¿Dónde se encontraban Sodoma y Gomorra?

Fredi Winkler

Esta pregunta siempre ha sido objeto de debates acalorados. En general se consideraba que las ciudades de Sodoma y Gomorra se hayan situado en el extremo sur del Mar Muerto. Esta teoría es muy antigua, y se remonta por lo menos al tiempo bizantino. Fue así que, en un valle lateral en el extremo sur del Mar muerto, los arqueólogos despejaron una capilla con un piso de mosaico del tiempo bizantino. Esta fue levantada allí por bizantinos cristianos aproximadamente en el siglo V en memoria de Zoar, el sitio al cual huyeron Lot y sus hijas. Esto demuestra, que la teoría según la cual Sodoma y las otras ciudades se encontraban en el extremo sur del Mar Muerto, es una teoría muy antigua.

En aquella región se pueden hallar otros cuatro sitios arqueológicos, de los cuales se cree que eran Sodoma, Gomorra, Adama y Zeboim. Esta teoría era generalmente aceptada entre los arqueólogos, a pesar de faltar pruebas contundentes. Pero, ¿qué dice la Biblia sobre eso? ¿Apoya esa teoría?

Steven Collins, un arqueólogo estadounidense, también estaba convencido de que Sodoma y los otros sitios se encuentran en las ubicaciones arqueológicas en el extremo sur del Mar Muerto. Pero cuando él estudió más a fondo los textos bíblicos relevantes, le llamó la atención que la Biblia dice algo diferente.

En Génesis 13:3, leemos que Lot y Abraham, cuando se separaron uno del otro, se encontraban entre Bet-el y Hai. Desde ese sitio se puede mirar hacia abajo al valle del Jordán, y con eso queda comprensible lo que está escrito en el versículo 10:

«Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.»

Los versículos 11 al 13 describen la decisión de Lot de mudarse allí. En el texto hebreo, sin embargo, no dice «llanura» o «valle del Jordán», sino que tiene un nombre muy específico, que es «Kikar Ha-Jarden», lo que significa algo así como «entorno del Jordán».

Esta expresión nos es reproducida de esa manera en la mayoría de las traducciones de la Biblia, porque parece que no es realmente comprendida. Si eso se refiriera al Valle del Jordán en general, la región en la que se encontraba Sodoma habría sido una muy grande. Pero el término específico «Kikar Ha-Jarden» solamente corresponde a un lugar del valle del Jordán, y es la región que Lot miraba cuando estaba entre Bet-el y Hai. Antes de que el Jordán fluya en el Mar Muerto, el valle del Jordán se convierte en una gran superficie ancha y redonda.

Esto llevó a Steven Collins a comenzar investigaciones en la llanura al norte del Mar Muerto. Comenzando a investigar la literatura arqueológica sobre la región, se encontró con un libro sobre los sitios arqueológicos en la región correspondiente al lado este del valle del Jordán, es decir en la actual Jordania.

Después de pasar revista a la región relevante, resultó ser el más probable un sitio en ruinas conocido con el nombre «Tel-El-Chamam». Este es más grande que la mayoría de los lugares arqueológicos conocidos; y como dice la Biblia, Sodoma era una ciudad grande con muro y puerta de ciudad.

2005: Comienzo de los trabajos de excavación
Para Steven Collins comenzó una misión casi imposible, que era convencer a la institución de los arqueólogos de su idea realmente «loca». Él asumió un riesgo personal muy grande, ya que no solamente invirtió su credibilidad en el proyecto, sino también todos sus ahorros.

Las excavaciones pronto sacaron a la luz los cimientos de una ciudad grande. Era necesario registrar cartográficamente todo lo expuesto en las excavaciones. Pero, ¿dónde hallar un experto para un proyecto de ese tipo? Para Steven Collins había un solo hombre que era capaz, o más bien predestinado, y era Leen Ritmeyer, quien había vivido veinte años en Jerusalén y había escrito su tesis de doctorado sobre el Monte del Templo. Todos los dibujos conocidos del templo vienen de él y de su esposa. ¿Pero cómo convencer a este hombre de su idea loca? Necesitó de toda su capacidad de convencimiento para llevar a Leen Ritmeyer a por lo menos visitar una vez las excavaciones.

Cuando Leen Ritmeyer finalmente visitó el lugar de excavación, se quedó fascinado del tamaño de la ciudad y de los fundamentos masivos del muro de ella. Se convenció de que Collins estaba en algo importante. Al seguir las excavaciones del muro de la ciudad, los investigadores se encontraron con dos torres masivas, que se extendían 16 metros más allá del muro. Eso no podían ser torres de fortificación comunes dentro del muro, sino que era algo mucho más grande. Resultó ser que habían encontrado los fundamentos de una puerta de ciudad monumental. La Biblia menciona expresamente la puerta de ciudad de Sodoma (Gn. 19:1). Este hallazgo, sin embargo, no demostraba todavía que la ciudad que estaban excavando realmente se trataba de Sodoma.

