¿Está Israel siendo amenazado por una quinta columna?

Antje Naujoks

La política israelí está tomando un nuevo rumbo por primera vez en la historia del país, ya que un partido árabe se sitúa junto a la coalición como partido tolerante. En este momento hay una creciente preocupación del Israel judío por la lealtad de la comunidad árabe.

La minoría árabe de Israel representa algo más del 20% de la población. No es un grupo homogéneo, ya que incluye, no sólo una mayoría de musulmanes sino también de cristianos y drusos. Este gran grupo de población cultiva una identificación muy distinta a la del Israel judío, generando precisamente este aspecto, cierta preocupación. La identificación de los ciudadanos árabes del país con los “hermanos y hermanas palestinos” en el ámbito social, cultural y político, así como con toda la nación árabe, puede suponer graves riesgos para la seguridad de Israel, aunque no deba ser algo que ocurra necesariamente.

Es actualmente el caso de un empresario musulmán-beduino del Neguev: Yaqoub Abu Al-Qian, de 46 años, es muy conocido en Israel, ya que su carrera sirve de escaparate para demostrar que Israel es cualquier cosa menos un Estado de apartheid.

Criado en una choza de hojalata en medio del desierto, sin acceso a la electricidad ni al agua corriente, y a pesar de esto, asistió a la escuela durante diez años. Israel, que sabe que la educación es clave para la movilidad social, insiste en la escolarización incluso de los beduinos que carecen de un hogar permanente, y también proporciona autobuses escolares que ahorraron a Yaqoub una caminata de dos horas hasta la escuela cuando era niño. Pero la verdadera historia de éxito de este hombre comenzó hace unos 25 años, cuando pasó de ser un trabajador agrícola a ser un emprendedor. Fundó, poco a poco, una empresa tras otra y desde hace años se le considera el millonario selfmade entre los beduinos. Sólo el volumen de negocio anual como contratista de obras asciende a unos 26 millones de euros.

Hace unos años, causó un gran revuelo en Israel porque se distanció claramente de la “causa palestina”. Exigía que los políticos árabes del país dieran prioridad a los problemas de su propia comunidad. Quiso tomar las riendas del asunto presentándose como candidato al Knesset, por lo que se unió al partido Telem de Moshe (Bogie) Yaʽalon en 2019. Como se presentó en una lista de candidatos poco prometedora, no entró en la Knesset.

Después de eso se hizo silencio entorno a su persona. Desde hace unas semanas, sin embargo, es noticia ya que está en custodia judicial– se le acusa de graves delitos contra la seguridad.

Según las investigaciones del servicio de inteligencia nacional israelí Shabak, tuvo contacto con un ciudadano libanés-iraquí, al cual le afirmó tener “contactos en altos círculos gubernamentales y militares israelíes”.

Se comenta que ha proporcionado información secreta referente a la seguridad del Ministro de Defensa Benny Gantz, tales como datos de agenda y paraderos. Dado que el intermediario de Abu Al-Qian tenía contactos directos con la inteligencia iraní, los servicios de inteligencia intervinieron y lo arrestaron.

Este caso plantea enormes riesgos para la seguridad de Israel y demuestra la rapidez con la que se puede dar un giro de 180 grados, sea por la razón que sea. Sin embargo, cualquiera que concluya de esto que Israel desconfía de todos los ciudadanos árabes, comete un error: pues, en el momento en que Abu Al-Qian estaba siendo acusado, el Tribunal Supremo declaró el nombramiento de la diputada del Partido Laborista Ibtisam Mara’ane-Menuhin para la Comisión de Asuntos Exteriores y Seguridad de la Knesset, lo que significa que una mujer musulmana tiene ahora acceso a los que posiblemente sean los asuntos de seguridad más importantes del Estado de Israel.

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