Espionaje COVID de Israel y la segunda ola

Antje Naujoks

Casi ninguna otra democracia restringió los derechos de sus ciudadanos tan masivamente como lo hizo Israel, cuando en la primavera trataban de controlar la pandemia. Aún así, Israel fue tomado por una segunda ola mucho más fuerte que la primera. ¿Qué pasó?

Israel fue mencionado casi en el mundo entero como modelo ejemplar. Eso ha cambiado, ya que, ahora, Israel es un ejemplo negativo. No obstante, el mundo sigue mirando hacia Israel y aprende de la «nación del libro», que coloca muy en alto el valor del estudio. Además de eso, Israel como taller de innovaciones sostiene que lo que vale no son los fracasos, sino el hecho de cómo uno se vuelve a poner en pie después de los mismos. Ahora Israel, como país, como democracia y como pueblo, puede probar eso en un tiempo difícil como un tipo de auto-experimento. Pero, ¿qué sucedió en realidad en Israel? ¿Qué razones hay detrás de eso, y por qué una vez más juegan un rol tan destacado la tecnología de Israel, juntamente con los servicios de inteligencia?

A fines de febrero 2020 aparecieron las primeras infecciones de COVID-19 «viajeras» en Israel. Ya a principios de marzo, Israel estaba entre los primeros países que se aislaron. En la primavera 2020, Israel salió a una batalla que superó de manera destacada: cadenas de infección fueron reconocidas ampliamente, los hospitales rápidamente cambiaron a modo emergencia, la defensa civil se activó, y los ciudadanos en mayoría abrumadora participaron en restricciones duras. Israel no solo estaba entre las democracias que decretaron los toques de queda posiblemente más rígidos –temporalmente, uno no podía alejarse más de 100 metros de su residencia– sino también tecnológicamente estaba en la boca de todos. Laboratorios de investigación trabajaban a máxima capacidad para aprovechar su peritaje para vacunas y medicamentos, e innovaciones médico-técnicas eran mejoradas para esta epidemia, de modo que rápidamente otros Estados también se beneficiaran de los avances, que no eran solamente telemédicas. El mundo definitivamente miró hacia Israel, cuando el Mossad fue incluido en la lucha anti-epidemia.

También en esta área, Israel era una de las pocas democracias que fue más lejos en la restricción de la esfera privada de sus ciudadanos. Quien venía del extranjero, era llevado a la cuarentena por el Estado, quien podía ser un peligro para conciudadanos infectados, era hospedado en un corona-hotel. El Mossad, en definitiva, se hizo cargo de esta lucha en dos frentes: hacer valer los contactos de vasta ramificación para adquirir equipos en el extranjero, y rastreo por GPS de los teléfonos móviles para la protección de personas.

Posiblemente, el mayor éxito del Mossad en tiempos de pandemia es la adquisición de equipamiento médico. El país comenzó la crisis (mal planificada y por eso mal preparada) a escala nacional con alrededor de 2300 respiradores. Si se piensa en las condiciones en Italia, con un poco más de nueve millones de habitantes ese es un escenario para una catástrofe. Israel se lo debe al Mossad, que actualmente dispone de más del doble de esos dispositivos, cuyas capacidades eran incrementadas por los expertos del país con soluciones poco convencionales. En total, el Mossad creó 47 elementos diversos de equipamiento médico (máscaras, análisis, medicamentos y otros). Esto, a su vez, en grandes cantidades y en tiempos de escasez mundial. Ese es un logro casi increíble, y cuanto más cuando uno recuerda que la adquisición, en parte, fue efectuada en países con los que el Estado judío no tiene ningún tipo de contactos diplomáticos. Que Israel, entretanto, hace los titulares mundiales porque los ciudadanos rara vez usan las máscaras conseguidas con tanta dificultad por el Mossad, y cuando sí las usan, rara vez lo hacen en forma debida, es otra historia, y es una de muchas razones por la cual Israel fue tomado por una segunda ola mucho peor que la primera.

