Entre antisemitismo y sionismo

Antje Naujoks

El Consorcio Ford es una empresa tradicional. Si bien Henry Ford en la producción era considerado como precursor para muchas innovaciones, ejercía un antisemitismo trasmitido por generaciones, mientras que su nieto debe ser considerado como un sionista profeso.

Henry Ford fundó la Ford Motor Company en 1903, es decir, poco después de que los primeros carros privados hacían que el tránsito fuera inseguro. En la actualidad, el Consorcio Ford es considerado como el quinto fabricante de automóviles más grande del mundo. La sede principal de la empresa se encuentra en Dearborn, en Michigan, EE. UU., estado que cuenta con algunos ciudadanos más que el Estado de Israel, y que es de características cristianas: alrededor de un tercio de la población es activa en diversas denominaciones cristianas. Si bien allí tanto los demócratas como también los republicanos tienen sus respectivos bastiones, y a fines del siglo veinte, los dos partidos igualaban en lo esencial, desde 1996 se puede ver una tendencia hacia los republicanos. Este estado es expresamente conservador, no solo en tiempos de Henry Ford.

Ford demostró tener sentido para innovaciones modernas con la introducción de la cadena de producción solo unos pocos años después de fundada la empresa. A él no solo se le adjudica el haber revolucionado el modo de producción industrial, sino también una caracterización determinante de la producción masiva moderna. Era conocido por su estilo de liderazgo dictatorial que intervenía en todas las áreas de la vida de sus trabajadores. Mientras que en su entorno comercial, brillaba con un lema como “El secreto del éxito es comprender el punto de vista del otro”, este hombre nacido en 1863 era conocido no solo como masón, sino también por su rechazo hacia los inmigrantes. Pero mucho más conocido es por su antisemitismo.

Sostener ese tipo de opiniones de modo privado es una cosa, una totalmente diferente es hacer valer dinero e influencia para favorecer ideas antisemíticas por medio de publicaciones. Solo unos pocos años después de retirarse de la empresa, Ford se dedicó a la edición del diario Dearborn Independent, que llamaba la atención por sus artículos antisemíticos que, si bien no eran escritos por Ford, recibían el visto bueno de él como editor. En dicho diario, se publicaban aún los prejuicios antisemíticos más torpes. Algunos artículos fueron incluidos en la edición americana del libro Mi Lucha de Hitler. Si bien aumentaban las protestas públicas, recién en 1927 por medio de una denuncia se pudo impedir la proliferación de las opiniones antisemíticas a través de este diario. Ford interrumpió la edición en diciembre de 1927, lo que no significa que él cambiara sus ideas.

En julio de 1938 y ante 1.500 huéspedes prominentes, el empresario Ford aceptó radiante una condecoración muy especial: la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana para extranjeros. Hitler mismo había firmado el documento, después de todo, él era un gran admirador de Ford ya desde los años del 1920. Si bien no se puede demostrar que Henry Ford donara para el NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), está documentado que la Ford Motor Company participó en el establecimiento de las fuerzas armadas alemanas antes de la Segunda Guerra Mundial. Se sabe además que, en 1940/41, en el marco de su membresía en el America First Committee trató de impedir el ingreso de los EE. UU. en la guerra, y que antes y después de ese tiempo, con su sede alemana radicada en Colonia desde 1931 lograra buenas ganancias, también porque ocupaba trabajadores forzados. En este contexto, da la impresión que fue falsa una declaración que él, a principios del 1942, solo unos cinco años antes de su fallecimiento, en una carta dirigida a la Anti-Defamation League (Liga Anti-difamatoria) se expresara en contra de la difamación judía. Que Ford no solo es sinónimo de automóviles, sino también de una historia dolorosa lo demuestra el hecho que, aún en 1998, antiguos trabajadores forzados hicieran demandas por indemnizaciones.

La Ford Motor Company que, en 1955, se convirtió en sociedad anónima y hoy logra una facturación anual de alrededor de 50 mil millones de dólares estadounidenses, en el correr del tiempo, vio más que solo un cambio. Uno de los cambios especiales de carácter menos conocido fue realizado por Henry Ford II, quien tomó la dirección de la empresa en 1945. Ya al poco tiempo de la independencia de Israel, él hizo concretar un contrato comercial con el joven Estado, que prometía una solución para el transporte público. Le hizo llegar una limosina a Ben-Gurion; otro modelo como el que recibió Truman, el presidente de los EE. UU., y en 1950 dio una donación generosa a la campaña del Comité Cristiano, que trabajaba con el United Jewish Appel. Además, donaba para el fondo de emergencias que Israel instituyó durante la Guerra de Seis Días. A principios de los años del 1970, Henry Ford II visitó Israel por primera vez y, como respuesta al boicot árabe, se hizo cargo de instituir una planta de producción en la ciudad israelí-árabe de Nazaret. Si bien más adelante justificó esto con consideraciones netamente comerciales, también admitió que quiso deshacerse “del estigma antisemítico que seguía a mi empresa”. Que en temas de comercio era no menos orientado hacia lo lucrativo que su abuelo, lo muestra el hecho que aprovechó la filial en Nazaret como trampolín para la exportación a África. Ahora ya hace mucho que William Ford, bisnieto de Henry Ford, dirige el consorcio. Él visitó a Israel en 2019 para inaugurar un centro de investigación y desarrollo en el país.

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