Fuego y azufre del cielo
Como dice Génesis 19:24, Sodoma y Gomorra no fueron destruidos por un terremoto, sino por fuego y azufre que cayeron del cielo. En ninguna parte de los alrededores existen restos de antiguos volcanes. Las excavaciones arqueológicas, sin embargo, mostraron claramente que la ciudad fue destruida por fuego, porque sobre todo el sitio de excavación había una capa de incendio y ceniza. Además, se encontraron esqueletos de personas en posiciones contorsionadas. Eso habla de que la gente fue totalmente tomada de sorpresa, pero que aún así intentaron huir, pero que luego fueron tapados por muros que se derrumbaban. Los arqueólogos se encontraban ante un enigma.

Cuando Steven Collins estaba de vuelta en los EE. UU., casualmente miró un programa científico sobre asteroides y cometas. Cuando estos golpean la Tierra, el impacto causa un cráter. No obstante, en el caso de la ciudad excavada, no se podía encontrar un cráter de ese tipo. De modo que en el caso de Sodoma debía ser algo diferente.

El programa seguía mencionando la posibilidad que un asteroide o cometa, antes de impactar la Tierra, de antemano puede explotar en el aire a causa del gran calor causado al entrar en la atmósfera terrestre. En un caso así se habla de una explosión de aire.

En 1908, sucedió una explosión de ese tipo cerca de Tunguska, Siberia. Durante esta surgieron un rayo de plasma y una onda explosiva que destruyeron todo lo que había en su camino. Un bosque entero en una circunferencia de muchos kilómetros fue derribado, chamuscado y quemado, como si los árboles no fueran más que fósforos. Collins se decía que en el caso de Sodoma podría haber sucedido eso. No obstante, tenía que demostrarlo.

La prueba para la teoría del asteroide
Nuevamente en el sitio de excavaciones en el Valle del Jordán, Collins comenzó a buscar indicios para la teoría de la explosión de aire. Le llamaron la atención fragmentos de cerámica que estaban glaseados, aunque solo de un lado. La fabricación de vidrio, sin embargo, recién fue inventada en el tiempo romano. Él envió fragmentos glaseados de ese tipo a un laboratorio en los EE. UU. para hacerlos analizar. La respuesta fue que se trataba del mineral trinitita.

Este mineral fue hallado por primera vez después de la primera prueba nuclear en Nuevo México en el año 1945, después de la explosión nuclear. Este mineral surge cuando la sílice en la arena acrósica se funde a causa de un enorme calor de más de 4000 grados de corta duración. Justamente eso es lo que sucede en el caso de una explosión de aire de un asteroide. Por un corto tiempo se produce un calor enorme.

El hecho que los fragmentos de cerámica solamente mostraban de un lado algo así como un glaseado, era prueba de que Sodoma y todo el entorno fueron chamuscados y destruidos por la explosión de aire de un asteroide.

Una humareda como de un horno de fundición
Durante la explosión de una bomba atómica, sube un hongo nuclear de muchos kilómetros de altura. Algo similar o aún más grande, sucede en una explosión de aire por un asteroide.

Génesis 19:27-28 narra que Abraham salió temprano en la mañana para mirar en dirección a Sodoma, y entonces dice: «Y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno.»

Abraham en aquel tiempo vivía en las cercanías de Hebrón (Gn. 13:18). De allí hasta el lugar donde se encontraba Sodoma en el valle del Jordán, la distancia es de alrededor de cien kilómetros en línea aérea. A pesar de esa gran distancia, Abraham podía ver cómo subía una gran nube de humo.

Steven Collins logró despejar la gran incógnita relacionada con Sodoma y Gomorra por estudiar el texto bíblico palabra por palabra y tomarlo en serio. De este modo, logró hallar las ruinas de Sodoma y excavarlas. Y al atenerse a las declaraciones bíblicas relevantes, también pudo proporcionar pruebas, de que en el caso de las ruinas, de hecho se trataba de la ciudad de Sodoma mencionada en la Biblia.

Pero para hacerlo, tuvo que renunciar a la teoría preciada por él, pero también por muchos otros, de que Sodoma y Gomorra se habrían encontrado en el extremo sur del Mar Muerto. Luego tuvo que convencer a la institución de los arqueólogos de su descubrimiento revolucionario, tarea que no fue nada fácil.

Pero lo que una y otra vez le dio un impulso nuevo a seguir, fue la convicción de que realmente es cierto lo que narra la Biblia, y eso lo quería demostrar a toda costa.

Lo fascinante del asunto es, además, que Dios tiene bajo control sucesos aparentemente incontrolables, como el impacto de un cometa o asteroide, y que Él puede utilizar su poder destructor en el momento y el lugar donde Él así lo desea.

Si uno visita Jordania, es posible visitar y mirar las excavaciones.

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