La próxima área en que el Mossad e Israel causaron sensación se refiere a la utilización de la tecnología moderna asociada al peritaje del servicio de inteligencia. Mientras que en Alemania, por ejemplo, comenzó una discusión engorrosa sobre el tema protección de datos, en Israel los ciudadanos prácticamente de la noche a la mañana se convirtieron en ciudadanos según el ejemplo de la novela de Orwell, 1984. Si bien, similar a lo que es en Alemania, la aplicación del ministerio de salud puede ser usada voluntariamente (y similar como en Alemania también en Israel hubo mal funcionamientos y varias correcciones), el Tribunal Supremo de Israel confirmó que los servicios de inteligencia en tiempos de epidemias pueden proceder como en el caso del rastreo de terroristas. Aun así existen diferencias serias: Alemania discutió extensamente, se consideró y recién después se tomaron decisiones en las que se mantuvo constante. Israel, sin embargo es y sigue siendo Israel: aquí se corre hacia adelante, se rema hacia atrás, para luego otra vez ponerse en marcha desde el mismo punto de partida –la misma posición inicial pésima, aunque con más experiencia.

Esto no se refiere solamente al Mossad y su trabajo de inteligencia en el tiempo de la epidemia, sino a todas las áreas del manejo israelí de la plaga: los hospitales rápidamente instalaron unidades ejemplares de cuidados intensivos que nunca fueron utilizados, y fueron desmontados con la misma rapidez como fueron instalados, solo para volver a instalarlas poco tiempo después. Israel no solo entró rápidamente en un confinamiento, sino además en un toque de queda muy estricto, casi con la misma rapidez levantó las restricciones, que luego tuvieron que ser impuestas nuevamente dentro de un tiempo muy corto. El gobierno tomó decisiones osadas, la nueva coalición con ministros flamantes dio un giro, o el gabinete del coronavirus tomaba decisiones que se contradecían con las directrices gubernamentales, y posiciones de liderazgo profesional temporalmente incluso quedaron vacantes. El Mossad se encontraba atascado con la no-utilización judicialmente ordenada de conocimientos de la infección, y el ejército y su defensa civil –otra receta secreta israelí, cuando se trata de logística y soluciones inusuales para problemas que todos consideran como imposibles de solucionar– eran mantenidos a distancia.

Si a la comunicación deficiente y falta de coordinación se añade también una planificación insuficiente –no una planificación a largo plazo, la que de todos modos no es posible en Israel, sino planificación a corto plazo para un período de 14 días– y luchas políticas por el poder en una coalición de gobierno todo menos estable, que en el lado económico del frente de la epidemia tampoco brilla, sucede aquello con que Israel ahora hace los titulares: incapacidad de controlar una segunda ola. Por supuesto que hay muchas razones más que intervienen –parte de eso es también que los israelíes no son los ciudadanos más obedientes cuando se trata de órdenes y prohibiciones– pero eso no cambia en nada la magnitud. En tiempos máximos de la primera ola, Israel registraba como récord diario un máximo de 900 nuevos infectados por día, a fines de julio 2020, de lo contrario, eran casi 2000 por día.

Naturalmente se volvió a llamar al Mossad en vista de una situación dramática. El servicio secreto extranjero de Israel no solo dispone de capacidades extraordinarias, sino también de tecnologías excepcionales. Nuevamente, en el servicio activo de la epidemia, en el correr de unas pocas horas, el Mossad puso en cuarentena domiciliar a decenas de miles de israelíes; una medida probada de baja tecnología para cortar cadenas de infecciones. No obstante, el Mossad también puso en cuarentena a incontables ciudadanos que podían demostrar que les separaba por lo menos una pared o un cielorraso de los infectados, ya que se trataba de vecinos en edificios altos sin contacto entre ellos. El caos se convirtió en un mega caos, y el Mossad tuvo que admitir que los programas y modelos que utiliza, si bien funcionan de lo mejor cuando se quiere frustrar a tiempo un atentado terrorista de un solo perpetrador en medio de una masa de gente. De lo contrario, si se trata de advertir individuos de muchos peligros, uno se encuentra con obstáculos.

No obstante, parte de Israel es un sinfín de idas y venidas y audacia, que una vez trae éxito y otra, fracaso. Lo importante es y sigue siendo lo que mantiene a Israel funcionando y que ahora en un tiempo de crisis para el Estado, la democracia, el ejército y la sociedad, y para cada ciudadano individual es probado: con rapidez se realiza errores, y con la misma rapidez se aprende de ellos. Esa es una receta que ayudó al único Estado judío del mundo no solo en convertirse en Estado, sino también a través de siete décadas a sobrevivir, a florecer y a prosperar. Del mismo modo, Israel quiere resistir a la pandemia, a eso está totalmente decidido.

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