El tercer templo y el Instituto del Templo

Fredi Winkler

El Instituto del Templo en Jerusalén examina cómo fue edificado el templo en ese entonces y cómo funcionaba todo dentro del mismo. ¿Se basará esto en planes concretos para la reedificación del templo?

Muchos cristianos consideran que, con base en 2 Tesalonicenses 2:4 y otros pasajes, el templo tiene que ser reconstruido. Por eso, una pregunta importante al respecto es: ¿qué tan concretas son realmente las intenciones del lado oficial israelí y judío? ¿Será que el Instituto del Templo recibirá apoyo del sistema religioso establecido y del gobierno?

En principio, se puede decir que el judaísmo ortodoxo religioso no rechaza la construcción de un templo. No obstante, opina que el tercer templo solamente puede ser edificado por el Mesías mismo. Esta opinión se basa en Zacarías 6:12-13, donde está escrito: «Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: he aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. Él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos».

Todos, tanto judíos como también cristianos, concuerdan en que este pasaje bíblico habla del Mesías. Pero, ¿cómo se llegará a la edificación del templo. Sobre esto existen las opiniones más diversas en el judaísmo. El Instituto del Templo es liderado por judíos ortodoxos que, en general, se atienen al punto de vista del liderazgo religioso, según el cual, cuando el Mesías venga, podrá edificar el templo.

El trabajo de investigación y planificación del Instituto del Templo está pensado como preparación, para que el día en que venga el Mesías, enseguida se pueda comenzar con la edificación del templo. Naturalmente, también existen grupos extremistas, que quieren construir el templo ahora. Pero estos son una pequeña minoría, y no tienen ningún apoyo del sistema judío-religioso establecido, ni del gobierno, y tampoco de algún partido político determinante.

Otros, a su vez, consideran que un templo futuro no puede ser construido por planificación y preparación humanos, sino que el Mesías cuando venga, levantará todo por medio de inspiración y dirección divinas. Una interpretación diferente es que el tercer templo bajará del cielo cuando venga el Mesías, y que así no será construido por mano humana.

¿Y qué en el tiempo hasta que venga el Mesías?
No solo entre judíos y musulmanes existe una disputa con respecto a la supremacía sobre el Monte del Templo, sino irónicamente también entre los judíos mismos, es decir entre aquellos que quieren subir al Monte del Templo, y los que no lo hacen porque infringe contra los reglamentos religiosos judíos (Halajá). Hasta el día de hoy, en la subida al Monte del Templo se encuentra un cartel con un decreto del supremo rabinato, según el cual no les es permitido a los judíos pisar el Monte del Templo.

Esta ordenanza, sin embargo, no es un reglamento estatal y no se castiga a nadie, si a pesar de todo sube. Según las reglamentaciones estatales, incluso les es expresamente permitido a los judíos visitar el Monte del Templo. Lo que, sin embargo, les es prohibido por ley hacer en el Monte del Templo es orar o cualquier otro acto religioso.

Por mucho tiempo, los judíos religiosos obedecieron la ordenanza del rabinato supremo. Pero desde hace algunos años, hay cada vez más judíos, especialmente del grupo nacional-religioso, que igual suben. De este grupo incluso se deben registrar visitas organizadas y repetidas del Monte del Templo. También diputados de la Knéset cada tanto participan de estas visitas. Estas, sin embargo, son controladas fuertemente y acompañadas por guardias de seguridad, para que no se llegue a fricciones con los musulmanes. A pesar de la prohibición judío-religiosa, ellos visitan el Monte del Templo, aunque no pasan a la explanada superior, en la que se encuentra el Domo de la Roca, sino solo van a la planicie más baja, que rodea el lugar alto donde en un tiempo se encontraba el templo con el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.

El Rabino Shlomo Goren fue el primero en tocar el shofar en el Muro de los Lamentos después de la conquista de Jerusalén Este. Él preguntó a Menajem Begin, primer ministro del Likud recién elegido después del cambio político de 1975: «¿Por qué a nosotros los judíos no nos está permitido orar en el Monte del Templo?». La respuesta que recibió fue: «Porque los rabinos no lo permiten».

Si bien el rabinato supremo en el pasado ha tratado con asuntos conectados con las celebraciones por la liberación de Jerusalén o el subir al Monte del Templo, pero nunca, ni siquiera en el nivel teórico, con la construcción del templo. Eso muestra que esto no es un tema para el liderazgo religioso.

Cuando años atrás, activistas de diversas organizaciones judío-religiosas comenzaron a animar a su gente a visitar el área baja del Monte del Templo sin llegar a la planicie superior sagrada, el rabinato supremo reaccionó con la indicación de que nada habría cambiado, y nuevamente prohibió a los judíos pisar el terreno entero del Monte del Templo. Y cuando un diputado provocó un debate en la Knéset, de si se le permitiría a los judíos orar en el Monte del Templo, el portavoz del primer ministro Netanyahu explicó: «El gobierno no tiene la intención de cambiar la política referente al Monte del Templo». Este apoyaría el cumplimiento del status quo.

Teniendo en mente todos estos hechos, naturalmente se impone la pregunta: ¿qué tipo de Mesías esperan los judíos? Acerca de esto, en el judaísmo no existe una idea clara o unificada, lo que no es sorprendente. Especialmente después de la primera venida de Jesús y la propagación del cristianismo, la perspectiva judía del Mesías se ha modificado en su esencia.

Según la interpretación general, el judaísmo actual espera un Mesías que será un hombre común, igual que cualquier otro. No obstante, tiene que cumplir tres cosas que lo distinguirán como Mesías. Primero: Él tiene que llevar de regreso al pueblo judío y traerlo a la tierra de los patriarcas. Segundo: tiene que hacer la paz. Tercero: tiene que reconstruir el templo. Quien cumpla con estos tres aspectos, sería el Mesías, según esta opinión ampliamente divulgada.

Por supuesto que esta teoría se contradice con la opinión de que solamente el Mesías puede construir el templo, si él como identificador debe haber cumplido con las tres condiciones. Y eso, a su vez, presupone lógicamente, que antes de la construcción del templo, igual tendría que demostrar ser el Mesías. La conclusión de todo esto es que en el judaísmo no existe una idea o una opinión clara o unificada sobre el Mesías y sobre la construcción del tercer templo.

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