliación entre la AP y el Hamás. Se encargó de la creación de un tribunal constitucional, cuyos jueces dieron el visto bueno retrospectivamente a algunas de sus medidas, entre ellas la abolición de la inmunidad parlamentaria de algunos de sus adversarios políticos. Además, continúa abrigando una esperanza verdaderamente grande: el reconocimiento del estado palestino a nivel internacional. Aun así, todos estos pasos de Abbas, más bien dan la apariencia de ser los últimos intentos torpes de un hombre que, como líder, ha perdido su legitimación.

También la IDF parte de la base que el final de su cargo sea inminente, y ha comenzado a prepararse para todo tipo de escenarios posibles en ese caso. El escenario posiblemente más preocupante es el que comprende luchas violentas alrededor de la sucesión de Abbas. Esos actos de violencia, con demasiada facilidad, también podrían extenderse hacia tierras israelíes. Si verdaderamente llegara a producirse un vacío de poder y una situación inestable en cuanto a la seguridad, crece el peligro que células terroristas palestinas existentes o durmientes–al igual que las nuevas que se formen repentinamente–pudieran aprovecharse de una situación de este tipo. En ese caso, Israel podría tener un escenario de terrorismo sangriento por delante. Y precisamente ese escenario es el que le quita el sueño actualmente a varios responsables de la seguridad en Israel, por lo cual ya ahora se están esforzando en protegerse lo mejor posible contra un probable peligro de ese tipo, a través de amplios preparativos.

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