El interés común de Moscú y Jerusalén en Siria

Zwi Lidar

Rusia es el gran victorioso en la lucha por Siria, y hace todo por limitar la influencia de Irán en este país. Esto también se corresponde con los intereses de Israel.

No solamente en Damasco y en Beirut se escucharon felices comentarios cuando la defensa antiaérea siria logró en febrero derribar un avión de combate F-16 israelí. También en Moscú hubo alegría. Para los medios bélicos de producción rusa fue una victoria que con un misil del anticuado sistema SAM-5 se alcanzara a un avión de combate israelí, que cuenta entre los modernos aviones de combate provistos por EE.UU. No disminuyó la alegría el hecho de que más adelante se supiera que el jet israelí tan solo fue alcanzado por un error del piloto: los dos soldados israelíes no habían activado a tiempo los sistemas de defensa, sino que decidieron continuar con su misión hasta terminarla. Se trata de una conquista significativa, y eso no solo para honor y ego, sino también en cuanto a aspectos militares.

Según informaciones reunidas por los servicios de inteligencia occidentales, Rusia ensaya en los campos de batalla de Siria los sistemas de armas de su propio desarrollo y producción. Desde que Rusia está involucrada militarmente con Siria, el país parece haber probado en combate alrededor de 200 sistemas de nuevas armas y otros medios bélicos. Hace algún tiempo, a los medios bélicos rusos presentes en Siria, se les añadieron cinco jets de combate del tipo Tarnkappen de producción rusa, que fueron avistados en el aeropuerto militar de Hmeimim. Estos jets del tipo SU-57, son avances tecnológicos de la industria bélica rusa, y hasta ahora no habían sido utilizados operativamente. Aún así, su presencia en Siria no ocurre para probar su capacidad operativa. En este caso, se trata más bien de una jugada estratégica para la ampliación de la presencia rusa en la región, para prevalecer militarmente.

Para Israel, esto representa un desarrollo complejo. Desde el punto de vista estrictamente militar, el estacionamiento de ese tipo de jets de combate, al igual que la presencia de otros modernos sistemas bélicos rusos, significa una restricción del campo de acción de Israel, que este país una y otra vez ha aprovechado para operaciones aéreas sobre territorio sirio. Esta restricción del campo de acción israelí tiene lugar nada menos que en un tiempo en el que el Irán y sus cómplices intentan establecerse en territorio nacional sirio. Pero si se parte de la base de que Moscú no puede ser definido como enemigo de Israel, y que tampoco Rusia considera a Israel como enemigo, a esta presencia de medios bélicos rusos en Siria también se le pueden encontrar aspectos positivos.

Putin trabaja ampliamente para nuevamente convertir a su país en un superpoder influyente. El esfuerzo ruso por el dominio en el Cercano Oriente es un componente de este proceso. Ante este trasfondo, Rusia desea otra vez tener el mando sobre Siria, tal como sucedió durante la Guerra Fría. Se desea disponer allí de bases militares, de cuarteles para el ejército, de bases para la fuerza aérea y puertos para la marina. En estos esfuerzos sobre suelo sirio, Rusia encuentra tan solo una piedra de tropiezo que se le interpone en el camino: Irán, que tampoco disimula su intención de establecerse lo mejor posible en Siria. En este contexto, Teherán ha pedido al soberano sirio Assad, que le dé acceso a bases aéreas y a puertos marítimos, para que allí se pueda establecer la presencia militar iraní. Iraníes y rusos, que estaban en buenas relaciones cuando se trató de fortalecer a su aliado Assad, ahora, sin embargo, se encuentran en conflicto, porque sus intereses ya no son los mismos. En esta lucha por la supremacía en Siria, Rusia está jugando sus mejores cartas: el país del norte ejerció una buena presión que hizo que Teherán desistiera de sus planes de tomar el puerto de la ciudad Tartus al norte de Siria, donde planificaba estacionar sus submarinos a propulsión nuclear. La competencia que se encendió entre Rusia e Irán se hace sentir también a nivel económico. El arreglo de los daños que dejó la guerra en el sector civil costará alrededor de 300 mil millones de dólares. Rusia e Irán, que invirtieron sumas enormemente grandes en la guerra, luchan ahora para poder realizar contratos lucrativos en el curso de la reconstrucción. Rusia ya ha presentado una declaración con su intención de querer ocuparse de la reconstrucción de los campos de extracción de petróleo y de la infraestructura de electricidad. Esto pone a los rusos a la delantera, ya que los iraníes tan solo disponen de la promesa de poder reconstruir la red de telefonía móvil.

Poco más de un año atrás, en un momento en que Putin se mostró muy abierto, expresó durante una conversación con un interlocutor israelí que él se deja guiar exclusivamente por intereses rusos, tal como él interpreta esos intereses. Actualmente, estos consisten en ponerle los mayores límites posibles a la influencia de Irán en Siria. En este sentido surge una compatibilidad entre los intereses rusos y los israelíes. Para Israel esto significa aprovechar una oportunidad favorable.

ContáctenosQuienes somosPrivacidad y seguridad