Israel entre la espada y la pared

Antje Naujoks

Israel es un Estado de orientación occidental con una democracia y con conceptos de orden público consagrados en la ley. Si bien la poligamia es punible, es practicada por los musulmanes beduinos. Se están haciendo esfuerzos para poner fin a eso.

En Israel no existe el matrimonio civil, por no haber separación entre Estado y religión. Los judíos se casan ante el rabinato, los musulmanes ante el tribunal de sharia, los cristianos en la iglesia. A continuación, registran su enlace matrimonial con el ministerio de interior israelí. Esto también significa que en el país no pueden realizarse enlaces interreligiosos. Este aspecto es bien sabido, ya que vez tras vez hay inmigrantes, que en el contexto de la ley israelí de regreso hacen Alijah (inmigran) como descendientes de judíos, pero tienen problemas ante el rabinato por no ser considerados judíos según las normas del código religioso judío, ya que ellos no nacieron de una mujer judía. Pero en vista de esta consternación también existe otro campo de tensiones, con el que Israel tiene que vérselas. Si bien desde 1977 la poligamia en Israel está prohibida por ley, sigue siendo practicada por los musulmanes beduinos.

Mientras la ley israelí establece claramente que un hombre viviendo en poligamia puede ser condenado a hasta cinco años de cárcel, el islam permite el matrimonio de un hombre con hasta máximo cuatro mujeres, si bien solo si se cumple ciertas condiciones: el hombre está obligado a tratar por igual a todas las mujeres y a todos los hijos, y además debe estar en condiciones de proveer financieramente para todos. La primera piedra de tropiezo en este tema en definitiva es que los tribunales sharia a veces son flexibles en este tema, de modo que mujeres e hijos terminan sufriendo mucho.

Entre los 1.7 millones de musulmanes que viven en Israel, la poligamia es practicada exclusivamente por los beduinos. Estos en su mayoría viven en el sur de Israel y en el Desierto del Neguev, que corresponde al 60 por ciento del territorio israelí. Allí viven unos 900 000 habitantes, de los cuales aproximadamente 300000 son beduinos. Cálculos estatales parten de la base que alrededor de 10 000 jefes de familia beduinos practican la poligamia. Se calcula que el 35 por ciento de todas las familias beduinas del Neguev consisten en un hombre y hasta cuatro mujeres además de un sinnúmero de hijos. La tasa de nacimientos en la actualidad es fijada en 5.6 niños por cada mujer beduina, encontrándose así muy por encima del promedio del país con 3.1 niños por mujer. Algunas parejas beduinas, no obstante, tienen mucho más de cinco a seis hijos. En casos de poligamia no es extraño que un hombre tenga 30 a 40 o más hijos. Este fenómeno, que en los últimos años se ha propagado masivamente, va acompañado de la miseria económica de mujeres y niños, quienes además sufren de descuido. A menudo hay tensiones sociales y violencia doméstica. Cada vez hay más mujeres que hacen constar en el contrato matrimonial, que automáticamente les corresponde el divorcio, si el esposo se toma otra mujer. Pero si se llega a un caso de estos, la mujer engañada se encuentra ante una realidad complicada: ella tan solo puede volver a casa de sus padres, otra opción que no es aceptable en la sociedad beduina. A veces ella no puede refugiarse allí con todos sus hijos. O el hombre no le permite llevarse a los niños después del divorcio. Una mujer beduina divorciada –con o sin hijos– difícilmente podrá casarse otra vez, a no ser con un hombre polígamo. 

Sin embargo, este fenómeno también tiene consecuencias de otros tipos. Entre ellos, está la escasez de mujeres, lo que lleva a que varios hombres beduinos en Cisjordania estén buscando novias palestinas. Eso de todos modos es atractivo para ellos, ya que a causa del declive económico, allí la dote es menor. Sucede cada tanto que familias musulmanas de Cisjordania o de Israel no solo prometen sus hijas muy tempranamente a un hombre y las casan muy por debajo de la edad mínima permitida por la ley, sino incluso que verdaderamente las venden. En su conjunto, la poligamia no solamente es un fenómeno social, sino también económico, ya que Israel es un estado social que paga prestaciones sociales a madres con hijos registrados en el ministerio de interior. Mencionemos aquí solo un método que a menudo es practicado. El hombre se divorcia de su primera mujer y vuelve a casarse. Su primera esposa, que se queda viviendo en una parte separada del terreno de la familia extensa, recibe del tribunal sharia solo el mínimo de pensión alimenticia por los niños. Ahí entra entonces el Estado, y si se controla por qué la mujer sigue viviendo en el mismo lugar de residencia, dice que se queda por los hijos. De esta manera se puede cobrar varias prestaciones sociales, ya que las mujeres, si bien van a buscar el dinero a su nombre el día de pago, fuera del banco o del correo enseguida lo entregan al hombre que solo dice estar divorciado. 

Hace algunos años atrás, la ministra de justicia, Ayelet Shaked, quien entretanto ha renunciado a su puesto y se ha divorciado, notó esa situación e insistió poner en práctica la prosecución penal de la poligamia, como indica la ley. En la sociedad beduina hubo un grito de protesta. Justamente mujeres –viviendo o no en poligamia– se cerraban a esto, diciendo que eso castiga doblemente a las mujeres cuando el único asalariado de la familia es arrestado. Ellas estaban de acuerdo con Shaked, que había que poner fin al fenómeno, pero propusieron tomar otras medidas, como por ejemplo negar el trabajo en instituciones públicas a los hombres polígamos. Entretanto, son cada vez más los beduinos –mujeres al igual que hombres– que han hecho oír sus voces sobre este tema, de modo que ahora la poligamia es públicamente discutida, y es condenada en algunas partes de la sociedad beduina. No obstante, nada ha cambiado en cuanto a la situación, de lo contrario, razón por la cual, desde entonces, más hombres se han convertido en esposos polígamos y va en aumento constante el número de hijos. Ante este trasfondo, el Estado de Israel por primera vez sentó un precedente: en el otoño de este año, el primer beduino fue condenado a siete meses de cárcel por practicar la poligamia. Pero es cuestionable, si este ejemplo alcanzará para cambiar algo.

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