Gran preocupación en Israel

Antje Naujoks

Soldados de la guardia de la revolución de Irán podrían afincarse en el Golán, directamente en la frontera con Israel. Esta posible amenaza resultaría de la victoria de la coalición ruso-turco-iraní en Siria, y de sus vínculos con los combatientes del Hezbolá.

Después de años de luchas, después de cientos de miles de muertos, de millones de heridos y de otros millones de refugiados, la guerra civil en Siria terminó con una victoria del Presidente Bashar Assad. Actualmente, el régimen en Damasco domina alrededor del 70% de la población siria, y alrededor del 30% del territorio del país. Las diversas milicias rebeldes que dominan los territorios restantes, tuvieron que darse cuenta de que no está en su poder lograr una victoria estratégica, ya que las regiones que ellos tienen bajo su control son escabrosas. Por esta razón ahora están dispuestos a acudir a la mesa de negociaciones y, por lo tanto, podría ser que nuevamente se produzca la paz en ese país.

Bashar Assad es considerado (al menos formalmente) como vencedor. No obstante, el verdadero vencedor, quien regresa a su casa con la totalidad de las ganancias es Rusia, país que bajo el gobierno de Vladimir Putin decidió involucrarse en la guerra hace dos años. Putin quería apoyar a Assad, quien en ese momento estaba muy cerca del final de su dominio. El hombre más poderoso de Rusia, a quien mal o bien se le debe denominar como “estratega brillante”, llenó en aquel momento el vacío que había dejado el gobierno de Barack Obama, al vacilar en intervenir militarmente en otro foco del Cercano Oriente. Putin formó una alianza con Turquía y con Irán que además, como un tipo de dote, también admitió a los libaneses del Hezbolá. De este modo, se formó la coalición que finalmente, lograría imponerse en Siria.

El nuevo vínculo entre Rusia y Siria debilitó en gran manera la posición de poder ya menguante de EE.UU. en el Cercano Oriente, y su influencia en los países árabes. Inclusive se puede afirmar que la coalición de Putin, a la que no pertenece un solo asociado árabe (ante este escenario se considera irrelevante a Hezbolá), no solo logró vencer a los rebeldes sirios sino que en definitiva también venció a todos aquellos que los apoyaban, es decir a la coalición árabe-sunita bajo la protección saudita, que se había opuesto a la creciente hegemonía regional del Irán chiita. Como consecuencia de los combates militares en los frentes y las luchas por el poder entre bastidores, se produjo una crisis seria entre los dos estados líderes del mundo sunita: Egipto y Arabia Saudita. Egipto dio marcha atrás: en las Naciones Unidas el país votó en contra de la postura saudita, se puso del lado de Rusia respecto a la guerra civil siria, e incluso, hizo llegarle a Assad 18 aviones egipcios de combate como ayuda. Este desarrollo neutralizó la influencia estadounidense, debilitó a Arabia Saudita y llevó a la división de la coalición sunita, de modo que Rusia y sus aliados se colocaron como los nuevos amos de casa en el Cercano Oriente.

Las implicaciones que acarrea este nuevo escenario geopolítico no prometen nada bueno para Israel. El frente sunita entre Arabia Saudita y Egipto debería haber sido aquel eje (escondido pero aún así central) con el cual Israel habría podido cooperar contra la creciente influencia del Irán. La inexistencia de este frente debilita a Israel en el forcejeo regional por el poder, y esto justamente en un tiempo en que no solamente Irán, sino también Hezbolá se fortalece directamente ante las puertas del Estado Judío. En Israel, hay preocupación de que Assad se ponga como próximo objetivo vencer a los rebeldes en la región de los Montes Golán, como respuesta a la presión de los asociados chiitas. Para el cumplimiento de dicho objetivo podría usar como agentes a la guardia revolucionaria del Irán y también a los Hezbolá, quienes de este modo llegarían a estar activos directamente en la frontera con Israel. Para un proceder de este tipo, Assad aún necesita la aprobación de Rusia, país cuya postura en relación a este conflicto aun no está clara. Por el momento, Rusia mantiene el diálogo con Israel que además incluye un convenio táctico-militar para evitar que las tropas rusas activas en Siria se crucen con las tropas del IDF en el norte de Israel. Sin embargo, este acuerdo no evitó que Rusia recientemente le vendiera al gobierno de Assad misiles tierra-tierra de alcance medio, que fueron estacionados en el norte sirio y a cuyo alcance se encuentran no solamente el ejército israelí sino también los centros urbanos del país. Como ya se señaló en esta publicación, Rusia actuó sola y únicamente por interés propio; aun no se puede decir si este país intervendrá en los acontecimientos en el Golán, ni en qué momento podría ocurrir eso. De darse el caso, se haría realidad la pesadilla israelí: actividades militares iraníes directamente frente a las puertas del Estado de Israel.

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