Hermanos enemistados

Antje Naujoks

En el caso de una Solución Dos-Estados se parte de la base de dos participantes: Israel y Palestina. Una observación más detenida, sin embargo, revela que “Palestina” se divide en dos unidades geográfico-políticas, cuyas fracciones dominantes son muy hostiles entre sí.

Desde siempre ha habido muchas corrientes políticas diferentes entre los palestinos. Cuando Israel comenzó a negociar con los palestinos en los años del 1990, se hizo esto con la Fatah, ya que la OLP, bajo la dirección de Yassir Arafat, era la voz cantante. Pero desde entonces, ha habido muchos cambios. Aun cuando las fracciones políticas de los palestinos ya siempre han estado en desacuerdo entre sí, comenzó un cambio muy grande con la fundación de Hamás en el año 1987. Ya nadie podía ignorar una desavenencia masiva entre estas dos fracciones palestinas más fuertes cuando, en el verano de 2007, Hamás tomó por la fuerza el dominio sobre la Franja de Gaza. Desde entonces, una y otra vez, ha habido intentos de negociar una reconciliación, para llevar nuevamente a una mesa a los liderazgos políticos de Cisjordania y la Franja de Gaza. Repetidamente, han fracasado las negociaciones con respecto a un gobierno unido. Así sucedió en 2011/2012 y en 2014. El último intento de este tipo fue iniciado en el segundo semestre de 2017, con la ayuda de intermediación  egipcia, firmándose los primeros acuerdos parciales en octubre de 2017, acuerdos que todavía dejaron abiertas muchas preguntas. En diciembre de 2017, debía tener lugar la firma del acuerdo final, lo que, sin embargo, no sucedió.

Antes y después de su toma del poder en el verano de 2007, Hamás ha tomado las armas contra la gente de Fatah, “tomándose tan solo lo que le correspondía” después de su victoria electoral del 2006, según su punto de vista. La gente de Hamás echó a militantes de Fatah en la cárcel y los torturaron. Quien no estaba en la cárcel tenía que tener miedo de ser arrojado desde un edificio alto o ser mutilado. Especialmente “popular” entre los del Hamás era disparar en las rodillas a los adeptos de Fatah. A quienes podían, los mataban a tiros; aun cuando estos ya se encontraban heridos en los hospitales. En el verano de 2007, en la Franja de Gaza, reinaban condiciones similares a una guerra civil. Muchos seguidores de Fatah trataron de salvar sus vidas huyendo a Israel. En aquel tiempo, Israel ayudaba dando tratamiento a los heridos y permitiendo la entrada a los refugiados de Fatah a la autonomía palestina de Cisjordania. De eso han pasado doce años, pero quien lee los informes de los últimos tiempos tiene la impresión de regresar al pasado.

Después del acuerdo de reconciliación fracasado, ambas fracciones volvieron a las confrontaciones. Mahmoud Abbas, quien como presidente de la Autoridad Palestina (AP) tiene las de ganar con las finanzas, hizo el intento de cortarle el flujo de dinero a Hamás. Al mismo tiempo, tuvo que darse cuenta que otros recortaban los ingresos a la AP. No obstante, el factor determinante es la brutalidad con la que Hamás ejerce su dominio. Nuevamente, hay informes sobre cientos de seguidores de Fatah arrestados en la Franja de Gaza. Algunos de ellos fueron detenidos porque se animaron a protestar públicamente contra Hamás, otros por publicaciones en Facebook que denuncian las irregularidades en la Franja de Gaza. Algunos fueron “secuestrados y torturados con tanta brutalidad, que ningún palestino puede imaginarse algo así”, dijo al respecto el portavoz de Fatah en Cisjordania, Osama Qawassmeh.

Sin embargo, los crímenes crueles de Hamás contra personas inocentes no se dirigen solamente contra seguidores de Fatah. Ya desde hace algún tiempo, habitantes de la Franja de Gaza protestan repetidamente para llamar la atención a la mala situación económica y a sus dificultades. A estos manifestantes, entre ellos, también menores de edad que proclaman “¡Tenemos hambre!”, Hamás los golpea o incluso dispara contra ellos.

Más allá de eso, Hamás lleva a sus propios compatriotas a la frontera para que protesten contra Israel, y ofrece dinero a niños para que arriesguen sus vidas en primeras filas (de cuyo “asesinato” luego es culpado Israel al defender su propia frontera). El bombardeo con misiles a civiles israelíes contrario al derecho internacional es un punto en una larga lista de fechorías terroristas del Hamás. Sin embargo, un bombardeo de ese tipo, como el que recientemente fue realizado repetidamente en dirección a Tel Aviv, es mucho más que “un ataque al enemigo sionista”. Aquel de los hermanos palestinos que se anima a criticar a Hamás mientras estos bombardean a Israel, fácilmente puede ser estigmatizado de “traidor y colaborador”, justificando así incluso la “eliminación” de tal persona. Todo eso debe ser valorado como cinismo de lesa humanidad por parte de una organización terrorista.

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