Herodes y los macabeos

Fredi Winkler

¿Cómo, siendo tan reconocidos y respetados por la gente, y después de haber logrado tantas cosas, entre ellas traer la independencia a su país durante ochenta años, pudo Herodes arrebatar el poder a los macabeos? 

Hircano, el último rey de la dinastía macabea, no estaba capacitado para el puesto; este es el motivo por el que el dinámico Aristóbulo, su hermano menor, pretendía hacerse de la corona. En un comienzo, Hircano acordó convertirse en el sumo sacerdote y dejar el reinado a Aristóbulo. Sin embargo, incitado por sus amigos, en especial por su íntimo Antípatro, dio marcha atrás. Esto condujo a luchas de poder y, finalmente, a prolongadas guerras civiles. Aristóbulo se alió con los partos e Hircano con los romanos. En el caso de los romanos, tan solo esperaban la oportunidad de expandir su poder e influencia en Oriente. Fue así que enviaron a Jerusalén, en el 63 a. C., al comandante Pompeyo y sus tropas, apresando a Aristóbulo y a toda su familia, quienes fueron llevados como prisioneros a Roma. Luego, Hircano fue puesto en el cargo de etnarca, perdiendo su reinado absoluto: ahora tan solo reinaba sobre Judea. Los demás territorios conquistados por sus antepasados se separaron y dejaron de pertenecerle. A partir de allí, el territorio de Israel, incluida Judea, quedó bajo la soberanía del Imperio romano.

Como a Hircano no le gustaba mucho gobernar, nombró regente a su aliado e íntimo amigo, el idumeo Antípatro, padre de Herodes, quien supo mantener buenas relaciones con los romanos y colocar a sus hijos en posiciones ventajosas, sobre todo a Herodes, quien demostró ser muy capaz–incluso a su temprana edad. Más adelante, alrededor del 40 a. C., Aristóbulo, el hermano de Hircano, y sus hijos, escaparon de Roma y reunieron un ejército de aliados en el país, los cuales, junto a los partos, intentaron recuperar el poder por las armas y expulsar a los romanos. Herodes obtuvo el éxito en la batalla, salvando prácticamente la vida de Hircano. Como agradecimiento, Hircano le prometió como esposa a su hermosa nieta Mariamna. Esto haría que Herodes entrara en el círculo de la familia gobernante y aumentara su prestigio e influencia. Sin embargo, durante estos conflictos bélicos, su padre y su hermano Fasael, habían sido asesinados.

Herodes es nombrado rey por los romanos
Herodes, esperando lo peor, huyó de Jerusalén en secreto, poniendo a su familia a salvo en Masada. Luego continuó hacia Roma con destino a Egipto, donde, con el apoyo de su amigo Antonio, quien a su vez convenció a Octavio, fue nombrado “rey de Judea” por el Senado. Sin embargo, en Israel, Antígono, uno de los dos hijos de Aristóbulo, se había preparado para la guerra, por lo que a Herodes aún le quedaba conquistar su reino. 

No podía atreverse a conquistar Jerusalén sin el apoyo de las tropas romanas, así que, mientras estos llegaban, sometió a Galilea y a Samaria. Luego, en el verano del 38 a. C., Antonio llegó a Oriente y ordenó a dos de sus legiones que apoyaran a Herodes. En el invierno que transcurrió del año 38 al 37 se preparó para conquistar Jerusalén, y en la primavera, durante los preparativos para el asedio de esta ciudad, Herodes se casó con Mariamna, con quien estaba comprometido desde hacía cinco años. Tenía la esperanza de que, al casarse con la familia macabea o asmonea –como también se les llama– sería mejor recibido por los judíos. Sin embargo, la guerra de conquista era inevitable. Durante más de tres meses se desató un amargo conflicto, en el que Herodes tuvo incluso que pedir al comandante romano Cayo Sosio que detuviera a las tropas para que el Templo y la ciudad no fueran destruidos. No quería convertirse en el rey de una nación en ruinas.

Antígono fue apresado por Antonio y posteriormente ejecutado. De esa forma, la dinastía asmonea llegó a su fin. En el verano de 37 a. C., Herodes asumió un trono manchado de sangre.

Las disputas entre la familia herodiana y la asmonea
Cuando creía que todos los problemas se habían resuelto, Herodes se vio envuelto en las sombras del pasado. 

Por tradición, los asmoneos fueron siempre sumo sacerdotes, lo que Herodes quiso cambiar al nombrar a un descendiente de la antigua familia de sumos sacerdotes de la casa de Sadoc. Esto provocó una gran indignación en la familia asmonea. Cansado de la insistencia de su esposa Mariamna, nombró sumo sacerdote al joven Aristóbulo, su cuñado. Cuando, a los veinte años, asumió el cargo, el pueblo lo aclamó, y Herodes entendió que se avecinaba el peligro.

