Gran alboroto por la conversion

Antje Naujoks

En medio de la campaña electoral israelí irrumpió una decisión de la Corte Suprema: a partir de ese momento, las conversiones al judaísmo en el extranjero por parte de los reformistas debían ser reconocidas por el Estado–el monopolio ultraortodoxo en Israel estaba patas arriba.

El debate acerca de quién puede ser llamado judío es antiquísimo. El código religioso del judaísmo determina que los hijos de madres judías son judíos. Sin embargo, ¿qué sucede cuando alguien desea convertirse al judaísmo? Durante siglos, eso fue posible siguiendo las directrices determinadas por los ultraortodoxos. Por otro lado, hace tiempo que las otras dos corrientes del judaísmo, el conservador y el reformista, se han consolidado en el mundo judío. Ambas están hoy representadas en Israel, contando con docenas de congregaciones y miles de miembros, aunque, en lo que respecta a la imagen pública y oficial del Israel religioso, juegan un rol insignificante. Cuando se trata de los parámetros establecidos para la ciudadanía judío-israelí, el judaísmo ultraortodoxo tiene el monopolio en Israel en lo que respecta a la regulación del estado civil referente al nacimiento, la madurez religiosa, el matrimonio, el divorcio y las defunciones. Esto se remonta a los tiempos de la fundación del Estado, cuando David Ben–Gurión negoció un statu quo con la comunidad ultraortodoxa de aquel tiempo. El rabinato ultraortodoxo –compuesto por sefardíes y asquenazíes– es el único que tiene voz en estos temas. Esto es apoyado además por los partidos ultraortodoxos de la Knéset, quienes, de manera excesiva, inclinaron la balanza a favor de su comunidad.

Para el judaísmo en general, la ultraortodoxia es un componente fijo e integral de la sociedad judía, de su historia e identidad. Sin embargo, la comunidad judía perteneciente a los conservadores y a los reformistas es enorme: en Estados Unidos estas son las ramas judías mayoritarias. Si bien Israel no es ajeno a esta realidad, al no existir una separación entre Estado y religión, el monopolio ultraortodoxo tiene un gran peso.

Durante las elecciones de marzo de 2021, uno de los monopolios ultraortodoxos fue quebrado cuando, por primera vez, se adhirió a la Knéset un rabino reformista por el Partido Laborista Israelí. Es una gran primicia que otorga una voz a los «judíos de prácticas diferentes» y pone a la defensiva a la ultraortodoxia.

A pesar del ingreso en la Knéset del rabino Gilad Kariv y lo pionero que ha sido el fallo de la Corte Suprema en este asunto, no solo no se decidirá quiénes serán considerados judíos, sino que tampoco se aliviará el sufrimiento de las personas afectadas, entre ellas, los inmigrantes que fueron víctima de antisemitismo en sus países. Aunque estos han podido inmigrar a Israel y recibir la ciudadanía de manera automática, gracias a la Ley de Retorno, los rabinatos no los reconocen como judíos, y debido a esto, les es negado el casamiento y el registro de sus hijos como judíos.

Esto es un problema para cada vez más personas en Israel, incluyendo a los jóvenes, quienes por convicción no quieren dejarse casar por el rabinato ultraortodoxo, pidiendo, por ende, una ceremonia religiosa oficiada por un rabino reformista, sin oponerse a la ley o a los requisitos religiosos.

Sin duda, escucharemos más respecto a este acalorado tema en el transcurso del 2021.

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