El Valle del Jordán a la luz de la discusión sobre la anexión

Antje Naujoks

No es un tema nuevo. Ya antes de la fundación del Estado de Israel, los sionistas revisionistas hablaban de un Israel a ambos lados del Jordán. Después del 1967, la idea de una anexión fue discutida nuevamente, pero ahora el asunto está comenzando a moverse.

Después de que Naftali Bennet en las segundas elecciones de la Knéset en septiembre de 2019 nuevamente recibiera un escaño –en abril del 2019 no había recibido nada– en noviembre del pasado año fue nombrado como ministro de defensa del gobierno de transición de Netanyahu. Él rápidamente retomó un tema que Netanyahu mismo había lanzado a la agenda antes de la segunda vuelta de elecciones: la anexión de los asentamientos israelíes en el Valle del Jordán. Esa fue una innovación política real: hasta la fecha Netanyahu había evitado hablar abiertamente sobre ese tipo de planes. Durante la votación del comité central de su partido Likud en cuanto a la “soberanía sobre Judea y Samaria” a fines del 2017, él ni siquiera estuvo presente. De este modo él se mantuvo una puertita abierta según el lema: “si eso no le parece bien al votante, yo por lo menos no era parte del asunto”.

Bennett, un político con ideología nacional-religiosa, después de la primera reunión de un comité que abarca distintas secciones, se dirigió a los asentamientos del Valle del Jordán y anunció: “Como ministro de defensa tengo una posición clara sobre la expansión de asentamientos en Judea y Samaria de manera rápida, mejor posible y de efecto poderoso.” Él se encontraba en compañía de otros miembros de este comité de soberanía, al que fueron llamados representantes del ministerio de asuntos de exterior, de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI), de la administración civil de las regiones y del Consejo de Seguridad Nacional, para examinar la solicitud de Netanyahu sobre anexión de los asentamientos del Valle del Jordán. Si bien un gobierno interino no puede decidir sobre una solicitud de ese tipo, Netanyahu ya anunció que esta anexión será el primer acto oficial de su nuevo gobierno en la primavera 2020. Lo que queda por verse, sin embargo, es si Netanyahu esta vez logra formar un gobierno. Algo muy diferente es si verdaderamente queda como primer ministro.

A principios de 2020 en Israel nadie se asombró que Bennett, en su posición como ministro de defensa, quiera crear hechos para logra su verdadero objetivo: la anexión de la totalidad de la Zona C de Cisjordania negociada con los palestinos en el curso del Acuerdo de Oslo. Dicha zona se encuentra militarmente y de derecho civil bajo el control de Israel, y consiste del 60 por ciento de Cisjordania. En esta dirección ya trabajó su colega político-ideológica Ayelet Shaked en el curso de la duración de su cargo como ministra de justicia.

En el mismo tiempo, Netanyahu había anunciado sus planes de anexión, haciendo presión en su gobierno de transición a dar el visto bueno para la fundación de un nuevo asentamiento en esa región. De este modo, el puesto de avanzada Mevo’ot Jericó se convirtió en un asentamiento israelí por método rápido, en lo que Netanyahu enfatizó el aspecto militar de esa región: “Este es el flanco este de Israel, su muro de defensa en esa dirección”, y agregó que con una anexión de los asentamientos israelíes del Valle del Jordán al mismo tiempo estaría garantizado que “Israel no es un país con tan solo unos pocos kilómetros de profundidad, sino un país con profundidad, como también altura, estratégica”. En la reunión del gabinete anterior a las elecciones en septiembre 2019, Netanyahu había preparado el ambiente diciendo, que se perfilaría –como le habría confirmado el embajador estadounidense David Friedman– que inmediatamente después de las elección se presentaría el plan de paz de los EE. UU. Si bien esto no sucedió, poco antes del cierre de redacción los EE. UU. anunciaron que pedirán a los representantes de los dos grandes partidos que fueran a Washington, para presentar primeros detalles del “Tratado de Paz”. Pero ya anterior a eso, una declaración de los EE. UU. había causado un pequeño terremoto. Nada menos que en el momento en que los europeos afirmaron su decisión de marcar los productos provenientes de los asentamientos israelíes, el ministro de asuntos de exterior estadounidense, Mike Pompeo, dijo: “El establecer asentamientos israelíes civiles por sí no contradice el derecho internacional de las naciones”. Al mismo tiempo, Pompeo enfatizó que los EE. UU. con eso no se inmiscuyen en las negociaciones de la coalición, “ya que hoy tan solo hemos proclamado un reconocimiento de la realidad dada en dicho lugar”.

Para los palestinos queda claro que los asentamientos son el verdadero obstáculo en el camino a una paz. En Israel, se dividen los ánimos con respecto al tema asentamientos, sin embargo, muchos consideran que los asentamientos son irrelevantes en vista de la paz, y que una nueva retirada de colonos de Cisjordania significaría que Israel incluso podría verse amenazado en cuanto a su existencia. En el Valle del Jordán desde la parte norte del Mar Muerto hasta unos 15 kilómetros al sur de Beit Shean, la mayoría de los asentamientos ya fueron fundados a partir del 1968 y muchos en los años del 1970, y por razones estratégicas en cercanía por lo menos relativa de la frontera jordana y a lo largo de la autopista Nº 90. Todavía en 1996, es decir, algunos años después de los Contratos de Oslo, Shimon Peres, portador del premio Nobel de la Paz y más tarde presidente de Estado de Israel, defendió la opinión que: “Se debería convertir el Jordán en frontera militar, porque eso significaría que ningún ejército extranjero podría cruzar el Jordán y amenazar a Israel…”

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