El jaque mate sirio

Zwi Lidar

Israel sigue exigiendo la retirada iraní de Siria. Irán insiste en quedarse en el lugar. Con eso aumenta la tensión. Desde el punto de vista israelí, existe solo una salida: los rusos deben encargarse de que Irán desaparezca de Siria.

A mediados de febrero 2019, fueron atacados fuertemente con artillería tres objetivos en Quneitra, Siria, lugar que se encuentra sobre los Altos del Golán y directamente en la frontera con Israel. De modo planificado, Israel atacó posiciones de Hezbolá al igual que de las milicias chiitas pro-iraníes, que entran furtivamente en la región e intentan establecerse allí. Solo unos pocos días antes, los medios de comunicación israelíes informaron que Irán “reduce sus actividades en la región del aeropuerto de Damasco a causa de los ataques del ejército israelí”. Según informes de prensa, la Guardia Revolucionaria iraní habría trasladado sus actividades a una base aérea siria llamada T-4 en el norte del país. Por supuesto que ambas cosas están conectadas. Eso significa que Irán no tiene la menor intención de retirarse de Siria; todo lo contrario. A eso se opone Israel con una decisión estratégica: hay que sacar a los iraníes de Siria a cualquier costo, para que desde allí no pueda abrirse un segundo frente contra Israel.

Desde algún tiempo atrás, estos dos estados están intercambiando públicamente amenazas verbales. Fue así que un general iraní, con motivo del cuarenta aniversario de la Revolución Islámica, expresó la siguiente amenaza: “Borraremos a Tel Aviv y a Haifa”. A esto, Netanyahu le contestó: “Si ustedes siquiera lo intentarían, sería este el último aniversario de vuestra revolución”. No se necesita mucha imaginación para saber que después de eso, las tensiones solo aumentaron más todavía. Los dos Estados se mantienen inflexibles en su postura, y cuanto más pasa el tiempo tanto más claro queda, que ninguno de los dos lados puede ganar este juego de ajedrez en suelo sirio. Reina el empate.

¿Cómo se sale de una situación de empate de este tipo? El General Amir Eshel, quien en el pasado servía de comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas Israelíes, y quien en esa posición fue responsable de cientos de ataques israelíes sobre objetivos iraníes en suelo sirio, tiene una respuesta muy clara: “Un poder militar no moverá los iraníes a retirarse”. Eso él lo tiene claro. “Aquí ya solo ayudan esfuerzos diplomáticos que pueden tener un solo emisario: Rusia”. De hecho, también los responsables de las decisiones políticas del Estado de Israel están de acuerdo entre sí, que después de la retirada de las fuerzas armadas estadounidenses, que aparentemente concluirá en abril, Rusia será el jugador diplomático decisivo en el frente sirio. En la actualidad, no obstante, eso resulta en un problema determinante: Rusia juega un doble juego. Ante el trasfondo del masivo ataque israelí contra el aeropuerto de Damasco, uno de los ministros interinos de asuntos exteriores de Rusia, Sergey Vasilyevich Vershinin, dijo “que los ataques arbitrarios (israelíes) en región de soberanía siria tienen que terminar”. En la misma semana se podía escuchar tonos totalmente diferentes de Sergei Alexeyevich Ryabkov, también ministro interino de asuntos de exterior de Rusia. En una entrevista que él otorgó a la emisora noticiera norteamericana CNN, negó que Irán fuera un aliado de Rusia, y agregó: “Nosotros de modo alguno tomamos a la ligera el significado de los pasos, sea cuales fueren, que garanticen la seguridad de Israel”.

Da la impresión que Rusia estuviera maniobrando entre Irán e Israel. Recientemente, se llegó a saber que el presidente ruso Putin ha invitado al primer ministro de Israel a Moscú para dialogar. Una invitación de ese tipo también fue recibida por el presidente iraní Rohani, para tener lugar inmediatamente a continuación de la visita de Netanyahu. Putin, eso está claro, solo busca los intereses de Rusia. Parte de eso, es una reconstrucción ininterrumpida de Siria, ya que solo así Rusia puede beneficiarse de los recursos sirios a favor de la propia economía estancada. Israel, entretanto, ya está percibiendo tensiones entre Rusia e Irán, cuya presencia en Siria provoca ataques israelíes que en definitiva cuestionan la estabilidad del régimen sirio, y que además se encargan de que inversionistas extranjeros sigan manteniéndose lejos de dicho país. Ante este trasfondo, Israel presentó la idea de ofrecer a los rusos un trato que disfruta del apoyo de los EE.UU.: se reconocerá que Rusia juega un rol especial en Siria; sin embargo, como contrapartida, Rusia debería comprometerse a hacer que Irán se retire de Siria.

Esta opción, así pareciera, es considerada secretamente. Si es posible implementarla depende por un lado de Putin, pero, por el otro lado, deben apoyar también los norteamericanos. Además, para eso es necesario que Rusia realmente pueda provocar una retirada iraní. Los iraníes ya han demostrado que ellos se atienen con determinación a sus declaraciones.

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