Grabado para la eternidad

Mori Lidar

Una inscripción del siglo IX antes de Cristo parece ser el testimonio escrito no bíblico más antiguo que nos transmite el término “hebreo”. El mismo establece una conexión prominente entre el reino de los israelitas y Moab.

Uno de los mayores problemas de la arqueología bíblica consiste en que pocas veces puede apoyarse en otros testimonios escritos contemporáneos. Fuera de la Biblia, que desde la perspectiva judía representa los acontecimientos, los arqueólogos que se especializan en ese período tienen muy pocas fuentes que sirven de referencia, y si aún así hay alguna, en el mejor de los casos, son solamente referencias puntuales. Una referencia extrabíblica de ese tipo existe ahora para un aspecto muy importante, de modo que los arqueólogos están verdaderamente emocionados. Se trata de la decodificación de una inscripción que fue redactada en la región bíblica de Moab, si bien en caracteres hebreos, pero en la lengua de los moabitas y en la que aparece la palabra “hebreos”. Hasta ahora, es la única fuente extrabíblica, y posiblemente la más temprana, en la que aparece este término.

La inscripción fue descubierta recién en 2010, pero llevó un buen tiempo hasta que se pudo descifrar los caracteres dañados; para eso, los expertos tuvieron que aplicar una técnica fotográfica especial para poder reconocer los matices no visibles a simple vista. El lugar del hallazgo es Khirbat Ataruz en Jordania, que también es conocido con el nombre bíblico de Atarot. La inscripción está grabada en una piedra cilíndrica, que tiene aproximadamente medio metro de altura y cuyo diámetro es de 18.5 centímetros. Esta fue hallada en un edificio que se encuentra expuesto sobre una colina, y que en leguas a la redonda, es la única construcción creada por mano humana. Con base en la construcción y otros indicios, ya que se encontró una plataforma, un altar y mesas de sacrificio, parece tratarse de un santuario. La piedra mencionada con la inscripción, según piensan los arqueólogos que dirigen esta excavación, era utilizada para el ofrecimiento de incienso. Los métodos de datación arqueológicas permiten determinar la edad de esta piedra y de su inscripción: siglo IX tardío o siglo VIII temprano antes de Cristo.

El contenido de esta inscripción se complementa con la mundialmente conocida Estela de Mesa, que hoy puede ser admirada en el Louvre de París, y cuyo hallazgo en el año 1868 tiene una historia notable. Se trata de una estela que desde el punto de vista del Rey Mesa, describe cómo él se liberó del dominio de los israelitas, algo que nos relata también la Biblia en 2 Reyes 3:4-5, si bien en una manera mucho más seca y objetiva. Aún cuando los relatos varían, la narración bíblica de la guerra con el Rey Mesa recibe una referencia extrabíblica por la estela. Esto ahora es complementado por la inscripción descifrada que fue hallada en Khirbat Ataruz. Acerca de esto, el arqueólogo director Chang Ho-Ji dijo que el edificio que se sigue excavando aparentemente haya sido levantado para conmemorar dicho acontecimiento, si bien él agrega que eso es tan solo una hipótesis, aunque una explicación apropiada de las características específicas.

La inscripción consiste de dos textos de varios renglones que eventualmente también habrían sido redactados en diferentes períodos históricos, y que, en parte, estaban poco dañados, en parte fuertemente dañados. En su decodificación, participó significativamente el doctorando Adam Bean, quien se graduó de la universidad estadounidense de John Hopkins. Su colega historiador, Dr. Michael Langlois, dijo sobre esto frente a la prensa: “Los caracteres de esta inscripción se diferencian de la Estela de Mesa; son de una calidad inferior. No se trata aquí de una descripción presumida de victoria. Pero aún así, ese tipo de textos para nosotros son de especial importancia, ya que son fuentes de referencia importantes –y a veces únicas– para comprender mejor cultura, historia, lengua y también religión de pueblos antiguos.”

De hecho, los dos textos, por breves que sean, contienen informaciones significativas. Según explica Bean, en uno de los textos se trata de cantidades del metal bronce, mientras que el segundo texto, que es más largo, retiene lo siguiente: “4 + 60 de los hebreos… y 4 000 hombres extraños fueron expulsados y abandonaron en gran número la ciudad destruida… que… un altar de sacrificio/altar de incienso… propiedad de tierra”. Los investigadores admiten, que ambos textos todavía presentan muchos signos de interrogación, y que incluso son enigmas. Los caracteres están severamente dañados. La decodificación de la palabra “hebreos”, por eso no está asegurada. Pero aun cuando la investigación siga discutiendo si realmente se trata de este término, y a quién se refiere en definitiva, ya que si bien las representaciones se complementan, en cuanto a contenido son contradictorias, aún así se trata de un extraordinario testimonio no bíblico, que permite echar una mirada incomparable a aquel tiempo, y cuya importancia incluso aumenta a través de su homólogo en forma de la Estela de Mesa.

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