Esplendor de una sinagoga (casi) sin judíos

Antje Naujoks

Egipto no está bien económicamente. Por eso queda aún más claro, que en el caso de la renovación de la sinagoga en Alejandría, se trata de un proyecto prestigioso de coartada, pensado para presentar al país como tolerante y abierto al mundo.

La sinagoga Eliyahu Hanavi, en la ciudad marítima egipcia de Alejandría, en un tiempo fue un edificio esplendoroso. En ese lugar ya se edificó una casa para el servicio judío a Dios en el año 1354. La construcción original fue destruida dos veces, la última vez a instancia de Napoleón Bonaparte en 1798 durante la expedición a Egipto. En 1850, la comunidad judía decidió hacer una construcción totalmente nueva en el lugar de la sinagoga destruida. Surgió un edificio prestigioso en el que cabían alrededor de 700 personas y que era la más grande de las dos sinagogas de esta ciudad marítima. A eso, en aquel entonces, se agregaban varias casas de oración, ya que en tiempos de auge, esta comunidad contaba con varias decenas de miles de miembros.

A los judíos les une con el país del Nilo no solamente la vida de Moisés, la historia del Éxodo que los judíos conmemoran cada año en Pesaj, y la trayectoria de José que vivió en este país como esclavo de Potifar, el mayordomo del faraón. Una comunidad judía existió en Egipto desde el primer siglo d.C., pero también antes de eso uno se encontraba con judíos en este país. Esta ciudad marítima, fundada por iniciativa de Alejandro el Grande, era conocida en los últimos siglos antes de Cristo no solamente por su faro, que cuenta como uno de los siete maravillas del mundo antiguo. Alejandría también avanzó a ser el centro intelectual del imperio helenístico por su biblioteca sin par. Esta era mucho más que solo un lugar para guardar obras escritas del mundo conocido de aquel entonces, sino que en realidad era algo así como un lugar de reflexión, un centro intelectual, que atraía a filósofos, científicos y artistas. Allí no solamente se encontraban textos hebreos, sino ya a partir del 250 a.C. también a eruditos judíos. Está documentado que docenas de rabinos aceptaron una invitación a Alejandría para traducir grandes partes del Antiguo Testamento del hebreo al griego. De este trabajo de equipo surgió la obra que hoy conocemos como la Septuaginta.

Cuando en el siglo séptimo d.C. Egipto cayó bajo influencia del islam, todo eso desapareció. A pesar de eso, el credo judío, además del cristiano hasta el día de hoy, juntamente con el islam, es una de las religiones estatalmente reconocidas del país. A través de los siglos, sobre todo viajeros europeos, informaban una y otra vez sobre la comunidad judía que se concentraba en El Cairo y Alejandría, y a la que pertenecían filósofos conocidos como Maimonides, también conocido como rabí Moisés ben Maimon. Él nació entre 1135 y 1138 en Córdoba y falleció en el 1204 en El Cairo. A causa de la expulsión de los judíos de la Península Ibérica en 1492, esta comunidad experimentó un crecimiento enorme. Todavía a principios del siglo XX, la comunidad judía de Egipto contaba con al menos 80.000 personas.

La sinagoga Eliyahu Hanavi era uno de los centros más importantes de esta comunidad. También ella experimentó un declive en el correr de la disminución de la congregación alrededor del tiempo de la fundación del Estado de Israel en 1948, con la crisis de la Guerra del Sinaí en 1956 cuando la mayoría de los judíos restantes fue encarcelada y sus propiedades confiscadas, y nuevamente en 1967. En la actualidad, ya no queda casi nada de la comunidad judía, porque en aquel entonces muchos fueron obligados no solamente a emigrar, sino también a cambiarse de religión. En Alejandría viven actualmente solo unas cuantas personas que se dan a conocer como judíos, pero existen muchos más en todo Egipto que tienen antepasados judíos.

Pero no solo a causa del declive de la comunidad judía fue que quedó abandonada esta hermosa sinagoga de Alejandría, que recibió su nombre del Profeta Elías. En 2012, pasó agua de lluvia a través del techo y causó graves daños, que al principio solo afectaron el emporio de las mujeres. Pocos años después, se derrumbó una parte del techo, de modo que el entrar a este edificio sagrado llegó a ser peligroso. Las autoridades egipcias lo cerraron y definitivamente decretaron nuevos reglamentos. De ahí en más solo se permitía a judíos y no-egipcios acercarse al terreno, que era masivamente custodiado.

Hace algunos meses atrás comenzó entonces una “nueva era”: la sinagoga fue renovada por varios millones de dólares estadounidenses y, como se podía ver en la inauguración en enero de 2020, resplandece no solo en su gloria pasada, sino quizás incluso más magnífica que antes. Las celebraciones con motivo de la inauguración recibieron mucha publicidad en los medios de comunicación, muy para alegría del hombre más poderoso del país a costas del Nilo, Abdel Fatah a-Sisi. Se había invitado a representantes del gobierno y a otras personas de alto rango, entre ellos a unos 25 diplomáticos. Más allá de eso, estaban presentes los líderes de las comunidades judías de El Cairo y Alejandría, que no obstante solo consistían en ocho a diez personas. Invitados israelíes no había, sin embargo, el ministerio de asuntos de exterior israelí manifestó que los egipcios realizarán un segundo evento de inauguración.

No solo a israelíes y judíos les parecían extrañas las imágenes de la inauguración de la sinagoga renovada, que dieron la vuelta al mundo. Muchos egipcios guardan rencor contra a-Sisi, quien hizo levantar edificios suntuosos privados, mientras el país sigue viviendo en pobreza. En noviembre de 2018, anunció: “Tenemos judíos en nuestro país y construiremos [sinagogas] para ellos”. Hacia afuera, la restauración de la sinagoga Elijahu Hanavi aparenta ser un acto de coartada de un Egipto supuestamente tolerante, no obstante, en los medios sociales del país, como también más allá del mismo en el mundo árabe, esto favoreció los rumores que la madre de a-Sisi tuviera raíces judías.

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