El visir egipcio con el nombre semítico

Antje Naujoks

La Biblia narra sucesos extraordinarios que conectan la historia del pueblo de Israel con la tierra del Nilo. De vez en cuando, uno se encuentra con piezas arqueológicas que prometen pruebas extra-bíblicas.

Vez tras vez, la arqueología encuentra objetos que no solo traen luz a períodos y acontecimientos históricos, sino que también los cimenta de manera contundente. Aún así existen sucesos bíblicos que siguen velados por el velo de los siglos y milenios pasados. Eso no es solo el hecho en cuanto al reino de David y el tiempo del Primer Templo, acerca de los cuales la arqueología solo nos presenta objetos de forma limitada. Fuentes más largamente conservadas de forma escrita sobre el pueblo de Israel en algunos casos llegan hasta alrededor del siglo ocho a.C. Para siglos anteriores hasta la fecha, prácticamente no se encontró otra cosa sino menciones del nombre del pueblo de Israel por otras culturas, como en una tablilla de escritura cuneiforme descubierta en Ugarit o en la estela de victoria del soberano egipcio Merenptah, que es datada en el siglo XIII antes de Cristo. De existir hallazgos arqueológicos acerca de períodos aún más tempranos, a menudo se trata de indicios que más bien dan lugar a especulaciones. Ese también es el caso de un fragmento de cerámica egipcio recientemente descifrado, que tiene alrededor de 3450 años y que contrasta letras de un alfabeto protosemítico de dos lenguas semíticas no habladas en Egipto con jeroglíficos. Los arqueólogos interpretan esto como señal de la presencia de tribus semíticas en la Península del Sinaí, no obstante sigue siendo una especulación.

Si se estudian períodos aún más tempranos de la historia del pueblo de Israel, uno se encuentra con un suceso al que los judíos recuerdan año tras año hasta el presente a través de la lectura de la Hagadá: la historia del éxodo de Egipto presentada en Éxodo 1-15. De tratarse de la presencia del pueblo de Israel en el país del Nilo, le corresponde una importancia aún mayor al penúltimo hijo del patriarca Jacob. José se enfrenta al odio de sus hermanastros (Gn. 37ss), que son los responsables de que él a los 17 años termine en la esclavitud egipcia. Si bien Dios está del lado de José, de modo que en Egipto logra un ascenso brillante, es encarcelado a pesar de ser inocente. Dios sigue del lado de José quien permanece firme, y quien a causa de su interpretación de sueños finalmente es sacado de la cárcel y llevado a la casa de los faraones. También la continuación de la historia de José (Génesis 4:1ss) es relatada con detalle: José por medio de la visión de futuro, salva a Egipto de las consecuencias de la sequía, pone a prueba a sus hermanos en Egipto, y finalmente, experimenta la reconciliación con su padre Jacob, quien bendice a sus nietos Manasés y Efraín, los hijos de José con la egipcia Asenat (Gn. 48).

Recientemente, salió un artículo sobre la interpretación de algo que fue hallado en 1980 en Saqqara, cerca de El Cairo. A los arqueólogos rápidamente les quedó claro que no se trataba de un sepulcro común, ya que la construcción se extiende a través de cuatro pisos, contiene cámaras escondidas y ofrendas funerarias extravagantes. Fue en 1987, que encontraron una cámara sepulcral del Visir ‘Abdi’el a quien se le diera sepultura allí. Inscripciones y representaciones señalan su alto rango en el Egipto faraónico. En un artículo que salió en el verano de 2018 en una revista arqueológica, se presentó consideraciones acerca del nombre de este visir que es inusual en Egipto, y se presentó la pregunta: “¿Un paralelo al José de la Biblia?”. Acerca de ese nombre es de notar que en el mismo se esconde la palabra semítica ebed, “siervo”, y que además contiene la palabra El, la denominación semítica para Dios, y puede ser traducido con “Siervo de El (Dios)”. Otros títulos de este hombre lo presentan como “consejero, a quien el faraón ya conocía desde niño” y como “hijo del palacio”. Estos y otros paralelos, entre ellos los altos rangos a los que ascendieron el José bíblico y el Visir ‘Abdi’el, son sensacionalistas e indican interconexiones, sin embargo, al mismo tiempo, excluyen la posibilidad de que se trate de la misma persona. No porque en la Biblia diga que Moisés al salir de Egipto llevó consigo los restos de José (Josué 24:32) y que le dieran sepultura en Siquem (Nablus), pero en el caso del hallazgo se trate nada menos que de una sepultura egipcia, sino porque este visir obviamente vivía en el siglo XIV a.C., un período en que se data el Éxodo de Egipto, y que por lo tanto fue varios siglos después del tiempo de José. A pesar de eso, se puede seguir especulando sobre cómo el visir llegó a tener este nombre.

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