Fracasó mega negocio de Trump en Cercano Oriente

Zwi Lidar

Después de la declaración estadounidense de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, los palestinos anunciaron que ya no aceptan a los EE.UU. como intermediario. Como consecuencia, iniciativas unilaterales nuevamente se han dedicado a la proclamación de un Estado palestino.

Al mega negocio que el presidente estadounidense Donald Trump prometió para el Cercano Oriente, se le puede diagnosticar la muerte clínica. La declaración estadounidense de trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, y con eso, de reconocer a la ciudad como capital del Estado de Israel, fue entendida como respaldo diplomático y moral exclusivo para Israel. Por eso, no debe asombrar que el lado palestino se sintió engañado, resultando esto en el final del proceso de paz.

Ante las declaraciones provenientes de EE.UU., la reacción palestina fue la correspondiente: estaban furiosos. “Los norteamericanos nos han dado una bofetada… Nos encargaremos de pagarles con la misma moneda”, anunció el presidente de la Autoridad Palestina (AP) Mahmud Abás en la sesión de apertura de un encuentro de dos días del comité central de la OLP en Ramala. Abás también agregó: “Ya no aceptaremos ningún intermediario americano para las negociaciones”. Asimismo, el mandatario anunció que retomará e intensificará los esfuerzos unilaterales de los palestinos en el escenario internacional, para lograr la fundación y el reconocimiento de un Estado palestino. Uno de los primeros pasos a tomar es una solicitud presentada a la Unión Europea, para que reconozca un Estado palestino con las fronteras de 1967, incluyendo la capital Jerusalén Este. Más allá de eso, Abás firmó 22 solicitudes para hacer registrar a Palestina en organismos internacionales, lo que estaría vinculado con la adjudicación del estatus jurídico correspondiente que a la postre permitiría demandar al Estado de Israel. El objetivo más relevante de estos pasos y medidas es en definitiva obtener la elevación del estatus de Palestina ante las Naciones Unidas; se quiere pasar de Palestina como “Estado con estatus de observador” (obtenido en 2012, con base en un procedimiento unilateral similar de la Asamblea Plenaria de la ONU) a Palestina como Estado miembro en pleno ejercicio.

Por ahora, Trump intenta poner a los palestinos nuevamente en el carril, y al hacerlo, apuesta a los medios que probablemente le sean más familiares: habiendo sido empresario, recurre al dinero. Fue así como Trump amenazó a los palestinos de que, en caso de que ellos no regresen a la mesa de negociaciones, EE.UU. no cumplirá con sus compromisos de pago para la UNRWA, aquella obra benéfica que las Naciones Unidas fundaron para los 700,000 refugiados palestinos que huyeron de Israel a causa de la Guerra de Independencia de 1948. Esta obra benéfica de la ONU continúa su trabajo hasta el día de hoy, de modo que también las generaciones de descendientes de los antiguos refugiados se benefician de los subsidios. La UNRWA misma informa que atiende a 5.2 millones de palestinos, de los cuales, alrededor de dos millones viven en la Franja de Gaza. A ellos se les proveen servicios de educación, salud y formación profesional, y naturalmente, también servicios sociales. El presupuesto de la UNRWA en 2018 asciende a 1.2 mil millones de dólares estadounidenses, de los cuales alrededor de un tercio (es decir 369 millones de dólares) son aportados por EE.UU. “Si los palestinos ya no están dispuestos a llevar adelante las negociaciones de paz, ¿por qué nosotros entonces les deberíamos hacer llegar un subsidio tan generoso?”, proclamó el presidente Trump en Twitter.

Esta y otras declaraciones del presidente estadounidense encontraron total apoyo del lado oficial de Israel. El hecho es que, en los últimos años, se ha visto que diversas organizaciones terroristas, en especial de la Franja de Gaza, han utilizado las instalaciones de esta obra benéfica de la ONU, por ejemplo, como depósito de armas y misiles. Una organización de observación israelí descubrió, además, que la UNRWA utiliza en sus escuelas materiales educativos de la AP, en los cuales, abiertamente y sin disimulo, se fomenta el odio contra los judíos, y se glorifica como mártires a los perpetradores de atentados suicidas. A pesar de esto, Israel pidió muy discretamente a los americanos que no se tocaran los fondos de subvenciones prometidos a la UNRWA, ya que Israel teme que a causa de una reducción en la asistencia médica y de despidos de empleados, se produzca una crisis humanitaria. Israel propuso mantener las subvenciones con dos condiciones: por un lado, que algo cambie en el sistema educativo de la UNRWA, y por otro, que se realice un mejor control del reparto de los medios financieros, de modo que se pueda evitar que organizaciones terroristas tengan acceso a los mismos.

El presidente de la AP, Abás, no reaccionó de modo muy diplomático a estos acontecimientos: “Trump nos amenaza con suspender la ayuda financiera, porque hacemos fracasar las negociaciones. ¡Que su casa sea destruida! ¿Alguna vez siquiera hemos realizado negociaciones?”. Cuando se redactaron estas líneas en EE.UU., aún no había una decisión clara en relación con este asunto. Se continúa discutiendo si debe haber un recorte en los subsidios para la UNRWA y, si es así, en qué dimensión; también están en discusión otros fondos de subvenciones que EE.UU. hace llegar directamente a la AP. En Israel, se teme que la maldición que Abás expresara contra Trump, quien en definitiva es muy conocido como narcisista e impulsivo, pueda costarle caro a la AP y a todo el pueblo palestino. Por eso, Israel espera que en EE.UU. pueda imponerse una política pensada con lógica e imparcialidad, y que no hable la ira ciega que llevaría a que reinara el caos.

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