Tras las vacaciones de otoño, toda la familia fue invitada al palacio de Alejandra, madre de Mariamna, en Jericó. Allí Herodes y sus amigos animaron a Aristóbulo a beber. Cuando ya estaba borracho, Herodes lo llevó de paseo a las grandes piscinas, donde nadaban sus amigos, quienes invitaron al joven a nadar con ellos. Como era de esperar, se ahogó, resultando todo en un “trágico accidente”. No está claro si quiso ayudarlo o tan solo se quedó de brazos cruzados. Sin embargo, su madre Alejandra, sospechando de Herodes, envió una carta a Egipto, dirigida a su buena amiga Cleopatra, quien mantenía una relación con Antonio, el señor romano y patrón de Herodes. Herodes fue convocado, pero gracias a su poder de persuasión y la ayuda de varios presentes, pudo escabullirse del asunto. No obstante, la relación entre Herodes y Mariamna, así como el vínculo entre las dos familias, nunca fue el mismo. Las mutuas acusaciones hicieron de la vida de Herodes algo miserable; pese a esto, siguió al lado de su esposa, a la que estaba muy unido.

Problemas con Roma
No satisfecho con sus problemas familiares, se vio en conflicto con Roma. El emperador Octavio entregó a Antonio a su hermana Octavia para que fuera su esposa, con el fin de fortalecer, con lazos familiares, el vínculo entre los dos hombres más poderosos de Roma. Sin embargo, con el tiempo, Antonio quiso divorciarse de ella para casarse con Cleopatra, insultando así el honor de Octavio. Estos hechos condujeron a la guerra entre estos hombres, donde Octavio obtuvo la victoria en la Batalla de Accio. Antonio y Cleopatra se quitaron finalmente la vida.

Herodes tuvo que reorientarse una vez más–había apostado todo a Antonio. ¿Cómo podría ganar ahora la confianza de Octavio? Lo primero que debía hacer era arreglar las cosas en casa. Solo una persona podría ser peligrosa para él: el viejo Hircano. Ya no buscaba el poder, pero su hija Alejandra le instó a reclamar el trono, con el fin de vengar la muerte de Aristóbulo.

Antes de que esto pasara, Herodes hizo ejecutar a Hircano por traición. Ahora nadie se le opondría en su casa cuando estuviese frente al emperador. Fue así que emprendió su viaje a Rodas para reunirse con Octavio. Por otra parte, estaba tan obsesionado con Mariamna, que le resultaba insoportable tan solo pensar que, si él no regresaba, sería la esposa de otro hombre. Por lo tanto, dio la orden, en secreto, de matarla si él era ejecutado.

En su viaje llevó un montón de dinero consigo para el emperador, y antes del encuentro se quitó la corona. En la conversación con Octavio, no se disculpó por apoyar a Antonio, sino que se refirió a su devoción por su antiguo patrón, pidiendo la oportunidad de demostrar también su lealtad a Octavio. El nuevo amo del mundo quedó impresionado ante la franqueza de Herodes, devolviéndole la corona. Una vez más, Herodes se mantuvo hábilmente en su posición.

Grandes problemas en casa
Con gran alegría, regresó a su casa con la intención de contarle a su esposa lo bien que había ido todo. Sin embargo, ella lo recibió con frialdad, reprochándole severamente por la orden secreta que el rey había dejado prescrita, la cual había llegado a sus oídos–su amor se convirtió en odio. Las intrigas de las mujeres de ambas familias jugaban también un rol importante. La familia de Herodes conspiró para acusar a Mariamna de adulterio. Las acusaciones eran tan graves que, creyéndolas, Herodes hizo que su esposa fuera condenada a muerte y ejecutada.

Sin embargo, más tarde sintió remordimientos y comenzó a beber en exceso. Mientras yacía postrado, su suegra Alejandra intentaba apoderarse de Jerusalén. Sin Mariamna, nada le impedía asesinar también a su suegra. Estos acontecimientos embrutecieron cada vez más a Herodes, quien reinó con cada vez más con crueldad.

Las intrigas continuaron, por lo que más tarde mandó ejecutar a tres de sus hijos, designados inicialmente como sus sucesores. Hasta antes de su muerte, modificó una y otra vez su testamento. La preocupación de que otros que no fueran sus descendientes pudieran heredar su reino, lo mantuvo preocupado hasta la muerte. El infanticidio de Belén encaja perfectamente en este trágico acontecimiento de la vida de Herodes: la idea de que no fuera un descendiente el que gobernara Judea le resultaba insoportable.

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