Implicaciones de una anexión posible

Antje Naujoks

La anexión parece ser el término que, después de virus, mantuvo el Oriente Medio en suspenso en el verano 2020. Se trataba de mucho más que solo de planes grandiosos o versiones abreviadas, ya que, por todas partes, la gente se preguntaba por las implicaciones, o más bien, por el precio de un paso de ese tipo.

El cierre de redacción fue aún antes del día fijado por el primer ministro Netanyahu de una posible anexión del 30 por ciento de Cisjordania propuesta en la primavera 2020. La intención es la inclusión realizada de manera unilateral conforme a la ley, de esta región al territorio nacional israelí. Dicha región se compone de un 17 por ciento del Valle del Jordán, el tres por ciento de los asentamientos y del diez por ciento de los bloques de asentamientos. ¿Qué significaría esto para los lados directamente involucrados: Israel y la Autoridad Palestina (AP)?

Benny Gantz, de cuya participación en la coalición depende Netanyahu, poco antes había expresado su convicción de que no cambiaría mucho «en el lugar de los hechos». Él opina, además, que un paso de este tipo quizás aun mueva a los palestinos a regresar a la mesa de negociaciones.

En este momento, Israel nuevamente experimenta una cadena de infecciones de COVID-19 que se está propagando, lo que tuvo al gobierno en suspenso más que el tema anexión. Ante este trasfondo, entonces, se hablaba de una «anexión light», es decir, una inclusión más restringida de regiones o quizás tan solo de algunos bloques de asentamientos israelíes; actos con un valor tan solo simbólico. Ambas cosas permitirían a Netanyahu quedar bien en vista de promesas electorales y del anuncio del día límite después de conocerse el Plan de Paz de Trump en enero 2020. Otros comentadores proponen que quizás Netanyahu opine que, en vista de la sombra de las circunstancias adversas, pueda quedar impune con un paso de este tipo.

Aun cuando todo era bastante nebuloso, igual se pueden alegar algunas implicaciones que tendría una anexión, no importando su extensión. Un territorio de ese tipo anexado a su territorio nacional debería ser totalmente administrado por Israel tanto en cuanto al derecho civil como también en lo militar. Los planes de anexión se refieren a una franja de tierra de la Zona C, en la que Israel, según el Acuerdo de Oslo, de todos modos, hace mucho ya es responsable de facto en cuanto a derecho civil como también en lo militar. A eso también se refiere el comentario de Benny Gantz. A pesar de eso, la policía y el ejército tendrían que entrar en acción en una extensión muy diferente, para vigilar fronteras, regular el transporte de pasajeros, y cuidar el cumplimiento de la ley. Posiblemente, habría que crear comisarías y cuarteles adicionales. Algunos consideran que una de las consecuencias de una anexión del 30 por ciento de Cisjordania, asegurada por el Plan Trump, aun cuando haya querellas por el momento oportuno, sería un «desafío económico», sino será incluso una posible «pesadilla para el contribuyente». De llegarse a oleadas de violencia, ni hablar de desobediencia y resistencia civiles de duración prolongada, o incluso a una desestabilización de la situación de seguridad en una región más amplia, irían aumentando y aumentando los costos para el área de seguridad. Eso devoraría sumas horrendas de los fondos de impuestos, que no estarían en relación con un acceso ilimitado a los recursos en una región de ese tipo. Eso incluso podría causar disgusto aun entre los defensores de la anexión, y como consecuencia le costaría a Netanyahu la popularidad entre los votantes. Unas elecciones nuevas no son para nada un escenario absurdo.

Más allá de eso, el Estado de Israel sería responsable de todas, pero absolutamente todas las cuestiones –multas, procedimientos judiciales, estado civil, cuidado de la salud, planes de enseñanza para escuelas, servicios sociales, etc. Para la población israelí que vive en esa región, eso de todos modos es el caso, como comentó Benny Gantz correctamente. No obstante, con respecto a esto, se plantean preguntas que afectan a la población palestina. Como Netanyahu ya comentó que los palestinos afectados no recibirán automáticamente la ciudadanía israelí, ya tan solo de ese aspecto resultan infinidad de temas que habría que regular, y que no solo tendrían que ver con la vida de las personas, sino que también podrían acarrear implicaciones políticas.

Ese tipo de implicaciones políticas no solamente surgen con respecto a aspectos jurídicos, como por ejemplo, los enlaces matrimoniales de palestinos más allá de las «fronteras nuevas». También aparecen aspectos morales que la sociedad israelí, como democracia, sin lugar a duda, otra vez discutiría extensamente, porque hace mucho ya que no hay una mayoría clara de la población que apoya una anexión. Entre ellos, también los colonos israelíes. Con base en su presencia en Judea y Samaria, se debería pensar que ellos estarían unánimemente a favor de una inclusión de territorios. Pero lejos de eso. Muchos de los colonos están en contra, por creer que un paso de este tipo sentaría las bases para un Estado palestino en el 70 por ciento de Cisjordania. Ellos, sin embargo, de ninguna manera quieren ver surgir un Estado de ese tipo; y menos en un porcentaje tan alto de Cisjordania. Además, también entre los colonos hay bastantes personajes prominentes que consideran que Israel, como democracia, está obligado a otorgar los mismo derechos ciudadanos a todas las personas residentes bajo soberanía israelí. Los planes presentes afectan solamente a una minoría pequeña de la población palestina total, y aun así, muchos ven las implicaciones de manera diferente que Benny Gantz. ¿Qué pasa si con eso una Solución Dos-Estados de una vez por todas quedaría sin efecto? No todos están entusiasmados con este escenario: un Estado judío con una mayoría palestina…

¿Qué sucedería, si como consecuencia de una anexión de una parte de Cisjordania, no surgiera un Estado palestino a largo plazo, ¿sino que colapsara la AP? En ese caso, Israel no solamente se enfrentaría a una gran masa de gente que ya no tiene gobierno, sino que se vería confrontado con una situación de seguridad totalmente diferente –un vacío. Eso sería una pesadilla política, de técnica de seguridad, como también moral, aun sin los Hamás y un frente más en el sur. Y también sin Jordania, que rescinde el contrato de paz o párrafos de este, y que por una población palestina en su mayoría, eventualmente pierda definitivamente el equilibrio y podría presentar una frontera ya no tan tranquila con Israel.

A las oportunidades se les oponen costos y muchos temas no solucionados. Aun cuando llegue el día límite de Netanyahu después de cierre de redacción, se puede dudar de que al salir esta edición verdaderamente haya respuestas.

ContáctenosQuienes somosPrivacidad y seguridad